Lo que nos dice el Señor hoy (Tiempo Ordinario)

Tema en 'Comisión General' comenzado por Carita, 10 de Mayo de 2015.

  1. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Miércoles 2 de octubre. Miércoles de la XXVI semana del Tiempo Ordinario.


    Queridos hermanos:

    Hoy celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios.

    En este día la liturgia nos propone tres textos vinculados entre sí con el motivo de los ángeles. Puede verse al respecto la reflexión que hacíamos el miércoles día 29.

    La primera lectura está tomada del libro del Éxodo. Son unas palabras que el Señor dirige a su pueblo como promesa de que no sucumbirá ante sus enemigos. Estas palabras se encuentran en el libro junto con gran cantidad de prescripciones, y su función es la de unir el cumplimiento de los mandamientos a la certeza de la conquista de la tierra prometida.

    Los creyentes del siglo XXI deberíamos tener ya superada esta lógica a partir de nuestra experiencia de la misericordia divina. Tal vez, la clave para la interpretación de las lecturas de este día, se encuentre siguiendo el orden inverso. Veamos:

    Evangelio y Salmo Responsorial: El más importante en el Reino de los cielos es, para San Mateo, el que se haga como un niño (recordemos que los niños son un grupo de personas despreciado en tiempos antiguos en Israel). Muy parecida es la convicción del salmista que se sabe al amparo del Altísmo.

    Primera lectura: la obediencia al ángel (y a los mandamientos que se encuentran en torno a estos versículos en el libro del Éxodo) hará posible el triunfo sobre los enemigos.

    Nuestras vidas están en manos de Dios. La tarea será reconocerlo como nuestro Señor y guía


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  2. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Jueves 3 de octubre. Jueves de la XXVI semana del Tiempo Ordinario.

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-12):

    En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
    Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios." Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios." Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

    Palabra del Señor


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  3. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Jueves 3 de octubre. Jueves de la XXVI semana del Tiempo Ordinario.

    Queridos hermanos:

    “¡¡¡En marcha!!!”. Así traduce la Biblia que tengo delante las palabras con que Jesús incita a los suyos para que se dispersen en misión. Las palabras de Jesús discurren entre las dificultades (“Como corderos en medio de lobos”) y la esperanza (“El Reino de Dios está llegando”).

    El estilo misionero de Jesús tiene sus luces, que nada tienen que ver con las fuerzas mundanas. Primero, la pobreza: “No llevéis bolsa ni alforjas”. Luego viene el compartir: unos llevan el mensaje, otros ofrecen morada y pan. Y el mensaje es la paz; la paz que evoca todos los bienes, desde la bondad de Dios hasta la justicia entre los hombres. No podía faltar lo que Jesús hizo toda su vida: curar, sanar, consolar.

    Al enviado siempre le persigue el riesgo del rechazo a su persona y a su mensaje. Qué le vamos a hacer. Somos enviados por él. Él sabrá, y en sus manos nos ponemos. Y nos quedamos pacificados.

    Este es nuestro destino. Jesús nos llama, el Espíritu nos unge y el Padre nos quiere. Somos misioneros. El Señor quiere hacer a través de nosotros. Entonces tenía a los setenta y dos discípulos; a lo largo de la historia y hoy tiene a muchos que quieren responder a su llamada.

    El Reino ya está entre nosotros. Nosotros no lo hacemos, lo anunciamos y trabajamos en su construcción. Esta seguridad de la presencia del Reino nos colma de esperanza y de entusiasmo, a pesar de tantas señales del antirreino.

    Y nos gozamos en nuestro anuncio: “Decid primero Paz a esta casa”. En un mundo de rencores, de violencia, de desamor, los cristianos ponemos paz, reconciliación, perdón. Nada menos.




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  4. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Viernes 4 de octubre. Viernes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario.

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,13-16):

    En aquel tiempo, dijo Jesús: «¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafárnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»

    Palabra del Señor


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  5. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Viernes 4 de octubre. Viernes de la XXVI semana del Tiempo Ordinario.

    Reflexión sobre la Palabra publicada en la web Ciudad Redonda.

