Actualidad Opinión

Patrona del barrio la Feria

Cuando era chico me enseñaron dos cosas sobre la calle Feria. Una era que la calle llevaba desde la Amargura a la Esperanza pasando por la Oración y el Rosario. La otra era que su patrona era la Reina de Todos los Santos.

Por Sebastián Guerrero

Desde bien chico me considero cofrade, concretamente de grado hartible. Me encantaba ir a casa de mi abuela y leerme una y otra vez los coleccionables que tenía del ABC y ver los vídeos. Me lo sabía todo, desde imagineros a bandas de música, incluso insignias destacadas. Me sabía el orden de los misterios y el color de las túnicas de nazareno de todas e incluso las peculiaridades de cada una.

Sin embargo, de las hermandades de Gloria no sabía ni de su existencia como quien dice. Nadie me enseñó nada, nadie me llevaba a verlas ni me explicabas ni me ponían coleccionables por delante para conocerlas. Eso si, cada verano la cita el 15 de agosto con la Virgen de los Reyes era fecha señalada en rojo. Mi abuelo que vivía en Torrejón venía y me llevaba. Una procesión en verano con la fresca de por la mañana, un ambiente popular y festivo rematado con primero el desfile del ayuntamiento a la Catedral de la comitiva municipal y después, una vez acabado todo los desfiles de los militares que venían en gran número por aquel entonces. Los churros en el Postigo ponían el punto gastronómico a una de las mañanas mas esperadas del año.

Con la Reina de Todos los Santos pasaba lo mismo. Era la hermandad de mi familia. Mis abuelos y mi madre conocían a todo el mundo, allí estaban los amigos de siempre de mis tíos. Ir a la novena y ver a mucha gente que no veía el resto del año y que apenas conocía de vista saludarme por ser el nieto de, el hijo de o el sobrino de… La salida de la misa duraba lo mismo que la propia celebración de la novena. Allí comencé a salir de paje, de monaguillo, allí cogí mi primer cirio, viví mis primeros momentos de vivencias en una hermandad yendo las mañanas de los sábados a la calle Arrayán con otros niños con la gran Rosario de la Peña y su hermana Pili de monitoras, montar el belén en navidad en la parroquia y también viví las primeras decepciones al estar dos años sin salir en el destierro de Los Terceros o que nos pillara la lluvia tras lo bonito de salir de la Basílica de la Macarena.

Para mi era como me habían dicho. La patrona del barrio, de mi barrio. Donde las familias y las amistades volvían todos juntos por unos días y coger un cirio sin necesidad de ser hermano ni comunicar nada antes. El esperar, ya cansado, a la Virgen dentro de la parroquia o el emocionante Salve Regina del final antes de irnos a casa con la imagen siempre llamativa para los niños, y no tan niños, de San Miguel en la delantera del paso.

Y hoy tengo la dicha de que todo sigue igual. Los días de las novenas siguen repletas de abuelos y abuelas del barrio, de los que vuelven al barrio estos días y que los saludos a la salida siguen siendo eternos. Afortunadamente, ha sabido mantener su esencia y personalidad sin hacerle falta seguir las modas del momentos ni ajustarse a los nuevos clichés. No necesita grititos delante del paso ni marchas extridentes en la alegría. Su popularidad no se basa en una puesta en escena sino en su carácter de gloria, en su barrio y en su historia.

Por eso el rostro dulce y sonriente de la Reina de Todos los Santos siempre me llevará a la niñez y a recordar mi concepto de hermandad alegre, familiar, humilde, con gusto y medida en los detalles y dando gran valor a la importancia artística. Lo popular, lo alegre, lo importante, fue, es y siempre será su gente, su barrio y su historia.

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