Actualidad Opinión Reportajes

Hablemos de dinero

La suspensión de las procesiones de Semana Santa ha dejado una lluvia fina de preguntas sobre los cofrades a las que nadie, de momento, está dando respuesta. Hasta ahora, estos asuntos se están ofreciendo en todos los medios locales aisladamente. Sin embargo, resultaría interesante abordarlos en un análisis como asuntos que están interconectados y que afectan al bolsillo de los cofrades, a las arcas municipales, a la economía de las hermandades y a toda la industria estacional que vive de la cosa cofradiera.

 

Como bien ha dicho el subdirector de Diario de Sevilla, Carlos Navarro, esta situación está retratando a cada uno. Pero también retrata a la propia Semana Santa: después de este 2020 nadie podrá negar, ni por activa ni por pasiva, que las hermandades y las procesiones constituyen un activo económico importante en las principales zonas urbanas del sur de España. Que la Semana Santa sea considerada un sector estratégico ligado a organizaciones que no persiguen lucro, obliga a trabajar con transparencia y compromiso. Sería deseable que éste fuese uno de los aprendizajes obtenidos después de la pandemia.

 

En los siguientes epígrafes se aborda una visión general de la economía de las hermandades. La mayor parte de este trabajo está realizado gracias a las noticias que otros periodistas han ido publicando de manera aislada, lo cual tiene un mérito incontestable. La única virtud de estas líneas es haber puesto en contexto todas esas informaciones y conectarlas para poder entender con más claridad qué está pasando.

 

PARA NO PERDERSE

Hay que empezar por el principio. Así que para que nadie se pierda, lo primero es presentar las conexiones económicas que enlazan el bolsillo de los particulares con las arcas municipales. En el siguiente gráfico se muestra cuál es el camino que sigue el dinero dentro de la ‘industria’ de la Semana Santa. Quizá pueda parecer frívolo este tratamiento, por lo que pido disculpas por adelantado, pero considero que hay que abordar este asunto con madurez.

Los particulares pagan sus abonos por las sillas y palcos. El Consejo percibe este dinero, con el cual paga el impuesto correspondiente de IVA –la novedad de este año- y paga a los proveedores que hacen posible la carrera oficial: montaje de estructuras, seguro, alquileres de sillas, etc. De lo que queda, el beneficio, se reparte entre las hermandades. De la carrera oficial ganan dinero: el mercado negro de reventas, los alquileres de balcones, el Cabildo Catedral por las sillas que se instalan en las gradas, el Ayuntamiento de Sevilla por la tasa de ocupación del suelo público, las empresas turísticas que incluyen sillas en sus paquetes y los medios de comunicación por los ingresos publicitarios.

 

Como novedad, este año estaba previsto que el Consejo vendiera una señal única dentro de la carrera oficial a los diferentes medios locales para su retransmisión mediante TDT y digital. Esta medida, a modo pay per view como en el fútbol, habría generado interesantes beneficios para el Consejo, revirtiendo directamente sobre las hermandades. Fuentes próximas a este organismo aseguran que esta iniciativa habría estado impulsada por el responsable de comunicación de la institución cofradiera, Moisés Ruz, quien también ejerce como periodista de informativos en 7TV Sevilla. Asimismo, la medida también habría generado algunas molestias en Canal Sur TV, que habría visto afectada su emisión anual desde la plaza de la Campana.

 

Los beneficios de la carrera oficial se reparten, principalmente, entre las hermandades de penitencia. Las hermandades de un paso recibieron en 2019 la cantidad de 28.691 euros; las hermandades de dos pasos recibieron 35.630 euros; y las hermandades de tres pasos recibieron 42.651 euros. Por su parte, las hermandades de vísperas recibieron 10.691euros, las de un paso, y 14.650 euros, las de dos pasos. Pero las hermandades de gloria también se ven beneficiadas de la carrera oficial: las que procesionan recibieron 4.105 euros, mientras que las que no procesionan solo recibieron 930 euros.

 

La incidencia de estas cantidades en los presupuestos anuales es desigual. La mal llamada subvención apenas tiene una incidencia por debajo del tres por ciento en los presupuestos de la Hermandad de la Macarena. Sin embargo, en otras hermandades podría constituir entre el veinte y el cuarenta por ciento de sus ingresos. Como ya puede verse, puede afirmarse que económicamente hay hermandades ricas y hermandades pobres, obligándolas a dinámicas diferentes.

 

¿A qué destinan las hermandades el dinero que ingresan de la carrera oficial? Pues a cometidos muy diversos. Principalmente, a pagar proveedores –cera, flores y gastos corrientes-, bandas –que suelen constituir un montante considerable, que puede situarse en muchos casos sobre los 5.000 euros por contrato-, pago a los diferentes artesanos de orfebrería y bordados y, por último, a caridad. Aunque suele utilizarse este último gasto para justificar todos los demás, e incluso se han realizado estudios sobre el asunto, la inversión económica media que las hermandades destinan a caridad se situaría entre el diez y el quince por ciento.

