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Que 100 años no es nada…»Desde el objetivo de Sánchez Carrasco»

En eso andaba pensando, en el trecho tan corto, y tan largo a la vez que la marcha Amargura, o Amarguras(que dirían los modernitos) ha circulado entre nosotros como si fuera algo intrínseco a todos, algo que ha estado ahí eternamente.

No soy músico, aunque he ejercido como tal y cuando a finales de los 80 mi banda de la Juncal se convirtió en Redención, los primeros contratos se tocaban sin trombones, sólo cornetas y trompetas; cuando comenzamos a sonar con un trombón, que fui yo, al principio todos me miraban al acabar una marcha. Con el paso del tiempo todos interiorizamos ese sonido bronco y rudo que salía de mi trombón, como si siempre hubiera estado allí. Eso nos pasa con Amargura, que yo no soy modernito, ni purista, parece que siempre ha estado ahí de banda sonora de un recuerdo cofrade. Sonidos evocadores de plazas llenas con un cielo de estrellas y Dolores volviendo a San Vicente, sonidos de Aurora despidiéndose de Sevilla hasta el año siguiente, sonidos de tu dolor silente en la compañía de Juanillo, despacio, muy despacio dando la vuelta en tu puerta, una de esas cuaresmas en las que trabajar en prensa te permitía ver las cosas en primera línea, para tratar de apreciarlas mejor. Aunque para apreciarla como nadie oírla desvanecerse mientras un palio se aleja, tarareando aquellas partes que tu oído ya no percibe por la lejanía. Yo me he prodigado poco en pregones pero también se lo que es el temblique de una mano cuando suenan esos últimos compases que suenan a cierre de puerta en San Juan de la Palma ya entrado el Lunes Santo.

Cuentan que la sinrazón de una guerra entre hermanos se llevó por delante a su creador, que en Sevilla conserva un recóndito callejón, y que fue un 20 de noviembre el mismo día que murió Buenaventura Durruti, líder anarquista, y en cuyo entierro sonó Amargura, y es que el dolor no entiende de banderas, y es dolor lo que subyace a esa melodía. Quizás la perfección de esta marcha es que ves la cara de la Virgen de San Juan de la Palma cuando la oyes, ese dolor sereno, ese rictus de tristeza incontrolada y a la vez tan controlada.

Cien años del dolor hecho música y de la música dolorida que Font de Anta dejó como banda sonora de nuestros recuerdos cofrades.

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