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Los deberes del Consejo (IV). El prestigio perdido

El escaso prestigio de la institución.

Quizás uno de los mayores retos del Consejo de Hermandades y Cofradías sea recuperar el prestigio que paso a paso, año a año y junta a junta ha ido perdiendo, la que es una de las instituciones más importantes de nuestra ciudad.

De una Semana Santa y también en menor medida periodo de glorias, familiar, cerrada para pequeños grupos, elitista, para los “capillitas”… de unas hermandades y un Consejo donde todos se conocían, se va pasando ya en los años 70 a otra fiesta totalmente distinta, masificada, abierta, participativa a toda la ciudad y sus barrios, donde no es imprescindible para participar el ser cofrade ni tan siquiera ser cristiano, con una inmensa proyección mediática, que abarca no ya la Cuaresma sino todo el año. La fiesta se hace de la ciudad en todo lo que esta es capaz de abarcar.

Ahí es donde el Consejo adquiere una alta responsabilidad como portavoz de las hermandades ante la opinión pública y en muy distintos foros y una capacidad mediática en la ciudad, lo que supone una gran responsabilidad y también no pocos problemas en una sociedad que atraviesa un difícil momento de crisis de valores, entre ellos el religioso.

La iniciativa de formar un Consejo de Hermandades no es ninguna novedad en la Historia de las cofradías. Parte de una muy antigua aspiración elitista cofrade por institucionalizar un foro de unión y fuerza entre las hermandades para pelear intereses comunes ante arzobispado y ayuntamiento, pero por otro lado…servía a la autoridad eclesiástica para controlar efectivamente a las hermandades y la religiosidad popular de forma conjunta, sin caprichos individuales y como no, servía y sirve a la autoridad civil, a nuestro ayuntamiento, para comunicarse más fluidamente y de forma centralizada con unas instituciones cuya importancia es observada desde el punto de vista económico, turístico y de negocio para la ciudad, que repercute en votos con su indudable poder mediático.

No cabe duda de la importancia de la institución pero… ¿Por qué hoy día todo el mundo la cuestiona? ¿Por qué sus miembros son observados como peleles con ínfulas de notoriedad social y no como cofrades altruistas que gastan su tiempo y esfuerzo al servicio de las hermandades y de su mejora? ¿Cuáles han sido los pasos hacía la decadencia y la cuestión de una institución que se ha llegado a tachar de prescindible o inútil?

La falta de transparencia.

El Consejo libró una brillante batalla en la gestión económica de las sillas de la Carrera Oficial cuando logró hacerse con ella en su totalidad. Maquillando una subvención municipal con brochazos de autogestión que se entiende como “yo lo genero y yo lo reparto” entregando subvenciones que se han antojado vitales para el crecimiento y supervivencia de las hermandades. Pero… ¿Es todo transparente en la gestión económica? El Consejo ha dejado crecer el problema de las subvenciones a cotas de peleas internas entre secciones por los derechos de esas partes a repartir –“Las Glorias nos están metiendo la mano en la cartera”- llegó a decir un hermano mayor hoy con otro tipo de problemas, certificando así la división total entre secciones a cuenta del dinero y, como no, el poder.  Se ha llegado a promover consejos separados, con el telón de la gestión económica a debate. Pero esa gestión económica no es transparente, no se presenta, no se muestra no se abre a la opinión pública como si lo hacen la mayoría de instituciones de la Iglesia, incluida la propia Archidiócesis.

Ni tan siquiera es transparente la gestión de sillas, con un sistema de compra, venta, alquiler, cesión de dudable, muy dudable gestión a cuenta de cesiones a, amistades,  instituciones, empresas, hoteles con miras empresariales y turísticas cuestionables.

La falta de cohesión interna

Si las secciones tienen una división palpable creciente aun manteniendo los mismos fines como corporación, no menos llamativa ha sido la falta de cohesión interna de los miembros de las instituciones en la última década o más allá. Los consejeros, convertidos en pequeños príncipes de jornadas han creado lobbys, camaraderías, traiciones, malidicencias, enfrentamientos, y hasta boicots importantes entre ellos. Las filtraciones interesadas, los comentarios críticos hacia compañeros en círculos bastante públicos, la falta de imagen institucional cohesionada, unida y a una sola voz ha sido una constante en los últimos tiempos.

