Actualidad Opinión

Abran los ojos

Adrián Riquelme nos trae su reflexión sobre la cartelería cofrade actual.

La cartelería cofrade pasa por un momento en el que, al menos, existe un público atento a las novedades que se presentan. Buena señal pero no seamos conformistas, falta educación contemplativa.

En esta recién estrenada década de los veintitantos, en el contexto social de una ciudadanía que cada vez se expresa más pero peor por escrito, el cofrade tiene el derecho de opinar sobre cartelería como de marchas procesionales, exornos florales o formas de vestir a las Imágenes. Eso no los eleva a la categoría de críticos de arte, pero sí ayuda a conocer el gusto, las influencias mediáticas y cultura del sevillano.

Algunos se preguntan si la Semana Santa de Sevilla necesita lo que mal llaman «pregón gráfico». La respuesta simplista es NO. Así que si opinan así, dejen de leer.

El cartel que edita el Consejo de Hermandades hace tiempo que dejó de ser (¿o algún día lo fue?) un medio comunicativo y publicitario que muestra un mensaje sobre lo que ha de venir y se ha convertido en un acontecimiento más de la «pre-Cuaresma»: presentación (ahora también en streaming), fotitos, algo de debate en Twitter y poquito más. Como mucho sirve para verlo en algún comercio tradicional de los que cada vez quedan menos colgado con Tesafilm AKA Fixo.

Todo muy localista, no vayan a querer venir más foráneos a la mejor Semana Santa del mundo… Después no sorprende lo que piensan en Cádiz de su Carnaval. «A la gente de fuera no hay que traerla. Hay que decirle que no venga más» – Manolito Santander (QEPD).

Retomando. Un cartel debería ser mucho más que recordar una efeméride y ser la excusa perfecta del artista para trascender, de manera vanal y pisoteando a quien haga falta, en la historia de la Semana Santa. No nos damos cuenta que somos un granito y que sólo la Fe es eterna.

En un cartel -desde mi punto de vista- se debe representar la Semana Santa del año que se anuncia con una estética propia, contemporánea a poder ser, y con una perspectiva personal y sincera.

Ahí está el de Manolo Cuervo para Jerez, el de David Payán para Huelva, el de José Luis Puche para Málaga -¡ay, Málaga!-. Los de Antonio Díaz Arnido para Cuenca y su Hdad. del Carmen o el de Jonathan S. Aguilera para mi Hdad. de El Cerro (barriendo pa’ casita).

Se está haciendo muy buena pintura en Sevilla. La colección de Las Glorias mola más que la de penitencia. O, por ejemplo, miren la portada de El Llamador del Taller Daroal: simbólica, representativa, versátil, directa, evocadora y muchos otros adjetivos que, a mi parecer, encajan en su función.

Recen por quien no reconozca ipso facto ese talón.

Un cartel, como obra creativa que es, también puede recibir aportaciones nuevas y revisiones de lo ya conocido, como el cartel-relicario de Rafael Laureano para Almería o la aportación didáctica que hará Daniel Bilbao a través de su pintura para Sevilla a sus alumnos de la Universidad. Y es que el cartel de Bilbao (el apellido, no la ciudad) es redondo.

Otra cosa es que, según se palpa desde lejos, no sentara bien en ciertos círculos que haya habido remuneración económica digna y no a cambio de un puñado de croquetas (Daniel Franca dixit). La publicidad era suficiente para quienes había que publicitar. ¿Tampoco ha gustado que se apueste por la excelencia? Un profesional del arte del que nadie duda si sabe dibujar.

¡Saber dibujar…! ¿Os parece poco? ¿Os parece pedir mucho? Sería buena prueba de acceso para poder realizar este cartel. Quizás así veríamos que algunos artistas no saben ni cómo se coge el carboncillo.

En fin. Todos lo sabemos. Sevilla es Sevilla. Es difícil huir de lo más de lo mismo. No vaya a quedar mal la Junta de Gobierno de turno… o dejarse asesorar por artistas. La Macarena es un buen ejemplo, aspirar alto es querer aportar. Lo último: Danh Vö.

La sociedad inmovilista impone en todos los sentidos. Parece que quiere que todo siga tal como está y que año tras año se repitan los mismos acontecimientos de tal manera que la tradición es el prisma por el que ver la vida pasar. ¡IN ICTU OCULI, miarmas de mis entrañas!

Ojo, que también hay poco atrevimiento en el pintor, salvo excepciones que sirven de faro en el mar oscuro de la mediocridad artística del que algunos más que otros necesitamos huir. O intentarlo. Nadie sabe qué nos traerán las musas en nuevas etapas creativas.

Sin embargo, y ya para concluir, hay detalles en este 2020 que hacen retomar la ilusión por la cartelería cofrade a quien un día la perdió.

No sabéis cuánto se aprende observando. Lo recomiendo. No tengáis miedo tampoco a desaprender, a que os cambien vuestro punto de vista, a que os guste algo que antes no os gustaba. El arte no es un equipo de fútbol y los espectadores no deben ser ultras con bengalas y voz ronca.

Abran los ojos.

 

*La portada es un fragmento del Cartel de Maireles de la Semana Santa de Sevilla de 1995

Por Adrián Riquelme

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