 

A grandes rasgos, ésta es la cadena del dinero generado a partir de la carrera oficial. Hay más detalles, pero con esto parecería suficiente para poder responder otras preguntas que se van a plantear a continuación. Y no, ninguna entra en si el Consejo debo devolver el dinero de los abonados, cosa que ha quedado clara que intentará no hacer.

 

LA MADRE DEL CORDERO: ENTRE LO MORAL Y LO LEGAL

Efectivamente, devolver el dinero de las sillas es la madre del cordero. ¿Por qué? Una cantidad no despreciable de hermandades siguen teniendo dos tipos de ingresos: cuota más papeleta de sitio. La suspensión de las procesiones ha supuesto la pérdida de uno de estos ingresos. Generalmente, una papeleta de sitio oscila sobre los 24 euros. Una cofradía de mil nazarenos cubre prácticamente los gastos de la cofradía solo con ese ingreso. Por debajo de los mil nazarenos no se llega y por encima se obtiene beneficio que destina a asuntos tan diversos como pagar a la limpiadora de la casa hermandad o al orfebre de turno. Para frenar este oscilante, muchas hermandades optaron por instaurar la conocida como cuota única, es decir, eliminar el coste de la papeleta de sitio e incluirlo en la limosna anual. En 2012, según el periodista Javier Macías, treinta de las sesenta hermandades ya había introducido este sistema. Puede inferirse que, a día de hoy, todavía podrían ser entre el treinta y el cuarenta por ciento de las hermandades las que dependen de las papeletas de sitio.

 

Sin los ingresos de la papeleta de sitio, la subvención del Consejo se convierte en un ingreso fundamental. Algunas hermandades, como las Siete Palabras o Padre Pío han apelado a la solidaridad de sus hermanos para que retiren una papeleta simbólica que permita afrontar los gastos corrientes. Otras hermandades, al contrario, han aprovechado la ocasión para sacar pecho: destinarán los ingresos de la papeleta de sitio a caridad.

 

Esta situación de desigualdad entre las propias hermandades se ha estado enmascarando hasta ahora entre lo legal y lo moral: extrañamente, se ha abierto un debate sobre si las hermandades están obligadas por ley a devolver los abonos de las sillas y palcos a los usuarios o si, por el contrario, deben devolverse por imposición moral, indistintamente de lo que diga la ley. La realidad es que para la Hermandad de los Estudiantes es fácil renunciar a la subvención si se tienen en cuenta sus circunstancias económicas. Sin embargo, otras hermandades no podrán renunciar a la subvención. Ni que decir tiene la situación de las hermandades de gloria: sin la subvención, una mayoría de ellas se verán obligadas a suspender sus procesiones letíficas.

 

DE LO QUE NADIE HABLA

La realidad, por tanto, de la que nadie habla es que el silencio del Consejo de Hermandades ante la imperiosa necesidad de devolver los abonos de las sillas se sostiene en el apuro económico al que se verá lastrado un tercio de las hermandades de penitencia y todas las hermandades de gloria. El sistema económico cofradiero, en Sevilla, gira alrededor de la carrera oficial. La dependencia es muy alta. ¿Realmente podemos permitirnos devolver la subvención? Esa es la pregunta y no si se debe o no devolver el dinero a los abonados. Es evidente que estos últimos tendrán otra opinión.

 

De lo que nadie quiere hablar es que desde los años sesenta se ha generado un sistema de sostenibilidad económica que se sostiene sobre un negocio opaco, sobre el que se ha practicado la usura y que genera una situación de desigualdad. La otra cara de la moneda es que la carrera oficial ha permitido a las hermandades de todo tipo mantenerse y crecer patrimonialmente, engordando un sector empresarial adyacente: bordadores y orfebres, en su mayoría, pero también inmobiliario. Las lujosas casas de hermandad de los últimos tiempos han supuesto el capricho de la última década. Ya no solo era importante tener todo el patrimonio bordado en oro fino y en plata de ley, había que tener una casa hermandad musealizada con un espacio a doble altura para que todo el mundo pudiera ver el paso de misterio desde arriba.La devolución de los abonos supondría, a medio y largo plazo también lastre para la industria cofradiera.

 

 ¿Y QUÉ PASA CON LA CARIDAD?

De momento, solo algunas hermandades se han apuntado a ese carro de que destinarán los ingresos de las papeletas de sitio de este año a caridad. Sin embargo, el grueso de las hermandades que tienen cuota única no moverá un varal en ese sentido. Estrictamente, habrá diputaciones de caridad que verán sus presupuestos disminuidos porque, de devolverse el dinero de los abonos, hay hermandades que, si bien sus cuentas son solventes, destinaban a caridad, precisamente, los ingresos de la subvención.

