Opinión

Devuélvannos el Amor

Enamorado de nuestra Semana Santa, como tantos otros. Me encanta nuestra semana mayor y lo que la rodea. Me gusta como la primavera, en Cuaresma, va trasformando la luz que, al fin y al cabo, es el espíritu de nuestra ciudad. Saborear nuestras cofradías con sus distintas idiosincrasias, cómo se puede decir lo mismo de tantas maneras; me gusta su música, me llena ver como los priostes se esfuerzan por construir con mimo esos monumentos efímeros que forman los cultos; me apasiona como se emociona un barrio ante su titular, las miradas de auxilio de los mayores, el entusiasmo de los más jóvenes y la melancolía de sus padres. Y, sobre todo, me enamora su arte plástico, el que nos llega a simple vista, el único que no es efímero.

Qué sería de nuestra semana santa sin sus imágenes. Cuántas ciudades pueden presumir de poner en sus calles una colección de obras de lo mejor del barroco, una pléyade de los mejores imagineros que dio nuestra tierra, Montañés, Mesa, Roldán o Ruiz Gijón, entre otros, y que podrían formar la mejor galería de cualquier Museo, estamos tan habituados a ello que no lo valoramos lo suficiente.

El Santísimo Cristo del Amor obra de Juan de Mesa y Velásco.

 

Particularmente soy un enamorado de todo lo que rodea a Juan de Mesa y, como no, del Santísimo Cristo del Amor. Por ello que no entiendo el actual estado de conservación del Laoconte sevillano, una de las obras más importantes del genial maestro cordobés en la que trabajó durante dos años y que, en 2020, cumplirá el cuarto centenario de su hechura.

Un año más, la exposición en besapiés nos revela la cruda realidad de la imagen. No logro comprender esa pasividad y temor para una más que necesaria limpieza, y menos a estas alturas con lo que han avanzado las técnicas en el campo de la restauración.

El estado del Cristo del Amor es alarmante, su policromía se ha tornado en colores ocres y aceitunados transformando su fisonomía por completo. El Señor hace mucho tiempo que está encerrado bajo el caparazón de la suciedad del tiempo y tememos que llegue el momento en que nunca pueda retornar ante la desidia de los gestores de la Archicofradía, que ni en campaña se atrevieron a hablar abiertamente de la intervención que necesita el la imagen, y el beneplácito de unos hermanos que parece que no se preocupan en llevar dicha actuación al cabildo de una Hermandad que parece llevar otro tempo y descuida su patrimonio -no hablaremos aquí del estado de la joya de manto de la Virgen del Socorro-.

Fase comparativa de la intervención sobre el Cristo de la Agonía.

 

Atrás quedaron esas añejas fotografías de finales de los 80 en las que veíamos en tan malas condiciones algunas imágenes como al Señor de la Oración en el huerto o al crucificado de Santa Cruz, hoy devueltos a su plena juventud. En nuestra ciudad, en los últimos años, hemos visto como los profesionales devolvían la

Restauración al Cristo de los Desamparados de Martínez Montañés.

vida a imágenes como la del Cristo de Vergara -del mismo Mesa- o las últimas intervenciones, tan controvertidas como necesarias, que se realizaron en imágenes de enjundia como el Cristo de las Tres Caídas o el mismo Gran Poder.

Rostro del Señor del Gran Poder en la década de los 80.

Afortunadamente ya no vivimos esa época en las que las restauraciones eran encomendadas a imagineros y estos aprovechaban para meter gubia y remodelar. Hemos aprendido y el duartismo es cosa del pasado.

Pocas son las Hermandades que hoy no encomiendan sus titulares a los profesionales de la restauración, que los hay muy buenos como Pedro Manzano, Carmen Bahima o el mismo IAPH (Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico). Los resultados ahí están, no se entiende ese temor a que el Cristo vuelva en su policromía original o lo más parecido a como lo ideó su autor.

 

Conservar el patrimonio no debería ser sólo una obligación para una corporación sino una muestra de amor a sus titulares para asegurar que su devoción perdure en el tiempo y llegue en las mejores condiciones posibles a las generaciones venideras.

Por ello, devuélvannos el Amor que el tiempo nos arrebató.

 

Fotos: Tomás Quife, M. Jesús Pérez, IAPH, ybam, Carmelo Martín Cartaya, archivo del Foro Cofrade y ABC

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