    Queridos hermanos:

    El calendario litúrgico ha querido hacernos coincidir en esta semana varios pasajes evangélicos centrados en la pequeñez de un niño como modelo de vida cristiana; y a la vez, ha querido mostrarnos testigos diversos (muy distintos!) que entre otras cosas, tienen en común su pasión misionera por extender el Evangelio y su convencimiento interior por vivir sencilla y humildemente. Teresa de Liseaux, Francisco de Borja y, hoy, Francisco de Asís. Sin duda, el más universal y representativo signo de la pobreza y la sencillez, no solo para los creyentes sino para todo el mundo. Francisco fue más que pequeño: ¡quiso ser menor!, siempre menos que…

    Cuentan de Francisco, que allá por el año 1208, recién terminada la reparación de la iglesia de San Damián, solía vestir con túnica, sandalias, cinturón de cuero y bastón; usaba alforja y recibía limosnas, hasta que un día, en misa, oyó el pasaje evangélico de hoy y exclamó: "Eso es lo que buscaba, y lo que quiero practicar con todo mi corazón", y se desnudó de nuevo. En adelante no quiso tener nada más.

    De vez en cuando la Historia nos regala personas que hacen realidad lo que muchos soñamos o teorizamos. Francisco vivió la pobreza y sencillez del Evangelio de una manera tan real, que parece no imitable. Quizá es don particular de Dios a Francisco y en él, a la Iglesia y al mundo. Pero a nosotros, al menos, sí puede Dios ayudarnos alimentando nuestro deseo, nuestra fe y nuestra esperanza de vivir en semejante desnudez (más allá de los bienes materiales). ¡Poneos en camino!, dice Jesús en el Evangelio de hoy; quizá esa se la clave. ¡No estéis quietos!, sois enviados, id desnudos, sin historias ni complicaciones ni ambiciones extrañas… sin nada. Porque una tentación es que, al ver que no somos Francisco y que no dejamos la alforja ni las sandalias…, dejemos de preguntarnos cada día por nuestra particular desnudez, pobreza, sencillez, disponibilidad evangélica. En medio del mundo, como corderos en medio de lobos, y aún así, desnudos, sin nada. Siempre menores y diciendo con la vida: qué cerca está el reino de Dios!


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  6. Benedetto

    Benedetto Forero jartible

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    Sábado XXVI en Tiempo Ordinario
    Santo Evangelio
    Dijo Jesús a sus discípulos: <<Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!>>.

    Deuteronomio 8, 7 – 18
    Salmo: 1Crónicas 29, 10 – 12
    2Corintios 5, 17 – 21
    Mateo 7, 711
     
  7. Benedetto

    Benedetto Forero jartible

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    Sábado XXVI en Tiempo ordinario
    Reflexión del Evangelio
    SEÑOR, dedicar un día expresamente a la oración, en la doble vertiente de pedirte con fe lo que creemos necesitar, y darte gracias, es una excelente ocasión de seguir tu ejemplo y tu consejo. Cuando te pedimos algo, mostramos nuestra pobreza y creemos en tu poder y en tu amor: te exponemos nuestra necesidad y esperamos ser escuchados por tu bondad. No todo debe acabar aquí: cuando nos concedes lo que te pedimos, es de bien nacidos tener la actitud de agradecértelo, algo que lamentablemente olvidamos, como los nueve leprosos curados. Y una manera de agradecer tu generosidad es anunciar al mundo de hoy que tenemos un Padre que nos envió a su Hijo para salvarnos.
     
  8. Benedetto

    Benedetto Forero jartible

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    Domingo XXVII en Tiempo Ordinario
    Primera Lectura
    <<¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia! sin que me salves? ¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones? ¿Por qué me haces ver destrucción y violencia y surgen disputas y se alzan contiendas?>>. Me respondió el Señor: <<Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido; pues la visión tiene un plazo, pero llegará a su termino sin defraudar. Si se retrasa, espera en ella, pues llegará y no tardará. Mira, el altanero no triunfará, pero el justo por su fe vivirá>>.

    Habacuc (Los Profetas Menores son doce y Habacuc es el octavo. Aquí se presenta una faceta completamente nueva: Habacuc dialoga con Dios y le pide cuentas de porqué permite las desgracias en el mundo. El profeta no da solución a la pregunta, solamente atestigua que Dios prepara, por caminos torcidos, el triunfo de su justicia en el mundo. Y este es el mensaje del profeta valido para todos los tiempos: expone su doctrina sobre la fe: en esa fidelidad en Cristo es como el justo vivirá por muchas tribulaciones que se padezca en este mundo. Todo del Antiguo Testamento) 1, 2 – 3; 2, 2 – 4
     
  9. Benedetto

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    Domingo XXVII en Tiempo Ordinario
    Segunda Lectura
    Querido hermano: te recuerdo que reavives el Don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios. Ten por modelo las palabras sanas que has oído de mí en la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

