Opinión

Mucho mas de cuatro horas

Es comentario habitual, entre los cofrades de otras hermandades, la benevolencia de la estación penitencial de la Hermandad de Santa Marta, por ser de las más cortas en duración en la nómina de nuestra Semana Santa. A priori esto no tiene discusión, los datos son datos, y estos dicen que, desde la Cruz de guía hasta el último penitente, nuestra cofradía está en la calle cuatro horas, mas este análisis, frío y exclusivamente numérico, no corresponde a la realidad. Cualquier hermano de Santa Marta sabe que ser nazareno del Cristo de la Caridad y de la Virgen de las Penas no son solo cuatro horas, no es una benevolente –será para el que no la haya hecho nunca- estación de penitencia en la tarde del Lunes Santo, no. Ser nazareno de Santa Marta va mucho más allá del mero hecho de revestirse con la túnica.

Ser nazareno en Santa Marta es acompañar a los titulares, pero todos los días. El nazareno de Santa Marta es simplemente un cristiano más, no alza la voz, no destaca, no molesta, reza, hace el bien a sus hermanos, vive su fe, es uno más de la grey, otro católico, sencillamente. Conozco a muchos de entre sus filas que buscan eso, solo eso, ser uno más. Cualquiera de mis hermanos que esté leyendo este artículo ahora mismo puede recorrer mentalmente nuestra estación de penitencia, desde la emotiva misa de nazarenos matinal, pasando por el profundo respeto, orden, compostura y la camaradería entre hermanos que se respira en San Andrés organizando la Cofradía, sentida Comunión junto a los hermanos de tramo, salida ordenada, recogimiento ejemplar en la ida entre el bullicio de la tarde, Carrera Oficial con apreturas, regreso silente, nocturno y respetuoso, entrada entre tañidos lastimeros, oración emocionada ante los titulares y regreso a casa.

Cualquiera de mis hermanos también puede recorrer mentalmente, de la misma manera, nuestro calendario anual de cultos, desde la Función Principal de Instituto hasta la propia estación de penitencia, pasando por la Misa “In Coena Domini” del Jueves Santo, el Triduo de mayo a la Virgen de las Penas, los Cultos Eucarísticos y Función de junio, el Besamanos a Santa Marta en dicho mes o el Triduo en octubre, Función de Ánimas de noviembre, Vigilia a la Inmaculada y Besamanos a la Virgen de las Penas en diciembre, misa de Navidad y, ya en Cuaresma, Quinario, Via Crucis, Meditación y Besapiés al Cristo de la Caridad.

La misma normalidad con la que se lleva a cabo la estación de penitencia, con la que se celebran todos estos cultos, es con la que cada hermano practica y vive su fe durante todo el año; con esa naturalidad que está ya impresa en la vida diaria de la hermandad, en su idiosincrasia y en el carácter de sus hermanos, esa tranquilidad, esa serenidad que no es fácil de mantener hoy en nuestra sociedad, pero que va en la genética de Santa Marta, desde el primer día.

Ser nazareno en Santa Marta es esperar que llegue cada martes para rezar a las plantas de la Santa de Betania y adorar al Santísimo, es caminar día a día asido a la mano caída del Cristo de la Caridad sabiendo que la Virgen de las Penas no apartará nunca su mirada de ti. Ser nazareno de Santa Marta es mucho más de cuatro horas.

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