 

Cuando se realizaron los informes sobre la caridad para justificar la actividad de las hermandades, se incurrió en un error implícito: hacer creer a la ciudadanía que las hermandades forman parte del estado de bienestar local. Dicho de otro modo, cada vez son más las personas que creen que la Iglesia –y las hermandades, por extensión- debe dedicarse a dar trigo. Sin embargo, el principal objetivo de las hermandades no es la caridad sino el culto. Para eso fueron creadas y para eso se han mantenido en el tiempo aunque hayan desarrollado roles diversos a lo largo de la historia, desde espacios de socialización a gremios artesanales. Podríamos llamar a esto la función social de las hermandades. Sin embargo, la función religiosa de las mismas es, particularmente, el culto público con carácter evangelizador.

 

Esta confusión ha desviado el foco de la naturaleza de las hermandades. Pensar que las hermandades deben dedicar cada vez más esfuerzos a la caridad, estaría desnaturalizando su realidad. Si se quiere abrir ese debate, es aceptable. Pero justificar la existencia de las hermandades en su acción caritativa sería asumir un error de partida. Lo que justifica la existencia de las hermandades es la promoción del culto público y la piedad popular, es decir, las procesiones, quinarios, novenas y otros actos. Lo demás, viene por añadidura aunque cada vez sea más importante.

 

LAS OPCIONES DEL CONSEJO

En la calle San Gregorio son conscientes de que en la asamblea plenaria de hermanos mayores se sientan representantes de grupos muy diferentes: las hermandades que en absoluto dependen de la subvención (Macarena, Gran Poder, San Gonzalo, Estudiantes, etc.); las hermandades que sin la subvención sobreviven, pero sin moverse demasiado (La Sed, Las Aguas, Trinidad); las hermandades que sin la subvención se verán muy apuradas (vísperas, Siete Palabras, Jesús Despojado); y las hermandades que se verán completamente paralizadas sin la subvención (glorias). Ante esta realidad tan desigual, el Consejo debe articular una respuesta que satisfaga las necesidades de todas las corporaciones.

 

Más allá de devolver los abonos, se baraja la posibilidad de ganar tiempo. La única manera de conseguir esto es recurrir al crédito bancario. Desde el Consejo se estarían manteniendo conversaciones con La Caixa para articular un sistema de financiación que permitiese devolver los abonos –o una parte proporcional de ellos- mientras que se mantienen las subvenciones, especialmente para las corporaciones más débiles. Esta decisión debería ser avalada por la asamblea general y no sería de extrañar que algún hermano mayor volviese a esgrimir allí aquello del «no me toquen la cartera» o la egoísta idea de crear un «Consejo de Glorias» para apartar a estas corporaciones de los ingresos de la carrera oficial.

 

CODA FINAL: HERMANDADES POBRES, PERO LIBRES

Como se aprecia, detrás de la idea de devolver los abonos no solo hay una cuestión moral o legal, sino el sostenimiento de un sistema económico que repercute también a la hostelería y al turismo. La subvención he hecho más ricas a las hermandades, pero también las ha hecho también más frágiles. Además, la subvención tampoco tiene un carácter corrector de desigualdades. Las hermandades reciben cantidades similares, más allá de las necesidades que tengan.

 

En cierta ocasión, el ahora alabado monseñor Asenjo, arzobispo de Sevilla, dijo aquello de «quiero cofradías pobres, pero libres» en relación a la dependencia que muchas corporaciones tienen del dinero público. Quizá ésta fuese una buena oportunidad para enfocar los ingresos de la carrera oficial en otra dirección y generar un sistema corrector que asegurase las procesiones de todo tipo, sin generar las desigualdades actuales.

Related posts

El Pajarito de San Pedro… con la fórmula mágica

El hombre que no sabía decir que «No»

Daniel Jiménez Vergara

Aunque fuera un tronco seco

Carlos Cabrera Díaz

2 Comentarios

Avatar
Pablo 03/27/2020 at 10:49

«Cofradías más pobres, pero libres». Es aplicar el decrecimiento económico a nuestras cofradías. Menos inflación, más sostenibilidad. Siempre han sido así, moldeables, ajustándose a su tiempo, organizaciones vivas, clave para sobrevivir tantos años. Menos pasta, es menos dorado nuevo, menos extraordinarias, menos nuevas cofradías… y más conservación y restauración de lo que ya existe. ¿Serán las hermandades resilientes una vez más y sabrán adaptarse al tiempo que nos toca?

Respuesta
El Pajarito de San Pedro... ¿septiembre? - Portal - El Foro Cofrade 03/27/2020 at 13:54

[…] Hablemos de dinero […]

Respuesta

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar leer más