    2Timoteo (En la segunda carta a Timoteo, Pablo presagia su muerte y instruye a su fiel discípulo acerca de cómo debe prepararse a desempeñar fielmente su misión y de cómo debe de actuar con energía a quienes siguen el error y se apartan de la fe recibida. Todo del Nuevo Testamento) 1, 6 – 8. 13 – 14
     
  10. Benedetto

    Benedetto Forero jartible

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    Domingo XXVII en Tiempo Ordinario
    Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón
    Santo Evangelio
    Los apóstoles le dijeron al Señor: <<Auméntanos la fe>>. El Señor dijo: <<Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa?” ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú” ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”>>.

    Lucas 17, 510
     
  11. Benedetto

    Benedetto Forero jartible

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    Domingo XXVII en Tiempo Ordinario
    Reflexión del Evangelio
    SEÑOR, efectivamente soy un pobre siervo cuando hago lo que debo, y un mal siervo cuando no lo hago. Ayúdame: que vea la vida con tus ojos y siga tus pasos haciendo el bien a los que necesitan que les eche una mano. Si mi fe fuera como un granito de mostaza … Pero ni a eso llega. Por eso, hoy te pido con los apóstoles: ¡Auméntame la fe! Así podré ser testigo de tu Evangelio ante quienes no te conocen.
     
  12. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Lunes 7 de octubre. Lunes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.


    Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

    En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
    Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
    Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
    Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
    Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
    Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
    Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
    Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

    Palabra del Señor


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  13. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Reflexión sobre la Palabra publicada en la web Ciudad Redonda.

    Queridos hermanos:

    No eran buenas las intenciones de aquel Maestro de la Ley que se acercó a Jesús para plantearle su pregunta. Pero no por eso deja de ser una pregunta fundamental para hacernos, mejor: hacerle al Señor con cierta frecuencia en nuestra vida. Quizá hoy casi nadie la formularía como aquel jurista: «¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Parece que hoy para muchos lo de la vida eterna no es una gran preocupación; bastante tienen con ocuparse del «cada día». Pero formulada quizás de otra manera... sí que sea una pregunta muy presente en el corazón de muchos, aún más cuando esta fuerte crisis está haciendo tambalear muchas de las seguridades que antes nos sostenían. Tal vez así: «¿cómo saber si mi vida merece la pena?», o bien «¿qué me hace falta para sentirme satisfecho con lo que estoy haciendo con mi vida?».

    Es muy probable que nuestra vida esté llena de ocupaciones, obligaciones, compromisos, actividades, personas... Tanto, que no pocas veces nos vemos desbordados, o acelerados, o... con la sensación de que no vivimos nosotros nuestra propia vida. Y sin tiempo para «sentirnos» por dentro, para hacernos preguntas importantes. Es a veces la propia vida la que nos obliga, con sus «descoloques»: perder el trabajo, la salud, un fracaso amoroso, la quiebra de la amistad, un traslado...

    En todo caso, la pregunta es importante. Y más aún hacérnosla sinceramente delante del Señor (hacérsela a él): Seguramente seamos personas correctas, buenas gente, que llevemos un vida honrada, que vivamos con cierta exigencia nuestra fe... Pero el Señor, seguramente, espere de nosotros «un poco más». Ese poco más tiene que ver con la segunda pregunta del maestro de la Ley: ¿quién es mi prójimo? ¿qué tengo que hacer con mi prójimo?

    Algunas claves, desde la parábola, que nos pueden ayudar:

    Alguien que se cruza en nuestro camino, y a quien no prestamos atención, porque andamos en nuestras cosas.
    Alguien que nos puede complicar la vida: el tiempo, el bolsillo, la atención...
    Alguien a quien muchos otros no hacen caso, que no nos resulta interesante, o incluso es molesto...
    Claro que con estas claves (y otras que podríamos añadir) se pueden multiplicar los «prójimos» hasta el infinito. Pero el «prójimo» es «uno que está cerca». No es asunto de números. Es «uno». Pero sobre todo es una «actitud». Creo que uno de los signos de los tiempos hoy es el gran número de personas que andan «heridas» esperando que alguien «se haga cargo» de ellas, alguien que preste atención a sus heridas, que se interese por lo que les pasa. En definitiva: actuar como Jesús. Pues anda, ve y haz tú lo mismo... para que tu vida merezca la pena... para ellos... y para Jesús.


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  14. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Martes 8 de octubre. Martes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.


    Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10,38-42):

    En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
    Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
    Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»

    Palabra del Señor


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  15. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Martes 8 de octubre. Martes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.

    Reflexión sobre la Palabra publicada en la web Ciudad Redonda.

    Queridos hermanos:

    Algo le pasa a Marta. Tiene tanto que hacer (¿ella sola, o entre las dos?). Son mil detalles para que todo esté bien, para recibir al huésped como debe ser. Pero algo le pasa, algo está mal. Mientras «hace cosas», se siente en tensión, absorbida, inquieta, nerviosa (todo eso significa el verbo que usa Lucas)... Se siente «sola» con la tarea, con sus obligaciones.

    Y «explota», lo paga con su hermana: un reproche. Ya podía echar una manita. A ver por qué tengo que hacerlo todo yo, si es cosa de las dos. Pero no se lo dice directamente a ella, de buenas maneras, sino que le pide a Jesús: Dile que me ayude. Está creando una situación aún más violenta. Incluso el nerviosismo interior la lleva a soltar un cierto reproche a su huésped: «¿es que no te importa»?... Ella estaba haciendo lo que le habían enseñado, lo que era normal cuando llegaba un visitante, estaba cumpliendo con su obligación... Pero los efectos de todo ese trajín no son nada buenos.

    Importante mirar esos síntomas en uno mismo. A ver si andamos con «martitis aguda». En nuestras relaciones con el Maestro... y con los hermanos. En nuestras comunidades y grupos parroquiales el trabajo se multiplica, vamos siendo menos, más mayores, la gente anda muy ocupada... y algunos se sobrecargan (quizá mientras otros andan bastante desocupados, o eso nos parece). Y nos liamos a hacer cosas, casi sin dar a basto, y lo primero que descuidamos es nuestra paz interior, tan volcados hacia fuera, que se nos vacía el corazón. Puede que todo nos salga y nos quede impecable... pero seguramente sin «calor». Nos lo han enseñado así: la fe madura y comprometida se mide por las actividades, responsabilidades, reuniones y grupos en los que andamos metidos... aunque nos quedemos sin tiempo para nosotros mismos (y para estar a los pies del Maestro frecuentemente). Por ejemplo: hay que preparar una celebración... pues a ver los cantos, las hojas, el altar, lo que hay que decir en la homilía, las moniciones, quién lee, los objetos litúrgicos, las ofrendas, los símbolos, los, las, el... Pero ¿el «encuentro con el Señor» (que es de lo que se trata, ¿no?) para ver qué tiene que decirnos, para haberle escuchado antes, para dejarnos tocar por él...? O al preparar la catequesis o reunión de la comunidad... ¿hay tiempo tranquilo para escuchar al Señor ANTES de hacer todas las demás cosas? Podemos estar haciendo mil cosas «en el nombre del Señor»,o «por el Señor», o «al Servicio del Pueblo de Dios»... sin contar con Dios, sin escucharle antes.

    Fuera del ámbito religioso, también nos ocurre algo similar. Preparamos cosas (una comida, un viaje, una fiesta, un regalo...), hacemos muchas cosas por los demás (que se lo pregunten a cualquier padre/madre de familia, o párroco o Superior, o Voluntario, o...)... pero quizá nos falte frecuentemente «escucharles» con calma, prestarles atención, dejarnos afectar por sus cosas...

    Es fácil descubrir en uno mismo los síntomas de esta «martitis aguda». Menos mal que el remedio es relativamente sencillo: reposar a los pies del Señor, y escuchar su Palabra. Pararnos con alma junto al hermano/a, y escucharle. Sin duda es lo mejor que debemos hacer. «La mejor parte». Que no nos la quitemos nosotros mismos.





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    Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):

    Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
    Él les dijo: «Cuando oréis decid: "Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación."»

    Palabra del Señor


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  17. mortadeelo

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    Miércoles 9 de octubre. Miércoles de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.


    Queridos hermanos:

    La lectura de este Evangelio me ha hecho pensar en el esfuerzo continuado,y a menudo infructuoso de tantos como trabajamos en el mundo de la pastoral (jóveneso no jóvenes) por invitar a que la oración sea una constante en la vida cotidiana, con todo tipo de «argumentos». Parece que no es tan difícil «convencer»para que asuman compromisos de todo tipo en la vida cristiana comunitaria, o en actividades catequéticas o de voluntariado. Pero lo de orar... E incluso la propia experiencia personal: tengo que reconocer que «fácilmente» dejamos el tiempo de encuentro con Dios Padre... por mil razones («justificadas», o no).

