Reportajes

Gonzalo Queipo de Llano, Sevilla y la Macarena. (Consideraciones para entender la polémica)

(…)se hizo con astucia cercano y benefactor de las hermandades hasta el punto de ser prácticamente identificado como el salvador de la religiosidad popular en la ciudad y garante de la práctica de esta

A vista de la polémica que está suscitando, de forma cíclica, la presencia de los restos mortales de Gonzalo Queipo de Llano en la basílica de la Macarena se nos antoja necesario, de forma lo más objetiva posible, arrojar algunos datos sobre su figura, su relación con la ciudad, con la Hermandad de la Macarena y las circunstancias en que se encuentra el marco legal del asunto a fin de que nuestros lectores puedan a partir de ahí formular conclusiones.
Sirva antes de iniciar el documento incidir en que la Historia se debe analizar en los contextos de cada época histórica y no se debe caer en el error de juzgar con la mentalidad actual los acontecimientos pasados.

¿Quién era? ¿Qué hizo para ser cuestionado hoy?

Para empezar habría que describir la controvertida figura de Gonzalo Queipo de Llano, nacido en Tordesillas en 1875, militar de carrera con una extensa lista de episodios singulares en dicha carrera, participó en guerras españolas en el extranjero, se alineó con la dictadura de Primo de Rivera para posteriormente acribillarlo a críticas, lo que le valió su expulsión del ejército, conspiró contra Alfonso XIII de forma fallida junto a Ramón Franco saliendo de España huyendo a bordo de un avión lanzando octavillas a favor de la instauración de la república o llegó a ser alto cargo militar y de confianza de la II República y consuegro de su presidente Niceto Alcalá Zamora.
Una controvertida vida de la cual se ha venido escribiendo mucho durante el Siglo XXI, si bien su figura durante la dictadura fue oscurecida por el propio régimen, así pues, no fue ensalzada como algunos compañeros de batalla. Nicolás Salas lo describió desde el punto de vista político como un “Republicano, conservador y liberal”, llevado a nuestra visión podríamos hablar de cierto inconformista con la suerte de su país que llegó a ser por su carácter impetuoso, sobresaltado y autoritario una incomodidad para sus amigos y el terror para sus enemigos.
Pero el asunto que causa la polémica es su papel durante la Guerra Civil Española y posterior instauración del régimen en la zona Sur del país. No hay duda de que, por ser concisos, la capacidad militar de Queipo de Llano y su experiencia le valen la victoria de la ciudad de Sevilla en un cortísimo espacio de tiempo siendo sorprendente, por ser esta cuna de movimientos sindicales, obreros, y políticos afines al frente popular que regía en esos momentos la II República siendo la ciudad de Sevilla baluarte en Andalucía y España.
Para dicha victoria se valió de consignas como, cierta manga ancha en las revueltas espontaneas para justificar posteriores represiones brutales contra los movimientos sindicales, del frente popular y de partidos moderados que descabezara rápidamente el aparato político republicano para posteriormente aplicar el terror, con una combinación desalmada de detenciones, violencia, violaciones, emasculaciones, asesinatos, y diversos crímenes sin fundamento legal incluso para una guerra con criterios tan dispares como ser votante de izquierdas, ser familia de republicanos, haber sido pillados discutiendo de política o mirar mal a algún sacerdote.
Hay que enmarcar todo esto en un clima de odio mutuo y episodios violentos también del frente popular, que se había creado en la ciudad antes del alzamiento, con muchos episodios crueles y de persecución, pero por no aburrir y, confiando en que nuestros lectores conozcan el marco histórico, nos basamos tan solo en las acciones ordenadas por Gonzalo Queipo de Llano.
Desde capitanía con el ensayo de Sevilla realizado, Queipo se afianzó en un plan represivo para toda Andalucía de “limpieza política” basado en el terror, algo que objetivamente arrojan el número de asesinatos y las numerosas fosas comunes de cadáveres que arrojó su paso y mando de los ejércitos por estas tierras. Se habla de más de 10.000 asesinatos a los que sumar sentencias, encarcelamientos o mutilaciones atribuibles al Teniente General, solo en la provincia y su entorno, casi 5000 en la capital. Sus consignas no fueron tras el telón pues se afanó en repetirlas en las ondas en una estrategia propagandística nunca antes observada con frases abrumadoras como:

“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen” “Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable, ¡id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad.”

