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El cambio de personalidad en la Hermandad de la Amargura, El Silencio Blanco

Pedro Manuel Fernández Muñoz.

 

 

Este artículo trata del cambio de personalidad total que experimentó, a partir del año 1911, la Hermandad de la Amargura de Sevilla. Vamos a ver algo que se ha ido repitiendo años y décadas después en otras cofradías de la Ciudad, la Hermandad de la Mortaja es otro ejemplo radical de ello, y que consiste en la reformulación de la personalidad y el carácter de muchas de ellas, siendo la de la Amargura la primera de la que tenemos constancia y en una línea evolutiva que desde entonces ha sido siempre la misma, y que va desde lo popular al refinamiento y cuyo resultado es una imagen y una expresión diferente, en definitiva, la capacidad de reinventarse que tiene la Semana Santa en Sevilla.

La Hermandad de la Amargura de Sevilla, también llamada de San Juan de la Palma o como el Silencio Blanco, es todo un referente de la Semana Santa de Sevilla, habiendo sido la primera Imagen Dolorosa de la Ciudad en ser coronada, ocurriendo dicha efeméride en el año 1954.

Existe un recorrido de evolución de la personalidad de esta Hermandad y de su estética que se inicia en 1911 y culmina en 1954, es de ello de lo que tratamos en este breve estudio, tan sólo cuarenta años bastaron para cambiarla radicalmente y pasar a ser considerada en el imaginario colectivo como el paradigma de la perfección cofrade.

El cambio de personalidad que experimentó la Cofradía a partir de una resolución de Cabildo de Oficiales del año 1911, produciéndose un cambio radical en la idiosincrasia de la misma que pasa de ser una hermandad “bullanguera” de barrio donde la Estación de Penitencia dejaba ver imágenes poco edificantes de muchos de sus hermanos en tabernas y de juerga vestidos de nazarenos, (al parecer fue la esposa del Mayordomo de la Hermandad de entonces la que insta a su marido para que reforme las normas para realizar la salida procesional escandalizada por el espectáculo vacío de contenido piadoso que se daba), a ser una hermandad “de negro” aunque adoptaran la túnica blanca, de las llamadas “serias” de Sevilla. (Como nota aclaratoria debo explicar que aunque hoy en Sevilla está muy extendida la definición de las hermandades como “serias”; a mí personalmente no me gusta, y nunca hago la clasificación de una hermandad o cofradía como de “seria”, pues considero que todas lo son, con independencia del acompañamiento o no musical, la selección de las piezas a interpretar, el uso de flores, cera, etc… la seriedad de una asociación está más en otras cosas que en las expresiones externas. Aun así entiendo que hasta la primera mitad del siglo XX teniendo en cuenta la actitud del cuerpo de nazarenos en la calle se pudiera usar justificadamente esa definición).

 

En 1911 la Hermandad de la Amargura experimenta un Cambio de discurso propiciado desde dentro de la corporación creándose el Silencio Blanco.

 

Los cambios experimentados por la Hermandad de la Amargura en la escenificación anual de su Estación de Penitencia a partir de 1911 habría que enmarcarlos en el proceso general de evolución y reinvención de la Semana Santa sevillana que, desde mediados del siglo XIX y en especial en el siglo XX, experimenta este fenómeno.

Tras el último aldabonazo anticlerical del siglo XIX durante la Revolución de 1868 los cofrades vuelven a vivir con tranquilidad recuperando las hermandades sus actividades, el periodo histórico denominado como de la Restauración (1875-1923) es una época marcada, en cuanto a las cofradías se refiere, por la reorganización, resurgimiento y crecimiento de estas corporaciones continuando con la tendencia iniciada a mediados de la centuria decimonónica. El ambiente cultural burgués, impregnado por el puritanismo victoriano inglés en boga en ese momento, propicia el fenómeno del asociacionismo religioso y  en Sevilla el fomento de hermandades que podríamos denominar de “serias” o “de negro” caracterizadas estas por la expresión de sus cultos externos más próximos a patrones castellanizantes.

La expresión formal del cortejo procesional tiene una primitiva regulación a partir de 1767 cuando es enviado por Carlos III a Sevilla como Asistente Pablo de Olavide que reorganizará el caótico complejo de asociaciones piadosas en la Ciudad y sus cultos internos y externos. Así pues, el cambio de carácter experimentado por la Hermandad de la Amargura habría que verlo, al menos en parte, como el desenlace del proceso iniciado durante la Ilustración.

Esta tendencia evolutiva ha sido general durante el siglo XX en muchas de las Hermandades y Cofradías sevillanas en cuanto a la expresividad formal del cortejo procesional, no siendo la Hermandad de la Amargura la única que modificó el atuendo de sus nazarenos en esa época. En este sentido, tenemos el ejemplo de la introducción de la túnica de capa en Sevilla, siendo la primera en hacerlo la aristocrática Hermandad de la Quinta Angustias en 1857 que modificará de nuevo su túnica en 1868 en este caso para cambiar del blanco al morado el color de su capa, en 1866 es la Hermandad de la Sagrada Mortaja quien incorpora este elemento en su túnica. En 1875 es la Hermandad del Loreto la que realiza el cambio de su túnica y diez años más tarde le corresponderá a la Hermandad de la Hiniesta, bajo la dirección artística de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, la creación de nueva vestimenta para su cortejo de nazarenos. La mayor revolución en el diseño se dará en la Hermandad de la Macarena donde el propio Rodríguez Ojeda crea la actual túnica de la corporación a finales del siglo XIX incorporando un amplio antifaz con corte de esclavina por su anchura y la vaporosa capa de merino tan característica. Así pues, el cambio experimentado en la túnica de la Hermandad de la Amargura en 1911 responde a esta tónica general.