    Recordaba esta «curiosa» oración de Louis Evely:

    Señor: me aburro soberanamente en la oración.

    Te aseguro que no voy a estar contigo mucho tiempo; si tú no me echas una mano y me detienes, me marcharé dentro de dos minutos; Ya estoy aburrido y se me han ocurrido un montón de cosas que hacer. Haz que me quede, retenme un poco más, enséñame a orar.

    Jesús ha estado orando en un lugar recogido, pero «a la vista» de sus discípulos. Y les han entrado «ganas» de que Jesús les enseñe a orar. Es curioso. No parece que Jesús tomara la iniciativa de enseñarles, como hacían casi todos los profetas y maestros espirituales («como Juan enseñó a sus discípulos»). Ni nos consta que hiciera cosas especiales o llamativas en sus momentos de oración. Pero algo llama la atención de los suyos, que le piden que «comparta su oración», que les enseñe «su» oración.

    Por una parte es el propio testimonio orante. Seguramente que pocas veces nos «ven» orar las personas con las que compartimos la fe y la catequesis. Tal vez nos puedan haber visto «rezar» la Liturgia de las Horas, o participar en distintas celebraciones «litúrgicas» como la Eucaristía y otras... Pero parece no ser suficiente. Han cambiado los tiempos y las costumbres: en tiempos de Jesús a la gente les gustaba que «les vieran» orar por calles, plazas, sinagogas y Templo. Ya no es así. En todo caso, lo que no es tan habitual es que «compartamos» nuestra experiencia personal, íntima, «libre» de diálogo con el Padre, el Hijo y el Espíritu. Tengo que reconocer que buena parte de mi experiencia orante no me ha venido tanto de «lecturas» (que también), cuanto por la oración compartida de compañeros y formadores.

    Por otra parte: los apóstoles comprueban que Jesús tiene continuamente presente al Padre, que es su «centro» y continua referencia. Que habla de él y actúa en su nombre (como él y de su parte), y que la palabra más significativa para él es que se siente «hijo amado» del Abbá. Deducen que su oración no será tanto a base de «rezos» (aunque es claro que los Salmos y el resto de la Escritura forman parte de su oración), cuanto una «relación» que se fortalece en esos momentos. Jesús NECESITA escuchar al Padre y leer la presencia del Padre (sus huellas, su trabajo continuo como Creador y Salvador en favor de los hombres) en las cosas de su vida cotidiana (el Reino que ya está presente en medio de nosotros), ser consciente de sus tentaciones, encontrar en él la fuerza en los momentos de desconcierto y desánimo, empaparse de esa misericordia que le permite perdonar, acoger y sanar... Discernir continuamente su voluntad, para que no se haga mi voluntad, sino la tuya...

    Jesús compartirá con ellos su experiencia orante, su intimidad con el Padre, recogiéndola en una plegaria: el Padrenuestro. No es, por tanto, un rezo más, o un rezo «especial», sino el resumen condensado de los «contenidos» y vivencias de sus tiempos de oración.

    Descubre uno que tiene mucho que «aprender» y cambiar en esto de la oración... para poder contagiar las ganas, o motivar a otros. Se da uno cuenta, de nuevo, que no sé orar como conviene (Rm 8, 26). Por eso, creo que no debiera faltarnos nunca la invocación del Espíritu de Jesús para que venga en ayuda de nuestra debilidad, e interceda por nosotros. Que antes de cualquier oración (y del Padrenuestro en particular, para no rezarlo como un estribillo medio inconsciente), repitamos con deseo sincero lo de los discípulos: Señor, enséñanos a orar. Nunca lo habremos aprendido del todo. Y el Señor nos invitará a profundizar con calma y esperanza en el «Padrenuestro», para que nos sintamos un poco más cada día «hijos amados» y necesitados de él.


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  18. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Jueves 10 de octubre. Jueves de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.

    Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,5-13


    En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle." Y, desde dentro, el otro le responde: "No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos." Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»
     
  19. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Reflexión de la Palabra publicada en la web dominicos.org.
    A los que honran mi nombre les iluminará un sol de justicia
    En el libro del profeta Malaquías refleja a un pueblo desconcertado. No le encuentran sentido a “creer en Dios”, ni a guardar sus mandamientos. Se comparan con los incrédulos porque los ven dichosos a pesar de que tientan a Dios y quedan impunes. Parece que les va mejor a los que hacen el mal que a los que hacen el bien.

