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Anatomía: Cristo de la Salud de San Bernardo

El crucificado realizado para un oratorio fue a parar a una popular Hermandad de un barrio obrero que quedó huérfano tras los incendios de 1936.

Antiguo crucificado de San Bernardo, atribuido al círculo de Roldán.

Con un joven del barrio, enfermo y encomendado a la figura de un crucificado en San Lázaro, así comienza, en el S. XIV, la historia y el nexo de la advocación del Cristo de la Salud y el barrio de San Bernardo. La actual imagen, que vino a sustituir a la desaparecida, obra atribuida por los expertos a Roldán, en los incendios ocasionados en los albores de la Guerra en 1936, llegó al barrio para quedarse y ser el centro de él, tras la intercesión del Cardenal Segura en enero de 1938. El Señor pasó de presidir un íntimo oratorio a vertebrar la vida de uno de los barrios, en su día, más populares y fervorosos de la ciudad con una de las hermandades más multitudinarias.

El Cristo de la Salud es una obra atribuida al artista sevillano Andrés Cansino, se encargó para presidir el Oratorio de la Santa y Venerable Escuela de Cristo, una congregación de origen italiano, elitista y de profunda religiosidad, cuyas reuniones presidía un Stabat Mater. Ubicada en la Calle de los Colcheros, hoy en día Tetuán.

El crucificado de un tamaño menor al habitual, 165cm, realizado en madera de cedro, representa a Cristo en los momentos posteriores a su muerte, derrumbado en la Cruz, su cabeza cae sobre el pecho con una ligera inclinación hacia la derecha, el cuerpo descansa sobre los clavos que lo sustentan al madero horizontal o patibulum, sin embargo el Cristo de la Salud muestra un rostro dulcísimo, en el que pasan inadvertidos los

FOTO: J.M.SERRANO, RAUL DOBLADO.
Cada Miércoles Santo San Bernardo regresa al Barrio para acompañar a su cofradía. Foto: J.M. Serrano, Raul Doblado.

síntomas del sufrimiento y la agonía, parece dormir el sueño eterno. La faz del Señor refleja serenidad, el dolor se ha esfumado tras alcanzar el buen fin de su cometido, Él sabe que vino para ello y se ha marchado en paz a la espera de su resurrección, bien podría haber sido advocado como Buena Muerte, porque es lo que refleja su semblante. Ello lo convierte en una imagen de gran unción, idónea para la meditación y el recogimiento.

En la talla del crucificado vemos los rasgos más habituales de la Escuela sevillana de mediados del XVII, formada por Arce, Hernández y Roldán,  entre otros,  la imagen representa un momento dramático con una minuciosa dulzura en su modelado, es notoria la influencia italiana y los rasgos casi manieristas en su ejecución, el trazo largo de la gubia y la brevedad del sudario de amplios pliegues anudado con una soga. La gran corona de espinas, tallada en el mismo bloque craneal, recordando a las coronas mesinas, como la del Cristo del Amor. La morfología de la imagen muestra frontalidad y una simetría clásica, sorprende el tratamiento abocetado de la espalda frente al trabajo concienzudo del rostro y torso, quedando de manifiesto que el lugar para ubicar a la imagen era un retablo.

 

La breve vida de Andrés Cansino

Este autor sevillano nació en 1636, en una época dura, de guerras, penurias económicas y peste, enfermedad que acabaría con la vida del maestro Juan Martínez Montañés entre otros, dejando la ciudad prácticamente asolada. Son esos años en los que el joven Andrés entra a trabajar en el taller que el imaginero flamenco José de Arce (Ioseph Aerts) tenía en la calle Aire, es aquí donde entraría en contacto con la escultura barroca italiana que Arce introdujo en la Escuela Sevillana. Sería en 1655 cuando el Maestro Cansino abriría su propio taller en la, hoy, calle Tetuán, donde coincidiría como vecino de otro de los artistas más importantes de la Escuela Sevillana, el imaginero Pedro Roldán, con el que cuajó una buena amistad que le permitiría entrar en la Academia de Arte que fundó Esteban Bartolomé Murillo, y donde Roldán ejercía como maestro.

La inesperada y prematura muerte del joven artista, a los 34 años, cegó una prometedora carrera profesional, la cual dejó una producción escasa y muchas obras a medio hacer. Dejando en su testamento reflejada buena cuenta de sus obras, como el Nazareno del Viso del Alcor, fundamental para la atribución del Cristo de San Bernardo. Su discípulo aventajado se haría cargo del taller de la calle Tetuán, el utrerano, Francisco Antonio Ruiz Gijón, quien años más tarde gubiaría al Cachorro.

Anatomía: Cristo De La Salud

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* A la cofradía del barrio de mi familia.

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