En las actas del cabildo de salida de 5 de febrero de 1911 se toman las pautas que modifican la forma de vestir de los hermanos durante la procesión: “se trato de la conveniencia de variar por este año el antifaz morado que los hermanos del paso de la Virgen usan en la estación, por el mal estado que se hallan hasta que el año que viene se trate y lleve a efecto la reforma definitiva en las túnicas de los nazarenos, promoviéndose con tal motivo una discusión en la que cada individuo manifestó su parecer, acordándose que tanto los nazarenos del paso del Señor como los de la Virgen llevaran el antifaz blanco distinguiéndose sin embargo los nazarenos de uno y otro paso en que los del Señor llevaran los cordones granas y los de la Virgen fueran amarillos” (Archivo de la Hermandad Sacramental de la Amargura, A-3.4, Libro de Actas y Acuerdos 1881-1934). Este cambio que en principio estaba previsto para un solo año permaneció en el tiempo y ha llegado a nuestros días.

 

El resultado de los cambios tomados en el cabildo de 1911 fue la transformación radical de la Hermandad que pasa de ser una cofradía popular del barrio de la Feria a una cofradía de cola de las “serias” completamente reinventada.

 

A partir de entonces la Hermandad de la Amargura desarrolla una personalidad que se aproxima al canon de las llamadas hermandades “serias”, cuyo referente en la época eran las Hermandades del Silencio y de El Gran Poder, pertenecientes en esa época a los estratos sociales altos de la Ciudad. El corte de túnica de cola de la Hermandad de la Amargura recrea precisamente el estilo de ambas siguiendo el modo de las túnicas de ruán negro pero con la particularidad del uso del color blanco alusivo al pasaje evangélico del misterio cristífero de la Hermandad. A esto habría que añadir el uso de la encomienda con la cruz de los caballeros de la Orden de Malta sobre fondo rojo en el antifaz a partir del año 1912, lo que aporta aún mayor señorío y prestancia a la vestimenta, esto junto con la elegante estilización que añade el cinturón de esparto hizo de la túnica de la Amargura todo un referente de elegancia y de virilidad cristiana.

La polarización de las hermandades sevillanas entre las “de cola” y las “de capa” en el siglo XIX, siendo el referente de las de cola El Gran Poder y de las de capa la Macarena, exponentes a su vez en la época cada una de ellas de estratos sociales concretos de la Ciudad, (la del Gran Poder de las clases más acomodadas y la de la Macarena de clases sociales más populares), está muy presente durante la gestación del nuevo estilo de la Hermandad de la Amargura. El profesor Isidoro Moreno, que ha estudiado ampliamente el tema desde la antropología cultural, describe el conflicto social a nivel simbólico de clases sociales en una sociedad preindustrial como la sevillana de ese momento en la rivalidad o pique que se establece entre las hermandades de capa y de cola.

Esta rivalidad desaparecida en la actualidad en la capital hispalense aún perdura en algunas localidades de la provincia como Castilleja de la Cuesta o Albaida, muy divididas devocionalmente entre dos hermandades de penitencia, o el caso de Cantillana o Carrión de los Céspedes, donde la segmentación se da entre dos hermandades de gloria.

Es fácil pues deducir que la intervención del mayordomo D. José Prados Vera, y la de los otros miembros de la junta de Oficiales en 1911, era la de definir a la Hermandad de la Amargura como una Hermandad de la llamadas “serias” alejándola de los esquemas de las hermandades de barrio, aunque estuviera en pleno barrio de la Feria, dándole un sello señorial y entendiendo esta “seriedad” en su doble vertiente: por una parte creando un empaque estético impresionante en las secciones de su cuerpo de nazarenos estilizados, luctuosos e hieráticos, reflejo de la noción de lo permanente, estático e inmutable que desde Parménides se asocia al ejercicio divino. Así en el film “El Quijote” de Orson Welles, rodado en España a finales de los años 60 pero que no se montaría ni estrenaría hasta 1992, podemos admirar una colección de imágenes de fuerte esencia hispánica que no pasan desapercibidas ante la sensibilidad de los ojos del Maestro y entre los fotogramas seleccionados aparecen los del cuerpo de nazarenos de la Amargura por su enorme impacto visual.

Por otra parte se cultiva la interiorización personal del penitente dando normas de compostura de los integrantes de su cuerpo de nazarenos que comienza en el momento de vestirse en casa y que finaliza con el regreso al hogar convirtiendo en un ejercicio de coherencia el hecho de vestir de nazareno dándole al acto el sentido cristiano de la Statio.

Con esta reforma en la “mise en scene” de la Hermandad en la calle ocurrida en 1911 se apaciguaba no sólo el ánimo de la esposa del Mayordomo Prados, escandalizada por el espectáculo tan poco edificante que daban los nazarenos en la calle, también se iniciaba con ello una serie de mejoras consistentes en mejorar y dignificar la estación de penitencia, a la adquisición y estreno de enseres dedicaremos una próxima publicación.

 

FUENTES:

 

FERNÁNDEZ MUÑOZ, P.M.:

 

– “Hacia el Encuentro en la Vía Dolorosa: El paso de la Virgen de la Amargura de Sevilla”. En Calle de la Amargura: Historia, Espiritualidad, Devoción y Arte. Coord. Ramón de la Campa Carmona. Cádiz, 2019, p.p. 281-312.

 

-Tan Lejos y Tan Cerca. Catálogo de la Exposición Conmemorativa de los cien años de Silencio Blanco en el Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, Sevilla, 2011.

 

 

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Redacción El Foro Cofrade

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