Actualidad

Cofradías en septiembre

La enésima polémica estéril que nos asola pretende corregir, ni más ni menos, que al mismísimo prefecto para el Culto Divino. El cardenal guineano Robert Sarah ha tenido la iluminada idea de sugerir que «las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual […] podrán ser trasladadas a otros días convenientes». Claro que el cardenal Sarah sabe sobradamente que quien manda en la Iglesia de Roma es el papa Francisco. Lo que no sabe es que la Iglesia de Sevilla tiene sus propios popes y no se sientan, precisamente, en el coro de la plaza Virgen de los Reyes.

-¿Qué se habrá creído ese curita romano?
-Las cofradías son muy serias como para ponerlas en septiembre.

Por si nadie se ha percatado, entrar a valorar la oportunidad de celebrar procesiones con imágenes pasionistas fuera del tiempo penitencial sería como cuestionar la miríada de procesiones extraordinarias ocurridas desde el principio de los tiempos, cada una de ellas con una justificación bastante desigual. ¿De verdad el personal se echa las manos a la cabeza ante la posibilidad de procesiones pasionistas en septiembre, cuando ya había programadas varias para el otoño? Ante semejante vaina, resulta más interesante explorar a qué viene esta reacción anticapillita antes que entrar al trapo de si es viable, necesario, aconsejable o posible ver al Cachorro cruzando el puente un quince de septiembre, por decir algo.

Existe un estudio de sociología llamado «La distinción», obra del francés Pierre Bourdieu. En el estudio se pone de manifiesto la necesidad que todos sentimos por diferenciarnos de otros. De manera muy sencilla, Bourdieu abunda en la idea de por qué a la clase obrera le gusta el fútbol y a la clase alta le gusta el golf. En este asunto sobre la oportunidad de aprobar o rechazar la propuesta del cardenal Sarah, la opinión pública se divide y quienes están inscritos en el campo cofradiero buscan diferenciarse de sus semejantes.

De manera cotidiana, esta distinción se produce con absoluta normalidad y da lugar a diferentes gustos entre los cofrades. A rasgos generales, existe un cofrade de chaqueta y corbata diaria, de mesa y mantel, de balcón, de Cristo crucificado, de banda de cornetas, de siempre de frente, de cofradía de ruán. Existe otro cofrade de vaqueros y bocadillo, de aplauso, de lágrimas, de agrupación musical, de cofradía de barrio. Hay otros modelos. Estos estereotipos se fundamentan en la distinción que unos y otros establecen a partir de las formas diferenciadas de percibir y experimentar la Semana Santa. El resultado es la creación de gustos distintos.

La negativa de los popes capillitas a que se produzcan procesiones indiscriminadas fuera del tiempo pasionista podría fundamentarse en tres razones que se sustentan en los procesos de distinción:

1. La primera razón trataría de establecer diferencias entre las hermandades y la Iglesia. Decir no al cardenal Sarah sería una forma de mantener una supuesta independencia de criterio con respecto a la jerarquía de la Iglesia institucional. Como cuando la Esperanza de Triana y el Cachorro dijeron no a la JMJ, ¿recuerdan?

2. La segunda razón se fundamentaría en la idea de exagerar la relevancia de las procesiones, ya no como rituales festivos religiosos sino como verdaderos acontecimientos que determinan la vida de la ciudadanía. «Las cofradías son demasiado importantes como para moverlas de fecha». La idea que subyace es que sólo los asuntos de carácter baladí pueden modificar sus fechas, mientras que los asuntos realmente importantes están indisolublemente unidos a una fecha inamovible. Es un modo de darse prurito. La Feria puede modificarse, un congreso de neurocirugía puede aplazarse; las procesiones, no. Qué vulgaridad.

3. La tercera razón pretendería marcar diferencias entre los propios cofrades. Habría dos tipos de cofrades: a los que les gustan los pasos en la calle, por encima de todo, y esos otros que conciben las cofradías como un instante en la memoria. Estos últimos son los «místicos en su rincón». Mientras el vulgo se arremolina en la bulla para presenciar el discurrir de las procesiones, los místicos se sienten inscritos a cada una de las procesiones por el mero hecho de pensarlas. Núñez de Herrera en estado puro. Al primer tipo de cofrades se les atribuye una fe blandita y un punto de frikismo importante frente a los cofrades del segundo tipo, considerados de una fe más fuerte y de mayor rigor al no necesitar procesiones.

La primera razón estaría relacionada con la autonomía de las hermandades para tomar sus propias decisiones frente a poderes ajenos a ellas. La segunda razón estaría relacionada con el habitus, es decir, el modo propio en que las cofradías proceden y que es distinto al de otras organizaciones. La tercera razón estaría relacionada con la illusio o la cantidad de capital simbólico acumulado a través de la aceptación de determinadas formas de conducta.

Como se aprecia, existiría todo un mecanismo de conducta social detrás de la aceptación o negación del establishment capillita a la sugerencia del prefecto para el Culto Divino. Quizá la pretensión del cardenal guineano no sea otra que la de poner la religiosidad popular al servicio de la fe después de una pandemia que dejará a la población mundial tiritando, en muchos aspectos. El cardenal Sarah quiere las calles llenas de Dios, pero esto último no sería más que una opinión puramente personal. Lo que sí es evidente y puede afirmarse ya es que, sean muchas o pocas, con reticencias o sin ellas, si las cofradías se ponen en la calle, los capillitas irán tras ellas. Por mucho que hayan refunfuñado.

Related posts

Almuerzo-coloquio con Charo Padilla, en el foro «masmujeres»

Redacción El Foro Cofrade

La Víspera del Miércoles de Ceniza (Agenda de Cultos )

Alberto Calero Moreno

Galería: Besamanos al Señor atado a la Columna

Iván Núñez Simón

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar leer más