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Contracrónica. La Gente corriente

El Domingo de Ramos es el día de la invasión de la gente corriente, donde los cofrades pasamos a un segundo o incluso tercer plano, donde la ciudad corriente se hace dueña de la Semana Santa.

A la gente corriente no le importan los horarios, no sabían que la jornada pudo acabar con 70 minutos de retraso, solo saben que salieron todas. La gente corriente no saben quién es Antonio Delgado, ni a que hermandad llamaba para darle los partes meteorológicos, no saben que Aemet publica en twitter los porcentajes o que quería cobrar este año. La gente corriente se asoma a la ventana y sale con paraguas.

Ayer la gente corriente estaba en el centro, con sus galas corrientes, unos en sudadera, otros en botines y traje como si fueran a recoger el balón de oro, otros con sus pipas, otros con sus sillitas.

La gente corriente no hace cola para el llamador, tiene el de la charcutería del barrio o el del 20 minutos y le sobra. La gente corriente no sabe donde estarán las cámaras de Ondaluz ni que salidas hace el Correo.

La gente corriente no se fijó en las vallas antiruido, no sabía que había luces inteligentes, cuya inteligencia es ponerse amarillas o blancas y mas flojitas o más fuerte, (a todo le llaman inteligentes), no se percató de las calles aforadas, de los relevos de costaleros únicos en el banco de España, de los responsables de seguridad de cada hermandad en la cruz de guía, de los furgones de policía en el archivo de Indias, de que el alcalde y tres concejales llevaban vara en la Hiniesta.

La gente corriente se topa con un policía que le dice que ya no se ven cofradías en la cuesta del Rosario y el Postigo y se sorprende, porque no lo sabe hasta que se lo encuentra, no lo entiende, lo pregunta, pero tampoco lo protesta.

La gente corriente no sabía que el azahar lo llevaba la Borriquita, ni que el Amor cumplió 400 años de fusión con esa otra cofradía, lo mismo no sabía ni que era la misma.

La gente corriente no sabe que la Cena casi no la sale de los Terceros, que la Estrella quiere reformar su capilla porque no tiene sitio en San Jacinto, que la Amargura antes era «bullanguera», que la Hiniesta cambió hace poco a sus capataces por los Ariza, que el palio de Jesús Despojado es reciente aunque tenga ese sabor antiguo, que la Paz se coronó hace dos años, que el Amor necesita una limpieza urgente o que San Roque no lleva ya la Centuria.

Pero la gente corriente ayer se hizo dueña de Sevilla, porque de ellos es la ciudad que despertó a la Semana Santa, porque son ellos los que aún sienten un fuerte pinchazo en el corazón la mañana del Domingo de Ramos sin necesidad de publicarlo de forma tribunera en su perfil de Facebook. Son ellos los que aún lloran, los que aún se estremecen oyendo la salida de la Paz en la radio, en la que pillen.

La Semana Santa le pertenece aún a la gente corriente, la que cuando llega el Domingo de Ramos aún siente a Dios cabalgando por  sus calles.

 

 

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