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De bolardos, furgonetas y macetones

La Seguridad de la ciudad ante un atentado terrorista a debate, ¿Que puede influir en la Semana Santa?

Después de varios años rozando el alambre, lamentablemente la pasada semana volvimos a sufrir un ataque terrorista en nuestro país, en las emblemáticas Ramblas de Barcelona. Desde aquel infausto 11 de Marzo de 2004, no nos sacudía una masacre de tanta magnitud.

Este suceso ha reavivado en la ciudad la psicosis que desde hace bastantes años se padece en torno a la posibilidad que se produjera un hipotético atentado en alguna de sus fiestas o eventos más populares. Los incidentes ocurridos la pasada Madrugá no son especialmente tranquilizadores a ese respecto.

Partiendo de la premisa de considerar la posibilidad y el riesgo casi nulo en nuestra ciudad, evidentemente es necesario diseñar una medidas preventivas ante una eventual situación como la ocurrida hace escasos días. Ya se están colocando maceteros en puntos emblemáticos de la ciudad, y se sugiere la implantación de bolardos en diversas zonas peatonales.

La pasada Semana Santa de 2017 ya se pudo comprobar un amplísimo despliegue policial, donde se utilizaron furgonetas de la Policia Nacional como “elementos de barrera” en avenidas amplias donde discurrían procesiones, como Luis Montoto, Eduardo Dato, la Ronda, o el Paseo Colón. En otras ciudades españolas también se instalaron maceteros o bolardos para ello.

 

  Sin embargo es necesario recordar que los planes de seguridad del Cecop insisten en la eliminación de todo tipo de obstáculos que puedan resultar lesivos de cara a una posible evacuación. Los elementos que en principio protegen en otras circunstancias han sido catalogados de peligrosos ante grandes aglomeraciones ¿Cómo se podrán equilibrar estas medidas?

De cara a 2018 configuramos un panorama realmente paradójico, donde a la vez que se solicita la inclusión de barreras ante posibles atentados como los de Barcelona, en años anteriores se apostó por la supresión de cualquier elemento que pueda impedir una huida rápida. A la vez, el centro se presenta cada vez más invadido en vallas metálicas, que posiblemente vayan a ser sustituidas por otras menos “ruidosas” de cara a la próxima Semana Santa. Recordemos que se filtró en diversos medios de comunicación la posibilidad de usar detectores de metales o altavoces como medidas para prevenir incidentes. Y siempre en el aire, el caso de la Madrugada de 2017 aún abierto con el componente emocional que supone el desconocimiento a ciencia cierta lo ocurrido.

Y por otro lado, en un año en que los sucesos de la «Madrugá» han sido tildados de, respuesta de pánico contagiosa debido a la psicosis creada por el miedo lógico a posibles atentados.

¿Cómo afectará un año después al comportamiento del público, que percibe el miedo en estado más latente, las medidas más llamativas y visuales que aumenten la intranquilidad o el despliegue de medios de seguridad, la nueva situación? ¿Contribuirá al estado de nerviosismo que a su vez provoca el mal llamado efecto dominó?  ¿ Se podrá conjugar un plan que a la vez proteja y tranquilice?

Este Otoño que estamos viviendo una nueva configuración de jornadas, la seguridad es hoy la principal meta de la reforma de la Semana Santa que se cuece.

¿o será solo la excusa?…

 

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