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La nueva saya de la Esperanza. De Morón a Triana, el patrimonio conventual desvalido

La saya fue adquirida en un anticuario de Carmona por un grupo de hermanos, a dicho anticuario la habían vendido las monjas clarisas de Morón fruto de la falta de conocimiento o la necesidad económica

En la noche de ayer se presentaba en la Esperanza de Triana una nueva saya bordada, comprada y donada por un grupo de hermanos a la Dolorosa de la Madrugá, que ha sido restaurada y pasada a nuevo terciopelo de seda color morado por Francisco Carrera Iglesias.

La saya está bordada en oro fino, inicialmente sobre un soporte de terciopelo negro. La configuración actual que presenta su diseño está realizada con toda seguridad a finales del siglo XIX, aunque en su hechura reaprovecha también bordados más antiguos, que técnicos del IAPH han situado en el siglo XVIII.

Los fastos del estreno y presentación de dicha saya guardan alguna historia triste que no debe pasar desapercibida. La portentosa saya era propiedad de un convento de Morón de la Frontera, de la congregación de las Clarisas levantado en el Siglo XVI y que guarda una auténtica joya arquitectónica y patrimonial bajo sus muros.

Este tesoro patrimonial se encuentra en peligro, fruto del creciente desconocimiento o las apreturas económicas que asolan este siglo XXI a los conventos y órdenes de clausura que empujan a muchas de ellas a la venta de patrimonio, como es la rica saya obtenida por un grupo de hermanos. Este patrimonio se vende y se revende en anticuarios especializados obteniendo un rédito económico. Las congregaciones se dirigen, en la mayoría de los casos, por religiosas llegadas del extranjero con carencias notables en el conocimiento del patrimonio, algo que no saben desaprovechar los intermediarios de las compras y ventas de arte.

Es el caso de la saya, que pertenecía a una dolorosa que hemos podido rescatar luciéndola en su altar conventual.

Destacan, en su diseño, su marcada asimetría y la gran variedad de flores que conforman el dibujo aludiendo las virtudes de la Virgen, así como la calidad del oro y de los materiales originales que la componen, hojillas, canutillos, talcos, mingos, lentejuelas, etc, que se han conservado casi en su totalidad, prevaleciendo el criterio conservativo al de sustitución arbitraria de elementos originales y manteniendo siempre el diseño original.

Una pérdida patrimonial de nuestros conventos, que, al menos, podremos disfrutar en la calle Pureza.

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Un comentario

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Manuel Gonzalez 21 marzo, 2019 at 3:13 pm

La pena es que estas monjas no son de los conventos que no tienen entradas economicas pues en el edificio de su convento hay un domicilio particular, una guarderia y la oficina de turismo por el que recibiran su correspondiente alquiler

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