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Aunque fuera un tronco seco

Aunque fuera un tronco seco, deforme, oscuro, podrido, en esas fotos en las que te vimos, en esa difusión científica que muchos han tratado por ataque y de hacer tambalear su fe o de sentirse agredidos u ofendidos en sus sentimientos cristianos.  ¿Cómo me iba a ofender verte señor en ese cuerpo roto ennegrecido a parches, mutilado, abierto el pecho en canal o desmembrado en sus brazos y piernas?

Ese leño dolorido de tu rostro nazareno, ¿cómo a alguien le puede ofender tu cara partida Señor? ¿Cómo nadie es capaz de voltear la historia y ver la imperfección del hombre que no ve más allá de su nariz, de sus ojos terrenales, que ama la madera más que lo que simboliza, que no entiende que Tu cuerpo descompuesto puede ser también la simbología de nuestras cofradías?.

Aunque nada humano al menos, quedara ya en la madera, ¿no queda la obra del artista?, ¿no queda la belleza del trabajo de un hombre, que con dulzura recompuso tu cuerpo para volver a ser la diana de las oraciones de hombres rotos, cuya alma se desmiembra, pero por dentro, porque no sintió jamás tu carne viva y solo conoce tu madera? ¿Quién no entiende que en la última viruta del viejo árbol del que te esculpieron…hasta ahí… queda Tu presencia, digna y bella?

Aunque ni tus ojos parecieran, capaces de tu mirada, ni la llaga descarnada de tus manos, manos fuera. ¿Quién se esconde tras los cristos bellos? ¿Qué necios no encuentran belleza en la humanidad de tu radiografía? Dios y Hombre que necesita de enfermeros, Dios y hombre que necesita abrirse por dentro, descubrir todos los clavos que te taladramos. ¿Quién no puede estremecerse al verte sobre una camilla abriendo tu pecho como una fuente que albergase las oraciones de los abuelos de mis abuelos, en un tesoro eterno? ¿Quién no sabe mirarte Señor solo si eres un Cristo Bello que lo aleje de la realidad del sufrimiento?

Si ni las espinas hirieran tu sien de miel traspasada; de ese Cachorro que renació de sus cenizas y que gracias a esos hombres volvió a la vida en la calle Castilla expirando. ¿Quién esconde tu historia? ¿Quién te niega que resucites también en manos de los hombres si estos te olvidan y te esconden cuando te mutilas?

Aunque ya no hubiera nada de misterio o de dolor, en tu cuerpo Cristo de la Fundación no me ofendería tu imagen descompuesta, ni tus piernas desmembradas pues no me cabe duda de que irías igualmente presto en mi ayuda.

Si no quedase nada Ni de hombre ni de Dios, en el leño de tu cara, Señor del Museo, La Quinta Angustia o nazareno de Pasión. Hago míos los bisturís que te rasparon, las espigas que te atravesaron, la cola que unió tus brazos a tu pecho descarnado, el hueco de tu abdomen que vació tu cuerpo entregado para rellenarme a mí el alma.

Debería haber más cristos rotos, uno en la puerta de cada Iglesia que gritase el dolor de quienes corren el peligro de adorarte en la madera y no venerarte en su alma.

Hago mías las palabras del poeta, que supo entender la materia, pues siendo médico él, quien mejor para conocer la belleza de toda tu carne. Y gritar al viento, viendo esas fotos de mis cristos desmembrados que…

 

En lo poco que quedara

Vendría a rezarte también

Mi Señor del Gran Poder

Carne de Dios Sevillana.

 

*  Las frases resaltadas en negrita han sido extraídas del pregón de Don José María Rubio, poeta y Médico que pronunció el pregón de la Semana Santa en el año 1991.

 

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