Actualidad Opinión

Los miarmavengadores

¿Quiénes son los miarmavengadores? Daniel Marín nos describe estos peculiares personajes de la actualidad sevillana

Podría prometer que este artículo tenía otro título pero pocos me creerían por más que insistiera en explicar que de lo que realmente quería hablar era de las mayorías silenciosas que gobiernan por la vía de los hechos consumados, sin pedir permiso ni perdón, en la celebración de la Semana Santa. Quería adentrarme en el arcano de la fiesta a través de quienes la viven desde la distancia y la mesura. Quería desentrañar la anarquía emocional que no se ajusta a la opinión publicada y que conforma su propio pregón de primavera a base de ritos particulares sin licencia eclesiástica. Quería desmenuzar a esa mayoría silenciosa que va por libre aunque los propagandistas de la ortodoxia intenten estabularla en lo que podría llamarse la domesticación de las masas. Quería, al cabo, describir a todos esos a quienes no les afectan las cuitas de recorridos, seguridad o tiempos de paso; a quienes ignoran prohibiciones y permisividades varias provenientes de cualquier autoridad a la que no reconocen como tal; a quienes imponen la carrera oficiosa de las sillas plegables para mitigar el dolor de sus pies y para quienes el cierre de los bares no será un obstáculo para multiplicar los panes y los peces del condumio mochilero. Quería presentar en sociedad a quienes no entienden –ni quieren entender- de calidad, ni en las marchas ni en los bordados, ni en las flores ni en las vestimentas. Para la mayoría silenciosa, la Virgen siempre está guapa, pocas son las saetas y la música siempre debe ser alegre y rumbosa.

 

Todo eso fue antes de llegar al hartazgo propio y ajeno causado por quienes abanderan la causa de la salvación de la Semana Santa. Ellos, los miarmavengadores, fueron ungidos por los santos óleos del Cardenal y el Gobernador (Chaves Nogales dixit) y están al servicio del interés particular, que a veces se disfraza de dinero y otras veces se traviste de tráfico de influencias. Con la frecuencia regular de las cofradías serias –como si alguna no lo fuera- sermonean a los capillitas de número de la hermandad de la ortodoxia desde los púlpitos de los medios de comunicación. Desde ahí, propagan la falsa idea de la crisis cofradiera, la falacia de la persecución cristiana y la mentira del caos capillita. Un adoctrinamiento de mirada corta que solo sabe mirar al pasado más reciente y al futuro más próximo sin contemplar, en su plenitud, el presente que nos desborda.

Los miarmavengadores siempre están ahí, al acecho de la causa que toque defender como mártires para mantener intacta las esencias reveladas en las sagradas escrituras de la sevillanía. Son apóstoles –con popes incluidos- que bendicen a quienes son auténticos merecedores del carné de sevillano y condenan al ostracismo del silencio mediático a quienes repudian por sus herejías heterodoxas. Todo sea por conservar el estado de las cosas en el que ellos, y sus acólitos, se revuelcan en el onanismo onírico donde la única Semana Santa –y Sevilla- posible es la que han inventado en sus cabezas durante un perverso ejercicio de disonancia cognitiva, incapaces de asumir que, mientras una Sevilla vive en un arrollador presente continuo, ellos son el mero atrezo de una ciudad de cartón piedra en vías de extinción.

 

Por suerte, a estos miarmavengadores solo los padecemos los asiduos a la prensa local y en las cuestiones más próximas de la tribu. Por suerte la Semana Santa pertenece a quienes se endomingan, si quieren, y salen a encontrarse con la ciudad idealizada que habita en las calles que solo pisan de Ramos a Resurrección. Peregrinan alternando capillas con tabernas, cálices con copas largas, la Última Cena y el almuerzo del Domingo de Palmas. No conocen a los últimos tres pregoneros de la fiesta –ni les interesan-, no escuchan El Llamador y no se baten el cobre por conseguir un rigurosísimo programa de mano. La mayoría silenciosa de la Semana Santa , de la que quería hablar, no es militante de la cofradía del paganini de cuota ordinaria, de boletín y función principal. Sus corazones son libres y pertenecen a la cofradía imaginaria donde el Gran Poder y la Macarena son de la misma hermandad y van juntos con nazarenos de diferente color.

 

Es a esa gente a quienes en realidad pertenece la Semana Santa. Por eso, cuando leen o escuchan que esta celebración saturnal está en crisis, al borde de la rotura, callan. ¿Lo están oyendo ustedes? Es el silencio de la indiferencia y el desprecio ante la mentira. La mayoría silenciosa emite su veredicto: ya falta menos para otro Domingo de Ramos. Todo lo demás, el miedo y la preocupación de quienes ven amenazada su rigorista manera de vivir lo cofradiero, es solo la llantina de quienes temen perder el privilegio de manejar lo que no es de su propiedad.

*La pintura que ilustra el artículo es el Capitan Nazareno, obra de Agustín Israel.
https://www.verkami.com/projects/19771-haz-realidad-el-comic-de-capitan-nazareno

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