Actualidad Opinión

¿El fin de la clase media?

La desaparición de distintas bandas, en la opinión de Jose Luis Asencio.

En estos tiempos de ¿sucesivas crisis económicas? (para algunos en vez de esas muchas crisis de las que se hablan solo hemos conocido una crisis grande que nos viene pillando toda la vida) no es extraño leer y escuchar a través de los medios o incluso en la misma calle sobre el fin de la clase media, esa clase que, valga la simplificación, no se encuentra ni se aproxima a los niveles de las clases altas adineradas pero tampoco vive con las limitaciones y carencias de la clase baja. Una simple búsqueda en Google con el título que acompaña este artículo arrojará numerosos resultados y enlaces a noticias, artículos, medios e incluso hasta la existencia de un libro con dicho nombre, y reflejará una realidad indiscutible: la clase media está desapareciendo porque su poder adquisitivo ha ido disminuyendo ya que todo se ha polarizado. Los ricos son cada vez menos pero más ricos y los pobres somos más y más pobres también…

…pero no les voy a soltar ahora una chapa de economía ni nada similar.

Quienes alguna vez hayan tenido la oportunidad de leerme por cualquiera de los medios por los que suelo expresarme, sabrán que siempre he mantenido la postura de que el mundo Cofrade, y en especial el submundo de la música cofrade dentro de éste, son fiel reflejo de la sociedad a la que pertenece. Y en este caso, aunque no en matices estrictamente socioeconómicos, no iba a ser diferente.

Hace nada nos sobresaltaba la noticia de una nueva banda, en este caso la Agrupación Musical “Azotes” de la conocida Hermandad del Confalón en la localidad de Écija, que cesaba, aquí de manera supuestamente temporal, su actividad “por motivos de reestructuración y reorganización” según palabras textuales del comunicado emitido por dicha banda, que no viene sino a ser el eufemismo de una situación tristemente muy repetida en las formaciones de lo que yo he pasado a denominar la “clase media de la música cofrade”, que no son otra cosa que aquellas bandas que no están entre las denominadas “grandes” o “tops” de contrastada calidad y reconocimiento (y que todos seguramente conoceremos), pero tampoco son esas típicas bandas pequeñas, normalmente de poblaciones pequeñas, que hacen música cofrade de aquella manera, a las que no interesa tanto sonar bien sino que el mero hecho de salir les supone una satisfacción pues no tienen mayor aspiración que tocar y acompañar a las procesiones a las que están acostumbrados (bandas, digamos, tipo Churra o similares).

El nombre de Azotes se suma a una lista de nombres de bandas que en los últimos tiempos han sido noticia por el cese de su actividad, ya sea temporal o permanente. Bandas como Pasión y Esperanza de Utrera, Dulce Nombre de Marchena, Santa María la Blanca de Los Palacios,… por citar algunas de los últimos meses ya forman parte de ese grupo que, mucho nos tenemos, aumentará en un futuro más que cercano pues numerosas bandas medianas sobreviven a duras penas día a día.

La clase media de la música cofrade está en claro riesgo de desaparecer. Las bandas que no tienen la dicha de pertenecer a esa élite de bandas famosas pero aun así aspiran a ofrecer una calidad mínima, por lo menos mayor que aquellas mencionadas bandas pequeñas, cada día presentan más dificultades para salir adelante y, por mucho que trabajen, algunas mejor que otras, la “clase alta” cada día es menos permeable a nuevas formaciones, mientras que sí es más fácil descender por un mal año, ante lo cual, como estamos viendo, muchas bandas optan por tirar la toalla antes que resignarse a pertenecer a ese grupo (y tratar de volver a ascender). La crisis es evidente y es una realidad.

Algunos, los más optimistas o los que todavía miran con color de rosa y luz artificial un mundillo con cada vez más sombras como éste, achacarán ésto a los cambios socioeconómicos en la sociedad, a que cada vez es más difícil la conciliación familiar, a que ahora es más difícil para los adultos encontrar tiempo para ensayar mientras que los jóvenes no están por la labor,… y es posible que eso también haya ayudado, pero todos esos argumentos se desmontan cuando observamos que las bandas grandes, la “clase alta” (cuyos músicos también son personas normales y corrientes con sus vidas y trabajos y, por lo tanto, digo yo que tendrán los mismos problemas que los componentes de otras bandas), cada vez cuentan con más y más componentes entre sus filas. Tal y como mencionaba en redes sociales, el panorama futuro, de hecho, tiene visos de ser tan desolador como que nos llegaremos a encontrar a las bandas “top” superando las 2 centenas de componentes (nada descabellado, pues ya algunas afirman contar con cifras de 160/170) pero tan absurdamente grandes y desproporcionadas que de hecho ya afecta a su sonoridad en la calle, mientras que en el otro lado encontraremos cada vez menos bandas y cada vez menos numerosas, una desigualdad creciente que, al menos para quien les escribe, claramente perjudica a la música cofrade.

