Actualidad Opinión

La mies es mucha

José Luis Muñoz

Desde la manigueta se ve casi toda la cofradía, y aquí, asido a ella, uno reflexiona sobre las cosas que pasan en nuestras hermandades.

Hablaba un sacerdote hace poco del pasaje del Evangelio de San Lucas en el que el Señor, cuando eran pocos los que le seguían aún, manda “como corderos en medio de lobos”, a un grupo de discípulos a predicar de dos en dos delante de Él a los sitios donde posteriormente visitaría y la frase que les dice es: “La mies es mucha y los obreros pocos”. (Lc 10, 1-12)

Pensaba este maniguetero mientras escuchaba al predicador –deformación capirotera- en las hermandades. Hemos hablado de manera cansina ya del florecimiento y la globalización que sufren nuestras corporaciones, que una hermandad de la nómina de la Semana Santa con 1.000 hermanos es hoy día de las “cortitas”, que alguien dijo que ser muchos era bueno y ahí andamos, aceptando como “hermano” a todo aquel que trae una partida de bautismo y unos euros, soportando estaciones de penitencia de 2.000 nazarenos y bullas y esperas de horas para ver un paso, atiborrados de extraordinarias que pretenden “evangelizar” y ya solo causan hartazgo hasta en el más hartible, creando empresas donde había hermandades y convirtiendo cofradías en desfiles culturales a la carrera.

¿Qué hacemos para llenar de Dios a esas nóminas de 3.000, 5.000, 13.000 hermanos? Tenemos la posibilidad de sembrar en miles de personas que han venido voluntariamente a nosotros y nos dedicamos a gestionar patrimonios (que también) y a cobrarles para vender gestión empresarial.

Hay mucha mies en nuestras hermandades, pero pocos obreros, y los que hay están acomodados. Hay mucho donde predicar, mucha cosecha por recoger, mucho cerebro empapado de arte, de música, de túnica, pero poco corazón empapado de Dios. Quizá debieran las juntas de gobierno plantearse, como corderos en medio de lobos, esa misión –la palabra viene pintada- de ir a por la mies. Decía San Juan Crisóstomo que no debemos caer en la tentación de convertirnos en lobos en medio de lobos, si no seguir siendo corderos, pues al cordero nunca le falta el Pastor.

La mies es mucha…

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