Se creyó que la formación de un equipo al completo con las listas cerradas para las candidaturas solucionaría eso, pero el último caso de Joaquín Sainz de la Maza no ha hecho más que confirmar la falta de lealtad al equipo del que han salido dos facciones enfrentadas donde bullen los comentarios hirientes de unos a otros ante la pasividad de hermandades o cargos eclesiales.

El escándalo

A la falta de cohesión y diferencias entre los miembros de la institución hay que sumar el escándalo, pese a que algunos se hayan empeñado en restar importancia ha sido un chino en el zapato de una institución que vocaliza pulcritud de sus miembros mientras tiene que sostenía a dos de sus presidentes que tuvieron que dimitir enfrentados a sus miembros con problemas personales derivados de sus salidas de esa “pulcritud moral y ética” por la vida religiosa correcta. Sus líos personales han lastrado a una institución que tomaba de excusa su vida “escandalosa” para tumbarles sin piedad con ínfulas de relevar su sillón.

La Suprahermandad

El Consejo de Cofradías ha caído en el error de elevarse en ocasiones sobre el resto de hermandades en vez de apoyar los fines y principios de estas. Los cordones dorados de sus medallas les han reflejado demasiado en los ojos hasta el punto de haberse creído una “suprahermandad” con sus cultos propios, su capilla propia, su caridad propia, su formación propia y su junta propia, olvidando que los fines de las hermandades y no los propios de la institución deben prevalecer. No tiene sentido machacar a consejeros de función en función, de vara en vara en procesiones de gloria o de convivencia en convivencia de jornadas con charlas tostones iguales con los mismos protagonistas siempre. Apoyen a las hermandades en sus fines y en que estas lo consigan, pero no los sustituyan.

La nula capacidad de resolución de los problemas de la Semana Santa

Y el último síntoma, pero quizás el más importante,  y que hace a la masa social cofrade preguntarse el sentido y utilidad del Consejo es su demostrada nula capacidad de reacción y solución a problemas coyunturales serios de la Semana Santa que no caminan hacía ninguna solución en cuanto ellos la capitanean.

El Consejo es incapaz de afrontar un modelo caduco de organización espacio temporal de la Semana Santa, han cacareado el sentarse a estudiar, pero jamás han dado un paso serio hacía una reforma que se antoja vital para la superviviencia del modelo de Semana Santa que tenemos en cuanto a cuadrar espacio, tiempo y nuevas incorporaciones.

¿Para qué sirve un Consejo que es incapaz de plantear una solución sería a jornadas como la Madrugá? El Consejo se ha mostrado inútil en la resolución de la jornada más importante de la Semana Santa, evidenciando nula capacidad resolutiva, ha visto como se producían enfrentamientos serios entre hermandades de la jornada, como se molestaban la jornada anterior y la posterior, cómo se revelaban unas y lloriqueaban otras, como niños de colegio sin una referencia fuerte que afrontase seriamente el problema, con proyectos en cajones y delegados dimitiendo.

Es un consejo incapaz de plantear una reforma a una Carrera Oficial que desde el Ayuntamiento, desde la necesidad social, desde la seguridad, desde la demanda y desde, por qué no, la recaudación económica está caduca y obsoleta. Han hecho pantomimas, teatrillos varios y lanzado globos sonda sin de verdad sentarse a cambiar nada.

Han visto como el CECOP les ha pasado por la izquierda en la organización de la Semana Santa, siendo hoy la verdadera voz autorizada que incluso salta de ellos a la hermandad obviando al Consejo. No han sabido capitanear el anhelo de las hermandades de vísperas por equipararse a las de Semana Santa o incorporarse a la misma.

Y para colmo el año pasado evidenciaron como desde abajo arriba una jornada se organizaba sola para solucionar los problemas propios, logrando una revolución el Martes Santo poco captada. La de que el Consejo es totalmente prescindible para organizar la Semana Santa si las hermandades así se lo proponen, algo que zarandea algo más que las básicas columnas de opinión de los ogros inmovilistas de siempre.

Estos son algunos de los duros, resumidos de forma burda pero claros síntomas por los que el prestigio del Consejo se ha reducido a niveles más bajos que nunca. Ahora dos candidaturas se enfrentan de nuevo con los mismos 20 consejeros que iban con Sainz de la Maza repartidos en dos bandos más adquisiciones de perfiles similares ¿Traerá alguno la solución?

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