Actualidad Opinión

Cuando el Señor sintió como nosotros

Hoy se cumple un año del Vía crucis del Señor orante de Montesión. Sebastián Guerrero nos lo recuerda así.

En las tardes grises de viento, lluvia y cierto frío pega estar en casa tranquilo, con una taza de cola cao caliente, viendo vídeos de Semana Santa. Más aún si estamos en cuaresma. Y así llegué a ver vídeos y fotos del Vía Crucis de Hermandades que protagonizó el Señor de la Oración en el Huerto el pasado año. Seis de marzo de 2017, fecha grabada a fuego para los cofrades de la Plaza de los Carros. Ese día iba el Señor solo en sus andas. No estaba el magnífico ángel confortador de La Roldana, tampoco había un excelso olivo que diera sombra a ninguno de los apóstoles dormidos que aquel día no solo dejaron solo al Señor en espíritu sino también en presencia. No estaba la magnífica canastilla de Guzmán Bejarano para elevar hasta los cielos al Cristo orante. Solo Él llevado a hombros por sus hermanos sin agrupación y sin andares costaleriles.

 

El Señor de la Oración no es Cristo, es simplemente un trozo de madera que representa a Cristo. No hay setenta cristos, hay uno solo y decenas de ellos que lo representan. No hay setenta cristos con sus respectivos nombres, hay setenta imágenes de Cristo con diferentes advocaciones que representan diferentes pasajes por los que tuvo que pasar nuestro Señor. Tanto hablar de las medidas de seguridad, de las marchas, de los altares, de los itinerarios, de si se comienza la Carrera Oficial por la Catedral qué sentido tiene llegar luego hasta Campana, que si cambios de vestidores o capataces, que si elecciones, que si estrenos. Y a veces dejamos de lado lo meramente importante y que da sentido a toda esta fiesta, la formación cristiana. Lo que representan nuestros pasos y no como andan y con cuales sones. El sentido de la Fe, el por qué nuestro Señor pasó por toda clase de sufrimientos hasta perecer en la Cruz y finalmente acabar resucitando. Del cenáculo a Getsemaní, allí apresado y de vuelta a la ciudad para pasar por varios tribunales: Caifás, Anás, Herodes y Pilatos. Estuvo colgado en un agujero, fue abofeteado, fue coronado de espinas y fue azotado, hasta fue negado tres veces por uno de sus fieles amigos, antes vendido por otro. Tuvo que cargar con una cruz hasta el Calvario donde fue crucificado en ella y se certificó su muerte tras recibir una lanzada en el costado. Entregado a su madre fue enterrado para luego resucitar de entre los muertos.

 

Porque sabía toda esta historia que se le venía encima cayó derrumbado en Getsemaní, los judíos rezaban siempre de pie. Fue el momento en el que la divinidad fue mas humana que nunca. Los miedos, los temores, la soledad, las dudas, la angustia… le hizo sudar sangre. Y es aquí cuando quizás nos dio el que para mi es el mayor ejemplo que se nos puede dar, estiró los brazos, abrió las manos, rezó al padre y aceptó todos los problemas que se le venían encima con resignación pero con fortaleza, humildad y convicción. Cuantos de nosotros no nos hemos sentido así en diferentes momentos de nuestra vida y ante diferentes circunstancias. Solos por muchos amigos y familiares que tuviésemos a nuestro lado, con miedo ante la situación en la que podíamos estar, con dudas sobre que hacer y ganas a veces de tirarlo todo por la borda, y cuantas veces no hemos sacado coraje, abierto los brazos, ver la luz y decir hay que tirar para delante. Cuántas veces no hemos escuchado la expresión nos ha costado sangre, sudor y lágrimas o hemos sudado sangre para conseguirlo. El camino nos lo enseñó Él en Getsemaní, y la imagen del Señor de la Oración en el Huerto lo representa a las mil maravillas. Un Cristo grande, corpulento, de rasgos pronunciados, pero con unas manos abiertas de acogernos a todos, con una mirada humilde y lastimosa que inspira ternura, con la luna reflejada en los ojos fiel reflejo de la realidad y con todos los regueros de la sangre que derrochó por nosotros. El perfil del Señor de la Oración es probablemente una de las mejores representaciones de Dios hijo que existe y que mejor transmite lo que un cristiano puede buscar en Él.

 

Aquel seis de marzo de quienes si estuvo acompañando fue de sus fieles devotos de la calle Feria y por el pueblo de Sevilla. Y es aquí donde se junta la devoción y el sentido formativo e ilustrativo de nuestra semana mayor con lo que da sentido a que pase de generación en generación. La añoranza que nos fueron pasando nuestros mayores por querer vivir ese día, los que ya no estaban de cuerpo presente lo estaban mas que nunca en nuestro recuerdo, los momentos previos y las conversaciones entre hermanos sobre la ilusión de acompañar este día a la imagen de nuestro Señor con una hermandad y barrio volcado para la ocasión. Porque por mucho que el primer misterio de Sevilla en procesionar fue el de la Oración en el Huerto de Monte-Sión, la elección para que Sevilla rezase el Vía Crucis con el Señor en la Catedral tardó en llegar y sin darnos cuenta se fue, aunque solo en parte, pues los recuerdos perduraran por siempre.

 

Para terminar os dejo unas palabras de María de los Reyes Fuertes sobre el Señor de la Oración y el pasaje de la oración en el huerto.

 

Ya está tu soledad comprometida, hecha flor de pasión,

donde la muerte, llevándote en su cruz, prende la suerte de ese perfume a gloria prometida,

ya es tu dolor la luz en que se envida el aire de esperanza al que tenerte,

y el ángel del Señor baja a beber de la sangre de la frente enloquecida,

ya al labio la oración te desemboca, salvando aquella noche y aquel huerto vendido a la traición por sus costados,

ya sabes que estar solo es que la boca responda al pecho con su “i” mas cierto de inmensidad de amor por todos lados.

 

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