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Diario de Cuaresma: el costalero

Un nuevo capítulo de este coleccionable cuaresmal sobre los personajes de nuestra Semana Santa. Hoy, el costalero.

Son las 7:30 de la mañana.

Comienza un nuevo día.

La noche anterior se fue tarde a la cama, pero hoy se levanta  de un salto.

El semblante para ir a trabajar es distinto. Se encontrará en su jornada laboral con las mismas dificultades que de costumbre, pero sabe que hoy es uno de esos días señalados en amarillo en su calendario.

En la cómoda del dormitorio hay una pequeña mochila, la sacó anoche y la dejó a la vista no fuera a olvidarse de ella al salir. Sabe de sobra que eso no hubiese ocurrido nunca, lleva soñando meses con este día y ha puesto todos sus sentidos para que no falle nada.

Hoy los grupos de Whatsapp de la cuadrilla están con los ánimos elevados desde bien temprano.

“Señores que hoy nos vemos”

“Ya está esto aquiiiiii”

“Decidle al capataz que llego justito a la igualá, salgo del trabajo corriendo, pero por si me pilla atasco o no encuentro aparcamiento por el barrio”

Vídeos de años atrás en aquella revirá que tanto les gusta y notas de audios de alegría por el reencuentro con su gente, van marcando las horas hasta la noche.

Hoy es día de recordar su primera vez, de cuando era un niño que soñaba con meterse debajo del paso de su Cristo o su Virgen. De recordar a sus maestros, algunos en activo y otros ya retirados. De quien lo enseño a fajarse y le tiró de la ropa cuando no sabía hacerse el costal. Ya de pequeño soñaba con hacerse mayor y soñando que crecía, creció. En su cabeza forjaba sueños de ser los pies del Señor y deseaba con impaciencia poder parecerse a sus mayores. Hoy,  al ver a los aspirantes, se le vendrá a la mente aquel día, en el que, sin tener la edad (aquello eran otros tiempos) el listero repasaba los nombres, mientras el capataz observaba los huecos, lo miraron, y hablaron bajito entre ellos.

“Niño ven, ponte ahí”

Y un repeluco mayor que cualquier esfuerzo de una chicota de los años posteriores, le atravesó el cuerpo. Ahora sí, ahora por fin iba a ser costalero de Sevilla.

Los nervios van en aumento, un ensayo es una muestra de lo rápido que pasa el tiempo y que el día mas importante – para ellos- del año está a la vuelta de la esquina.

Son las 9 de la noche, y empieza a hacer frio, que es cuaresma pero Febrero no perdona.

Por la calle del almacen van llegando sombras sonrientes que se funden en abrazos y besos, la mayoría no se ve desde la desarmá del año pasado.

 

El listero comienza a nombra a la cuadrilla para una ultima igualá antes del ensayo.

 

¡Señores, id haciéndose la ropa!

– ¿Tu madre como está?

– Me va regulín en el trabajo, están echando a gente y creo que me va tocar.

 ¡¡PRIMERA!!

-Mi mujer está embarazada otra vez.

Desde que se retiro del costal no lo he vuelto a ver.

-No fuméis aquí!

¡¡SEGUNDA!!

– A ver si este año no llueve.

-Este año he traído a mi hijo a la igualá, no ha entrado, pero que vaya metiéndose en el ambiente.

– Que bonita chicotá dedicamos el año pasado aquella señora que lloraba tanto.

¡¡TERCERA!!

– ¿Este año que marcha nos tocaran en el Salvador?

– Si acabamos muy tarde ¿me podéis acercar alguno a casa?.

– Me puesto zapatillas muy bajas, que si no me salgo del palo.

¡¡CUARTA!!

– El año que viene me caso.

– Avisa al capataz, que este viene en coche todavía por Las Cabezas.

Está mi hermano pendiente de una pruebas, hay que pedirle al Señor por él.

¡¡QUINTA!!

-Me acabo de enterar de lo de tu padre, lo siento mucho hermano.

– Tengo que hablar con el mayordomo para ver como pago la túnica del chico mío.

Comerciales, electricistas, administrativos, transportistas, ferreteros, periodistas, policías, dentista, mecánicos, dependientes, recoveros, médicos, conductores , desempleados, estudiantes, autónomos…. Todos por unos días lucirán la misma ropa de trabajo, cargaran los mismos kilos e ilusiones. Se quitaran horas de casa, de la familia, de su descanso, y su salud para hacer algo que poca gente entiende, cargar peso sobre ti, con una vigas o los antiguos sacos de arena.  Noches aciagas y desapacibles pero que son el preámbulo de una noche mágica. Será cuando la vigas y los sacos dejan paso al mejor de todos los hombres. Y puestos a pasear a a su Cristo cualquier preparación es poca. Cada uno pondrá en los kilos que le caigan sus intenciones y conversaciones con su Cristo, solo él y los suyos sabe lo que se pasa ahí abajo.  Sonrisas, lagrimas, confesiones, ayuda al compañero. Son los pilares de una familia que quizá se verá 3 noches al año con hermanos que comparten pasión. Pero 3 noches anuales que les une para toda una vida.

 

Son las 7.30 de la mañana. La noche ha sido corta, el ensayo se alargó demasiado, y hoy le duele todo el cuerpo. La cabeza lo que más por esos botellines helados que salían de la nevera del almacen (la de años que tiene y lo bien que enfría) al final del ensayo.

Sin el vigor del dia anterior, se levanta, observa en silencio la mochila con ropa sucia y sudada.

Sonríe.  Duele, cansa…pero merece tanto la pena.

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