No cabe duda de que siendo totalmente objetivos, pues los datos históricos lo reflejan, Gonzalo Queipo de Llano fue uno de los militares sublevados más sanguinario, violento, asesino y represivo de cuantos participaron en la Guerra Civil española, repetimos, porque los datos así lo reflejan.

Queipo y Sevilla.

Su relación con la ciudad es estrecha desde el primer momento, una ciudad que vivía con el descontento que antes apuntábamos de los episodios violentos y de democracia de bajo nivel que asolaban la ciudad cada día y noche y que hacían al pueblo poner en cuestión el sistema. Una ciudad con, aún, una masa importante de poder acumulado en las altas burguesías, nobles y clero, todos ellos de aspecto conservador, que habían sido brutalmente perseguidas, sobre todo en los últimos meses antes del alzamiento.
En el apartado religioso hay que observar la importante persecución de órdenes religiosas, la quema de bienes, casa, templos y enseres de la Iglesia católica donde las hermandades fueron especialmente blanco de las turbas incendiarias en cada rincón de la ciudad. Atacando a estas se atacaba directamente al pueblo pues las grandes devociones de la ciudad se identificaban con los gremios y barrios de un modo singular y el pueblo no llegó a comprender el odio desprendido hacía ellas. Tampoco hay que obviar que los dirigentes de las cofradías de la época se identificaban en su gran mayoría con esa clase dirigente y conservadora opuesta al gobierno republicano del momento y atacando a estas se mostraba el poder sobre dichas clases.
El caso, por habernos brevemente ubicado, es que Gonzalo Queipo de Llano conocedor de la problemática de dichos años, se hizo con astucia cercano y benefactor de las hermandades hasta el punto de ser prácticamente identificado como el salvador de la religiosidad popular en la ciudad y garante de la práctica de esta. Las Hermandades y sus dirigentes, muchos de ellos con cargos burocráticos en el nuevo sistema de gobierno, pronto se identificaron con el Teniente General y le brindaron el apoyo, la difusión y la reverencia ante quien consideraban el héroe que los liberaba de la persecución religiosa anterior.
Así mismo en la ciudad, a la par de la “limpia” iniciada por Queipo, el Teniente General se afanó en un concepto recuperado de Caridad abriendo e instituyendo fundaciones, orfanatos, comedores sociales, patronatos de casas baratas, barriadas de obreros, y demás servicios sociales, donde las hermandades estuvieron presentes, que el pueblo agradeció ante la época de crisis social que se acercaba y que ya padecían de antes.
A diferencia de Franco, su carácter para con la Iglesia era reverencial, siempre se alineó al servicio de la autoridad eclesial y fue un hombre de hacerse notar y ver en los templos orando y rezando entre el pueblo. Algo que sirvió de gran propaganda hacía su persona en una ciudad hastiada de esconder imágenes, rosarios, medallas o dejar sus cofradías sin salir por miedo.
Fue nombrado hijo predilecto de Sevilla (50 años después le fue retirado el honor) y dos barrios de la ciudad con sus respectivas parroquias le fueron dedicados, como San Gonzalo o Santa Genoveva en recuerdo a los santos de su nombre y el de su esposa, además de una barriada en Isla Mayor, donde fue el precursor del famoso cultivo del arroz de esta zona al haber quedado Valencia en zona republicana durante la guerra y estar el sur de España desprovisto de este grano tan valioso en épocas de hambre.

Queipo y la Macarena.