    El relato continúa diciendo que los hombres religiosos dialogaron entre sí. “El Señor atendió y los escuchó”.

    Parecen momentos de desierto, porque la aridez de la existencia pone en tela de juicio la fortaleza de nuestra fe, y las dudas nos abruman. Todo cuanto nos sucede es pasado por el tamiz de la incredulidad. Y eso, nos conduce a la desesperación frente a Dios.

    Le exigimos a Dios que nos resuelva la vida, le interrogamos por cuanto nos acontece con tinte de sufrimiento, y le culpabilizamos porque no vimos su protección, ni sentimos su presencia en los acontecimientos de nuestra vida.

    Pero como resuelve el profeta Malaquías, Dios nos hace ver que escribe un relato de fe y compasión con nuestras vidas. No escribe un momento, sino un relato, es decir: toda una vida. El camino de la fe no hay que verlo con un solo acontecimiento, sino incorporando la vida entera y comprendiéndola con los ojos misericordiosos de Dios. Si Dios atiende y escucha no lo hace como los médicos que tienen el tiempo limitado por el sistema de salud, y luego te dan química para que te cures. La escucha de Dios es infinita, a veces imperceptible, pero es sobre todo atenta. Y es entonces, cuando somos capaces de dialogar entre unos y otros reconociendo su presencia, que el relato Dios lo pronuncia con nuestra vida, y la proclama dichosa por siempre.

    ¿Tiene sentido creer en Dios? ¿Tiene sentido guardar sus preceptos? Con Jesucristo aprendimos el lenguaje del Amor, de la misericordia y la compasión que nos viene con su presencia cuando instauró el Reino de Dios entre nosotros. Así lo anuncia Malaquías en este texto cuando dice de parte de Dios “Me compadeceré de ellos como un padre se compadece del hijo que le sirve”. Jesucristo es el relato de misericordia y compasión de Dios que nos trae la dicha de parte de Dios. Es un Dios que desborda en una esperanza cumplida en la obediencia de un Hijo.

    Sí, tiene sentido creer en Dios, si somos capaces de vivir cada acontecimiento con la resilencia necesaria para superar cada tramo del camino que suponga un protagonismo de superación de las dificultades y del sufrimiento.

    Sí, tiene sentido si no nos evadimos en la incredulidad culpabilizadora porque Dios no nos ha resuelto la vida.

    Sí, tiene sentido si somos capaces de sentarnos en un diálogo personal, y compartido con los hombres religiosos reconociendo la presencia de Dios.

    Tiene sentido si leemos en clave divina todo cuanto nos sucede, porque Dios ha proclamado un relato de salvación con nuestras vidas.

    La insistencia de un amigo
    Lucas nos hace caer en la cuenta de cómo y cuándo las puertas de nuestra fe están abiertas para Dios. También de la bondad o la maldad de nuestras acciones.

    A veces, y así lo demostramos con la gente, nos mostramos con una actitud sospechosamente egoísta cuando alguien llama a nuestra puerta y nos presenta su necesidad.

    Pretendemos no dejarnos embaucar, ponemos una armadura a nuestros sentimientos, y mostramos una actitud semejante a la de Caín que no se responsabiliza de su hermano Abel.

    ¿Cuándo abrimos nuestras puertas a la fe? ¿Cuándo somos nosotros los necesitados? ¿Por la impaciencia que nos provoca la insistencia de un hermano?

    La enseñanza de Jesús a sus discípulos de ayer y hoy es: ¿qué vas a dar una piedra o un pan?

    Es una pregunta que ha de resonar en nuestro vivir diario. En la medida que camino siguiendo a Jesucristo, ¿Cómo es mi respuesta a la llamada de Dios y a la llamada de un hermano?

    En comparación la bondad de Dios desborda siempre cualquier respuesta humana. Dios desborda en el amor, en la delicadeza, en la escucha en la generosidad. Por eso, otorgará el Espíritu Santo a los que se lo piden. Y esta última consideración es importante. No veremos, ni contemplaremos la presencia de Dios actuando en nuestra vida, si no abrimos las puertas de nuestro interior, si no se lo pedimos.

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    Fr. Alexis González de León O.P.
    Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
     
  20. mortadeelo

    mortadeelo Nazareno del décimo quinto tramo

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    Viernes 11 de octubre. Viernes de la XXVII semana del Tiempo Ordinario.

    Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,15-26):

    En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron:«Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
    Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
    Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: "Volveré a la casa de donde salí." Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

    Palabra del Señor


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