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Verdades a medias

Daniel Marín nos trae sus reflexiones sobre las “verdades a medias” de las intenciones de Paco Vélez al frente del Consejo de Hermandades y Cofradías.

Acaba de aterrizar Francisco Vélez en el Consejo de Cofradías y ya han comenzado las verdades a medias. La más abultada de estas medias mentiras es la que atañe a la transparencia de la propia institución. Cada vez que algún cargo general es preguntado por si se harán públicas las cuentas del Consejo de Cofradías, la respuesta siempre es la misma: «nosotros no tenemos inconveniente pero son los hermanos mayores quienes deben aprobar su publicación». Capotazo y a seguir de frente.

Con temor a estar equivocado, los ingresos que percibe el Consejo de Cofradías provendrían de la concesión administrativa para la explotación de las sillas y palcos instalados en la carrera oficial. Una prebenda que, de nuevo con temor a estar equivocado, recibiría el Consejo de Cofradías por parte del Ayuntamiento de Sevilla a modo de subvención. Si esto así fuese, a tenor de la Ley de Transparencia, el Consejo de Cofradías estaría obligado a mostrar sus cuentas, indistintamente de la opinión de los hermanos mayores. Si este asunto no fuese así, habría que preguntarse en base a qué criterios y bajo qué régimen legal explota el Consejo de Cofradías un negocio en suelo público. Mediante adjudicación directa y sin negociado. Todo esto último también es transparencia.

Porque la transparencia no se agota en las cuentas del Consejo de Cofradías. Apuntar únicamente al estadillo de ingresos y gastos sería mirar al dedo cuando se debería estar mirando a la luna. La transparencia también es conocer el plan de autoprotección de la carrera oficial, el número exacto de asientos disponibles y el número exacto de asientos abonados cada año, así como la cantidad exacta que el Consejo de Cofradías abona al Ayuntamiento de Sevilla en concepto de ocupación de la vía pública y quién corre con los gastos –y el montante, por supuesto- que ocasión la modificación de elementos en el recorrido oficial. Una farola de aquí, un par de quioscos de allá, la poda de este árbol o aquellas papeleras. Pero no solo paga el Consejo de Cofradías al Ayuntamiento de Sevilla. También compensa al Cabildo catedralicio por la instalación de sillas en las gradas de la avenida de la Constitución. A cuánto asciende esa cantidad y en concepto de qué se abona.

 

Fotografía de Antonio Acedo

 

La transparencia también es conocer si los estatutos para las sillas y palcos se cumplen en toda su extensión: cuántas sillas de libre disposición quedan en manos del propio Consejo de Cofradías y qué se hace con ellas, cuántos convenios con empresas o instituciones existen para la cesión de la explotación de sillas y si éstas se abonan, cuántas sillas y palcos disponen cada titular –y si se ajusta a la norma- y, lo más importante, cuáles son las empresas que ganan dinero mediante subcontratación en el negocio de la carrera oficial. Sería vergonzante para los cofrades, Dios no lo quiera, que mientras sus mercedes contemplan los desfiles desde un sillón, acomodadores y vigilantes estuvieran siendo retribuidos por debajo del salario mínimo, sin alta en la seguridad social o en condiciones laborales indignas. De nada servirían los informes de la caridad que intentan mostrar una imagen socialmente comprometida de las cofradías si éstas no cumplen escrupulosamente con sus obligaciones civiles en todos los aspectos, ya sea pagando el IVA de sus ingresos, ya sea contratando a empresas que respetan a sus trabajadores.

Poco o nada se sabe sobre los interrogantes expuestos. Algún día alguien deberá darles respuesta. La Semana Santa es patrimonio de la ciudadanía y si alguien se estuviera lucrando de ella indebidamente, estaría privatizando parcialmente un bien común. Entre los cometidos del Consejo de Cofradías no solo está buscar el mayor beneficio para las hermandades sino asegurar a todos los sevillanos que no se mercadea con una fiesta que es patrimonio de todos. Si es que se quiere recuperar el prestigio perdido.

 

 

Fotografía de portada: Cadena Ser

 

 

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