La relación de Queipo con la Sevilla cofrade se hizo estrecha desde un primer momento como hemos comentado anteriormente, pero así mismo se hizo aún más estrecha en el seno de la hermandad de la Macarena.
Quizás la primera y más práctica imagen de ello fuese la procesión extraordinaria que tuvo lugar en Octubre de 1936 como acción de gracias por el fin de la Guerra en Sevilla (Mientras en España aún aguardaría 3 años). Hay que recordar que la imagen de la Esperanza había estado escondida en una casa de la Calle Orfila desde Febrero del 36 y que se salvó de la quema de San Gil en Julio del mismo año. Regresaba a la luz pública en la eventual sede del templo de la Anunciación con una salida extraordinaria marcada por el fervor y la celebración. En ella la hermandad agradecida a Gonzalo Queipo de Llano hace una peculiar entrega de su corona de oro para sufragar los gastos de la contienda que se seguían desarrollando en el país y hacen entrega de la presea al Teniente General en un acto a su paso por el Ayuntamiento. Una cuestación popular tras el propagandístico hecho hizo que los hermanos y vecinos recaudasen el valor en oro de la corona y la misma le fue devuelta por Queipo en Febrero del año siguiente.
En el afán de agradecimiento de Queipo a la hermandad, que lo había elevado como salvador y hecho tremendamente popular y venerado en los círculos cofrades, profundo devoto de la Virgen, por cuya intersección achacaba la pronta victoria en Sevilla, se hizo benefactor y protector de la hermandad hasta el punto de ser el principal valedor de la construcción de la actual basílica, tras ver arder su templo de San Gil, en terrenos conseguidos y sufragados por él mismo.
Anteriormente a su muerte, el Teniente General, ya mostró su deseo de ser enterrado junto a la Virgen de la Esperanza en la que había sido su casa de adopción. Este hecho se produce en 1951, a los pies de una capilla lateral de la basílica se encuentra su lápida que solo fuese modificada en 2009 para retirar su condición de Teniente General y la fecha del inicio de la contienda que lo hace famoso, posteriormente sería su mujer la que lo acompañaría en el mismo lugar.

Conclusiones y marco legal.

Diversas asociaciones, altos cargos políticos, diferentes etapas de gobierno, llevan denunciando la presencia de los restos de Queipo en la basílica de la Macarena, unos de los monumentos más visitados de la ciudad y sin duda centro de peregrinación devota por propios y ajenos, desde hace bastantes años. En dichas denuncias la conclusión suele ser siempre similar, tan solo una iniciativa de la propia hermandad o de la propia familia para retirar los restos del lugar valdrían para ello, si bien la hermandad en voz de sus dirigentes siempre se han mostrado agradecida a su figura como benefactor intentando obviar, sin suerte, su figura de Teniente General y su papel en el golpe de estado y posterior Guerra Civil.
Recientemente se han recibido presiones, para que sea el Arzobispado el que medie entre la hermandad y los ofendidos demandantes para que pidiese su retirada por la vía del diálogo, sin embargo a fecha de hoy el Arzobispado también se ha mostrado reacio a ordenar a la hermandad dicha cuestión.
Si nos atenemos a los marcos legales, no hay duda de lo explícito de las leyes de memoria histórica que recuerdan la obligación de retirar homenajes, monumentos y honores a líderes del golpe del estado o cómplices de alguna posible posterior represión.
Pero, ¿Es el lugar de enterramiento de Queipo un homenaje a la figura militar o tan solo a la benefactora? ¿Supone un posible agravio estos honores ante los descendientes de sus víctimas? ¿Debe la opinión popular y del gobierno ser tenida en cuenta por una hermandad por privada que sea su sede?
La ley canónica prohibía tradicionalmente la sepultura a quienes no mostraban arrepentimiento de sus pecados públicos o asesinos inconfesos entre otros muchos casos, si bien esa ley se fue relajando, hoy se expresa de la siguiente forma.

“Se concede sepultura eclesiástica a los fieles –también los que se encontraban en situación manifiesta de pecado– si han fallecido unidos a la Iglesia, han manifestado alguna señal de arrepentimiento, y si no se da escándalo público para los fieles”

Aparece la recurrente frase del “escándalo público”, pero refiriéndose a los fieles.
Y sobre el lugar de enterramiento del canon 1242 del Código de Derecho Canónico, que establece textualmente

‘No deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice o de sepultar en su propia iglesia a los Cardenales o a los Obispos diocesanos, incluso eméritos”.

Hechas todas las consideraciones que hemos creído oportunas en este extenso texto, queda a ojos del observador, del cofrade, del sevillano y del afectado formar su opinión en un asunto que, si bien se ha tratado hasta el hartazgo, su solución no se antoja sencilla.

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