Actualidad Opinión

La postverdad y la ilusión

Me pongo de fondo “Dolores, Saeta Onubense” y doy vueltas sobre una frase que leí hace unos días, es cuaresma y ya todo se relaciona con una cosa: la semana más esperada del año. La frase era de una de las escritoras más destacadas del modernismo literario del siglo pasado y pionera del feminismo. Virginia Wolff. “El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, consciente todo el tiempo que no es verdad, y por eso pone cuidado en no destruir la ilusión”.

Nos ha tocado vivir en la época de la postverdad definida por la RAE como la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influenciar en la opinión pública y actitudes sociales.

Antes, lo que gustaba era una buena bulla ahora la moda es buscar soluciones para huir de ellas. Antes gustaba buscar el rincón, la calle diferente y hacerla propia y reconocible de una hermandad, ahora la tendencia es estandarizar recorridos y, culo veo, culo quiero. Antes, se priorizaba el tránsito por los barrios y ahora lo importante es huir de ellos para centrarse en el centro, como si de un slogan político fuera. Antes se priorizaba el poco pero de calidad sin importar el tiempo, un proyecto. Ahora, se prioriza el mucho, aunque sea malo, y ya. Antes, un proyecto era el orgullo de la hermandad y se enseñaba a todo el mundo que pasaba por allí, ahora se estrena todo en conjunto, no se enseña ni un trocito de bordado como si de un mapa de un tesoro se tratase. Porque al final, lo que se busca es lo que ahora hace sentir más importante a una hermandad: el número de nazarenos, de hermanos, de público, seguidores en rrss, visitas en youtube… eso venden que es la grandeza y lo que marca la importancia de una hermandad, y no señores, esa es la postverdad, la verdad es que eso alimenta el ego de unos pocos. Las vallas y los aforamientos no dan más seguridad, eso es la postverdad, la verdad es que menos sillitas y evitar campamentos base si sería ayudar a que hubiera más seguridad. Cambiar de recorrido, la posición en carrera oficial o incluso de jornada no te hace menos, toda la vida ha sucedido y ninguna hermandad se ha vuelto ni mejor ni peor. Pero ahora, si te mueves, pierdes. El que una jornada comience por la Catedral no desvirtúa nada ni, mucho menos, es contranatura, por no ser, no es ni original, pues el Sábado Santo fue así hasta hace unos pocos años. La verdad es que la Semana Santa a través de los tiempos se ha ido adaptando a los tiempos. La postverdad es que el cecop está para velar por la seguridad durante la semana pero la realidad es que es el brazo ejecutor de los mandamases, prohíbe y permite según le indiquen. Y la postverdad se ha llevado por delante dogmas de fe como que la hermandad que va de ida tiene preferencia, la realidad hoy es que la segunda campana de otra hermandad tiene preferencia o que una hermandad no quiera cambiar dos calles su recorrido haga que la otra se tenga que comprimir hasta la extenuación, amén de pegarse un parón antológico. La verdad es que con un poco de sentido común y colaboración de todos, los problemas tienen fácil solución.

Sin embargo, el amor por esta bendita pasión cofrade, hace que un Martes Santo vaya al Cerro o un Miércoles al anochecer acompañe a San Bernardo hasta la entrada y siga creyendo que ese aroma a barrio no se ha perdido, que las tardes del Domingo de Ramos y Jueves Santo en San Jacinto y Feria permanecen intactas a la destrucción del tiempo. Que esas entradas tardías con los hartibles ya solos en las plazuelas no se van a perder nunca en el Museo. Que los aforamientos, vallas y peligros no han existido cuando por la mañana vaya a Triana o a la Macarena un Viernes Santo. Que el proyecto que presentará Los Estudiantes para su paso, basado en el faldón y los hachones, será una muestra de que vuelve el esplendor por los buenos proyectos y que en El Cachorro mientras hay vida, hay esperanza, no vayan a caer en la mediocridad de cargarse otro paso para seguir yendo a peor. Que si se funda una cofradía de vísperas tenga la referencia de la Milagrosa con Navarro y que a Darío Fernández Parra le confíen algunos de los misterios que sin duda serán cambiados cuando la verdad gane a la postverdad de nuevo y los egos y complejos queden en casa para recordar que siempre se sustituyeron imágenes y no pasó nada. Confiar que la música con los Gándara y Hurtado, con Pasión y Rosario haga que crezca el nivel y nos olvidemos del pachangueo. Y aquello de lo que los de fuera nos roban. No hijo no, los de fuera nos dejaron un legado increíble, entre otras cosas, con muchas de las mejores imágenes de la ciudad.

Es cuaresma, es tiempo de disfrutar con lo que se nos avecina, de ponernos Amarguras, de ir a besamanos, mudás, vía crucis, subidas al paso, de conseguir nuestros programas de mano, de ponernos vídeos de Semana Santa con un nazareno al lado echando sahumerio y unas torrijas en la mesa para deleitarnos con lo que está por venir. Llega el tiempo de mirar el tiempo cada cinco minutos y negar la mayor en las reuniones de amigos, llega el tiempo de ir a la hermandad y encontrarte con los de siempre en el reparto de papeletas de sitio, de cruzar la puerta de una capilla con la ilusión de ver que detrás habrá algún paso montándose ya… qué más da en estos días la postverdad, lo único que realmente importa es la verdad que uno siente por dentro estos días, que no es otra cosa que ilusión por el amor a una semana. Como escribió Pablo Neruda:

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las caracolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia,

eternamente en fuga como la ola.

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