Actualidad Opinión

Crónica de una magna de verano

Cadiz nos brindó un año más su ya “clásica” procesión magna veraniega. El Via crucis diocesano causó satisfacción a ciudadanos y a los foráneos que acudieron.

La tacita de plata puso colofón el pasado sábado 7 de julio a los actos conmemorativos del 750 aniversario de la diócesis de Cádiz con un Vía crucis magno en el que participaron hasta 16 pasos de la diócesis gaditana. Así, además de Cádiz, estuvieron presente imágenes de Algeciras, Chiclana, San Fernando, La Línea, Conil, Puerto Real y Medina Sidonia que salieron desde hasta ocho templos de la ciudad: Santiago, Santa Cruz, San Francisco, San Lorenzo, San Agustin, San Antonio, El Carmen y Santo Domingo. La procesión fue muy similar a la celebrada en 2011, con motivo del Año de la JMJ y la presencia del Papa en nuestro país.

Dicha coincidencia de pasos de distintos municipios, provocó la confluencia de diferentes estilos de carga prevaleciendo evidentemente el gaditano, aunque hubo también pasos con costaleros e incluso uno – el de San Roque- con varales al modo malagueño. También el abanico de bandas fue muy variado, con bandas de cornetas y tambores, agrupaciones musicales, bandas de música y capillas musicales procedentes de toda Andalucía.

Como suele ser habitual, el “modus operandi” de la procesión fueron breves cortejos antecediendo a las imágenes procedentes de diferentes templos, que confluían de modo progresivo en un recorrido oficial con un punto cenital final, en este caso en la Catedral. El el citado recorrido oficial los pasos discurrieron sin música y se pusieron sillas, que una vez más, no tuvieron la demanda esperada. Se acumuló un apreciable retraso de casí una hora, algo también asumible y común a este tipo de eventos. La entrada del último de los pasos fue en torno a las 4 de la madrugada.

La organización del acto fue correcta, sin grandes momentos de desconcierto, aunque hubo situaciones en las que tal vez debía haberse “afinado” más algunos horarios e itinerarios. La asistencia de público fue bastante alta – sin bullas- aunque predominantemente foráneo. La actitud de los participantes y espectadores fue respetuosa, a pesar de entremezclarse el público que asistía a la procesión, con turistas, ciudadanos y bañistas ajenos a la misma. Los servicios públicos funcionaron correctamente y no hubo ningún incidente de gravedad.

Dentro de los aspectos que llamaron más la atención podía subrayarse la sobriedad y seriedad del gaditano Cristo de la Buena Muerte, el paso de la Oración en el Huerto, las imágenes del Gran Poder de la Línea y el misterio de Afligidos de San Fernando ambos obras de Castillo Lastrucci, el paso completo de la Humildad y Paciencia y el de la Columna de Cádiz, el acertado conjunto de la Vera Cruz de Puerto Real y por supuesto, el extraordinario palio de la Virgen de los Dolores de los Servitas. El transito por el Populo o el Campo del Sur deparó estambas bellísimas. Muy popular fue el discurrir de los pasos por la Plaza del Palillero o la calle Novena.

Resultaron curiosos la inclusión de un San Pedro en el paso de la Columna, el misterio de Fernando Aguado de Aspe (Alicante) para cumplimentar el paso del chiclanero Cristo del Amor, la presencia de un crucificado de agitada melena al viento de una agrupación parroquial de Chiclana (se quería que estuvieran representados todo tipo de colectivos) y la imagen del Resucitado – no era el habitual- que puso punto y final a la procesión.

Sorprendió el buen nivel de las bandas participantes, muy motivadas a pesar de la fecha de celebración. Excelsa actuación del Rosario de Cádiz, magnífica la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas y muy interesante la irrupción del Rosario de Arriate. También la Agrupación Musical de los Polillas gaditana puso de manifiesto su acreditada calidad. Otras bandas conocidas en nuestra ciudad como la Vera Cruz de los Palacios o la polémica Tres Caídas del Realejo no pasaron desapercibidas.

Como reflexión final, concluir que a pesar de un aparente “hartazgo” de estas magnas celebraciones, aún parece que tienen cierto recorrido y vigencia como así se ha demostrado en Málaga o Cadiz.  Si bien, es indispensable la motivación de las corporaciones participantes. Tal vez, en esta del pasado sábado, a pesar de la implicación de autoridades, hermandades y visitantes, fue perceptible falta de “fervor devocional” tal vez responsabilidad de la elección de unas imágenes que no eran la principal devoción de las localidades en cuestión.

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