Una banda ocupando todo el espacio de la Campana

Sin embargo, no culpo de esta situación a las mencionadas bandas grandes. Eso sería un análisis simplista y demagógico, por no decir estúpido e incluso victimista. Al fin y al cabo, las bandas de la “clase alta” buscan, como todas, sus propios beneficios e intereses.

La verdadera culpa se podría definir en una sola palabra: EXIGENCIAS, y que llevan y van de la mano con otro palabro muy vinculado a lo cofrade: el POSTUREO Las bandas cofrades cada vez están sometidas a unas mayores exigencias, tanto propias como impuestas, que están llevando a esta situación de extremos en la que el aparentar a veces prima sobre otras cuestiones más importantes.

Por un lado, las exigencias de la parte contratante, de las Hermandades, a lo que añadiría yo del público, que cada vez pide más un tipo de banda y de música bastante específico que prima e incluso necesita de bandas de centenares de músicos, en algunos casos Hermandades que lo demandan por contrato, aunque luego te encuentres que esté solicitando una banda de 100 músicos una Hermandad que no llega ni a 50 nazarenos y/o que incluso tiene problemas para encontrar costaleros para su paso. Pero, eso sí, el burro grande, ande o no ande, y que por supuesto me toque las marchitas “to wapas” de la banda fulana, marchas cada vez más pensadas para estar defendidas precisamente por bandas numerosas, convirtiendo ésto en la pescadilla que se muerde la cola.

Pero sobre todo, la mayor parte de culpa recae en las propias bandas de “clase media” y los propios músicos, en sus propias autoexigencias y aspiraciones. Lejos de venderse y defender lo que son, las propias bandas de la “clase media” se pliegan sin rechistar a estas exigencias y buscan también aparentar lo que no son, quieren ser lo que no pueden llegar a ser con los propios medios de los que disponen.

Si a ello le sumamos una nueva generación de músicos cofrades que, como lo es la generación que estamos criando, es una generación acomodada, acostumbrada a que todo se le dé mascado, no sabiendo por tanto valorar el trabajo y el esfuerzo, prefiriendo por ello irse a bandas donde ya lo tienen todo hecho en lugar de intentar mejorar sus bandas de “toda la vida” en las que se inician; además de buscar con ésto realzar su propio ego a base de conseguir el like en Instagram y el vídeo en Youtube postureando vestido con el uniforme de la banda grande de turno; lo unimos a los ya frecuentes “pasea trajes” (personas que salen/se les permite salir tocando sin un mínimo ensayo, habiendo faltado sin justificación alguna) que suelen pulular por bandas medianas, esos “músicos” que muestran una absoluta falta de compromiso y de empatía hacia sus propios compañeros cuyo trabajo echan a perder por, también puro egoísmo, y todo lo metemos en la olla de la desidia e irresponsabilidad de algunas juntas directivas de esas bandas incapaces de lidiar con la correcta gestión de la formación que creen comandar, permitiendo toda esta clase de comportamientos por el simple hecho de buscar (otra vez la pescadilla mordiéndose la cola) más cantidad que calidad de músicos, el resultado, cuando todo se pone al fuego, está servido en bandeja: se cocina la desaparición de otra banda más.

Lamentables situaciones que, mucho me temo, tristemente seguiremos conociendo en el futuro e irán a más mientras la mentalidad del músico cofrade medio actual siga siendo esta mentalidad 3.0. La de las redes sociales, la del bien propio sobre el común, la de la insolidaridad y falta de compañerismo, la de la fama y la vanidad sobre todo…

Odio eterno a la música cofrade moderna.

 

 

 

 

*La fotografía de portada es de la web: https://tabernacofrade.net/

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Un comentario

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José luis 01/22/2020 at 18:44

Falta de escuelas de música en este tipo de bandas y exigencia de crear músicos y no loros

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