Actualidad Opinión

A Luis Álvarez Duarte

LUIS CHAMORRO.Se fue el maestro. Se fue el amigo. Se fue el cofrade. El Niño Imaginero. El de la afable charla sin tregua. El que vivió aquellos años finales de una Sevilla romántica de la que estaba enamorado, y estiraba, y exprimía, confiado, en que ahí radicaba la esencia de sus Hermandades.

Ya han descansado tus manos y tus ojos de pillo, han dejado de brillar.

Ya han quedado colgadas tus batas llenas de salpicones de oleos y de mezclas inverosímiles de la cocina de las Bellas Artes.

Ya, por la ventana del estudio, no verás entrar ese sol de primavera perpetua que te inspiraba.

Ya se ha apagado, definitivamente, el cirio con el que mirabas a María y a Jesús en la noche, para que te hablaran y te dijeran susurrando al oído si estaban dispuestos a recibir los rezos y las plegarias de sus devotos.

Ya se han quedado tranquilas las gubias de arañar, desmochar y cortar la madera sin cansancio.

Ya no escucharás en la radio del estudio la sintonía de boletines, entrevistas, marchas y las señales horarias de la Cadena SER.

Ya no andarás tempranito por Bormujos y por Gines. Ya te has ido.

Trabajando hasta el último día y haciendo lo que te gustaba desde que viste, con 8 años, aquel paraíso en la Casa de los Artistas. Fuiste inquieto y vivo, y no te conformabas fácilmente. Querías aprender y aprender y ¡vaya que si aprendiste!

Supiste alejarte de los cantos de sirena de cuando en los madriles te tiraban la caña. Hubiese sido muy cómodo, pero tenías claro, desde pequeño, que tú querías ser de mayor, el que hacía esas vírgenes sevillanas que iban bajo palio. Y no titubeaste lo más mínimo para conseguir una muy buena cosecha madrileña y volverte siempre a tu Sevilla.

La impronta humilde de tus orígenes se tatuó en tu piel. Conociste el hambre y la necesidad y disfrutaste la abundancia y la prosperidad sin olvidarte nunca de la precariedad. Desde bien joven te bandeaste con agilidad y pundonor. A pesar de las dificultades que en todas las familias se viven, conseguiste, con los años, limar asperezas y conciliar ánimos. Eras buena persona, bruto y generoso. Bohemio, honrado y sensible. Fiel amigo, ingenioso y socarrón. Renunciabas a la pompa y al boato porque no te gustaba el falserío y la pedantería. Disfrutabas de la sencillez y gozabas de la cordialidad y la sincera compañía. Te encantaba cortar jamón con la gubia recién afilada, y conversar en buena reunión, mientras se retrasaba, una vez más, la espuela de vino.

Nos has dejado tristes y huérfanos de tu presencia, pero nos regalaste las devociones de media Andalucía. Te embriagaron de homenajes, agasajos, premios y distinciones y te dejaron, curiosamente, sin la medalla de tu ciudad y de tu región. Lo hubieras tenido fácil, amigo. Una sola llamada, y…. Tu integridad te lo impidió, y también, que no adulaste, jamás a quien te lo podía conceder.

Le pusiste pasión a la vida para regalarnos la belleza. Y fueron brotando de tus manos vírgenes y cristos a borbotones. La ópera prima fue para tu barrio y Dolores la llaman allá por San José Obrero.

Y después……Guadalupe. Guadalupe siempre Guadalupe. Has llenado tu vida de Guadalupe porque Guadalupe es tu vida. Ese sueño de niño hecho realidad: ser imaginero de Sevilla. Esa promesa a la Virgen de que tu casa se llamaría así y que tu hija, también, se llamaría así, la hiciste realidad: por esa casa del Aljarafe se pasea una pelirroja traviesa que unió por siempre Guadalupe con Álvarez Duarte.

Te vas y nos dejas tristes. Muy tristes nos quedamos los que te hemos querido y apreciado. Somos muchos, casi una legión, diría yo. Entre amigos, conocidos, admiradores y devotos de tu prole. Hoy queremos estar, no faltar. Hoy le rendimos homenaje y despedida al amigo, al artista y al hermano. Hoy te marchas, y nos dejas vírgenes y cristos en infinitud de rincones. Nos dejas tu arte y tu bien hacer. Nos dejas una obra ingente, un legado colosal. Un recuerdo imborrable y una página de oro en el libro de la historia de Andalucía.

Te vas. Pero antes de caminar hacia el sendero celestial volverás a los pies de Guadalupe. Una vez más la mirarás con la incredulidad de quien no supo cómo fue que la hizo. Una vez más cerquita de Ella. Una vez más ese sueño de niño que se hizo realidad en forma de Virgen sevillana bajo palio. Una vez más junto a Ella. Rodeado de cofrades de todos los sitios donde sembraste la unción y el fervor, y de amigos que conocieron al hombre y al personaje. Hoy, Guadalupe no estará como siempre. La negrura en su dolor tamizará la belleza de su rostro y nuestra tristeza enlutará la mañana para la posteridad, en el recuerdo de un hombre que se marcha para quedarse, en el rostro de su Niña Guadalupe. Descansa en Paz.

Luís Chamorro García.

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