Actualidad Opinión

Nosotras, cofrades (y mujeres).

Ser cofrade es una carrera de fondo (como ser mujer). Porque aunque en el más estricto sentido de la palabra cofrade sería el miembro de una cofradía –los hermanos-, la realidad es que ni todos los hermanos son cofrades ni todos los cofrades son, necesariamente, hermanos. Ser cofrade es un camino de aprendizaje y práctica, de reconversión, de frustración, de abandono y resurrección…como ser mujer. Ser cofrade es la eterna lucha entre el ser y el deber ser en una sociedad en la que Dios no está de moda…como ser mujer.

Vengo de una generación que nació en democracia y que, sin embargo, en sus Hermandades, como en la mía, no podían votar las mujeres ni hacer estación de penitencia (hasta que tuve 16 años) mientras se nos repetía el mantra de la tradición -el “siempre ha sido así”- y hasta lo creíamos porque, en la juventud del sentir cofrade, no osas dudar del maestro ni tampoco conoces a un tal Ilundain y la pérdida de derechos que se produjo siendo él Cardenal.

 

Soy hija de un tiempo en el que se seguía comentando que “las niñas del grupo joveniban a buscar novio y tres cuartos de lo mismo ocurría con las mujeres que acudían a los ensayos de costaleros porque, para los padres de los 80 y 90 –y hasta casi de los 2000-, no era sitio para niñas. Como tampoco lo eran las priostías -más allá de las camareras- ni las bandas ni los cuerpos de acólito…ni los atriles.

Pero seguimos como lo hicieron otras antes que nosotras y como lo están haciendo después de nosotras. Muchas fuimos las que nos abrazamos calladamente a la malentendida imagen de la Magdalena como mujeres valientes y decididas a encontrar nuestro sitio más allá del que decían que nos correspondía. Poco a poco, siempre de frente, lo nuestro no es un paso de mudá sino una revirá lenta hasta que un día consigamos los 180 grados.

 

Nuestro camino siempre es más lento, siempre es más arduo y siempre hay que demostrar más. Siempre hay quien te mira por encima del hombro y quien te afea que le “quites su puesto en el cortejo” -ay, la antigüedad, qué traicionera- y siempre hay quien te deja caer el “tú que sabrás de esto”. Aunque, posiblemente, el mayor desprecio, es que te digan “bueno, pero Fulanita no cuenta, es un hombre más”.

Entonemos también nuestro mea culpa, no podemos ser cofrades públicas en la juventud y las eternas transmisoras de la tradición en la edad adulta. Es precioso que veamos a nuestras madres y abuelas como las grandes transmisoras de la fe y el amor por los titulares, que las recordemos preparando con mimo las túnicas para la estación de penitencia, haciendo torrijas…pero también debe ser precioso recordarlas por grandes Hermanas Mayores, por grandes Diputadas Mayor de Gobierno, por fieles y celosas Fiscales. Nuestro sitio no es la secretaría ni la acción social, nuestro sitio es aquel que queramos o aquel para el que estemos mejor capacitadas.

 

Habrá un día que ser pregonera no cause expectación como tampoco habrá que mirar las fotos de las Juntas para contar cuántas somos; habrá un día que nos será más habitual ver artículos con nuestra firma; habrá un día en que nuestra voz sea habitual en todos los círculos. Pero mientras llega, sigamos con “los cuerpos bien arriba” y aunque la Cuaresma -y el propio 8M- se viste de morado, revistámonos nosotras del verde de la Esperanza, el verde de los cirios de las primitivas cofradas de Vera+Cruz. Trabajemos incansables pero visibles, por nosotras, por vosotros, por la Semana Santa…por Sevilla.

 

 

Fotografía de portada: Raúl Caro (Público)

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