Actualidad Opinión

Redescubriendo la Semana Santa

 

Por Francisco Javier Padilla

Amanece una nueva y diferente Semana Santa. Una Semana Santa que no conocíamos y que jamás pensamos que pudiéramos vivir. Pero una Semana Santa que ha sustituido una Cuaresma de cultos en templo y de calle por un preámbulo de rezos y oraciones en el recogimiento del hogar de cada uno. Una Semana Santa, más que ninguna otra, basada en la Fe. Esa que dice mover montañas. Esa que nos va a sacar de esta. Esa que va a aguantar el peso de una cruz que se ha agigantado para golpearnos como sociedad y nos hace caer.

Pero es precisamente esa Fe, la que descubrimos un poco más “gracias” a esta Semana Santa diferente, la que hará de cirineo para ayudarnos a soportar este golpe y nos permitirá volver a levantarnos, aunque a nivel de procesiones nos deje vacía. Será una Semana Santa donde veremos a nuestros titulares y estaremos cerca de ellos gracias a la tecnología. Será una Semana Santa en la que nuestros pequeños sabrán un poco más, porque nos permitirá centrarnos más en ellos, el valor del sentimiento de pertenencia a una Hermandad.

Será una Semana Santa donde se elevará, por encima de cualquier otra cosa, esos valores que nos hará crecer como sociedad, en general, y como personas, en particular. Es una Semana Santa en la que el Señor nos muestra el camino que Él recorrió para dar sentido a lo verdaderamente importante. Una Semana Santa que, en ausencia de las procesiones, se arraigará más aún en nuestros corazones para hacerse fuerte en el día a día de la Hermandad.

También será una Semana Santa de recuerdos. De añoranzas. De altitud de miras y pensamientos. Será una Semana Santa que nos hará reflexionar. Nos va a permitir parar la maquinaria. Nos permitirá descubrir ese botón de “pause” que, a la larga, nos hará caminar más fuerte en nuestras convicciones.

Y no crean que esto es una huida hacia adelante. Ni mucho menos. Porque será duro. Lo está siendo desde el primer día en que esta pandemia creyó poder con nosotros. Pero tampoco podemos negar nadie que esta Semana Santa tan distinta, sin pasos en la calle, nos eleva nuestros pensamientos hacia nuestros titulares y hacia el Señor más que si amaneciera “solo” un Domingo de Ramos más.

Y puede ser que por ahí vaya el mensaje que tengamos que recibir. Para no olvidar el centro de todo lo que mueve nuestra semana mayor. Hoy todo son rezos. Todo son oraciones. Todo son recuerdos. Todo es intimidad. Todo es familia. Hoy vivimos una Semana Santa en la que no tenemos pasos en la calle. No escuchamos los sones de ninguna banda de música y no olemos el azahar que caracteriza esta época del año.

Nadie nos devolverá esta Semana Santa en la que nos arrebatan sus procesiones. Nadie nos devolverá nuestra estación de penitencia ni el vestir, un año más, nuestro hábito nazareno.  Pero, por dolorosa que sea la ausencia, mayor es el regalo que nos encontramos en esta situación: nuestro encuentro con Dios. Porque esto no es más que lo que los costaleros llaman “un lomo” en el que hemos encontrado la mejor de las ayudas: la del Señor. Y en nuestro encuentro con Él, seguro, aprenderemos a valorar y vivir más intensamente el resto de Semana Santa que nos quede por vivir.

 

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