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Entre el sueño y la realidad. Lunes Santo

Suena el despertador. Me tomo mi tiempo para espabilarme. Y empiezo el ritual de un nuevo Lunes Santo. De pronto, al levantarme, me doy cuenta de tres cosas: aún es de noche, no hay dolor de pies y realmente sonó el despertador… pero para ir a trabajar. Por esto último doy gracias a Dios, por darme fuerzas y tener la posibilidad de poner mi grano de arena en esta difícil situación que nos ha tocado vivir.

Pero, de golpe, la ilusión de un nuevo Lunes Santo se topa con la realidad. Hoy no habrá procesiones por unas calles de Sevilla desérticas y ávidas de ese Beso, no de traición, de consuelo. Hoy, al despertar, sentí la necesidad de salir a buscar a mi gente. Y mi gente es Sevilla.

Sentí la necesidad de quedar Cautivo por ese olor a barrio que llega desde San Pablo y el Tiro de Línea. Hermandades que abren la jornada y, casi, la cierran. Porque este sabor donde se entremezcla lo nuevo con lo añejo es lo que da sentido a nuestra Semana Santa. En ese Rosario de nazarenos van, intrínsecas la historia de dos barrios señeros que trasladan su idiosincrasia al… iba a decir corazón de Sevilla, cuando realmente son ellos el corazón de Sevilla.

Pero esa necesidad de salir en la búsqueda de los barrios quedó atrapada por las Tristezas de las numerosas familias que hoy, más que nunca, encuentran consuelo bajo su manto protector. Hoy, por encima de cualquier otro año, siento la necesidad de tomar la cruz del Señor y salir a la calle. No a ver pasos, pero sí, desde mi profesión, a paliar esas Penas que se agigantan, con paso largo y reposado en San Andrés y que no encuentran consuelo por los Dolores causados en tantas familia que solo buscan en esta Semana Santa el Soberano Poder del Señor para recuperar una Salud que se les escapa como Aguas entre las manos.

Hoy las calles del Arenal y el Museo, como las del resto de la ciudad,  estarán vacías. Al amanecer de este Lunes Santo soñé contigo, Rocío. Al ver las calles mojadas recordé como tu gente, hace ya varios años, te formaba un techo de pétalos cuando te empezaba a llover por calle Santiago. Lo que en aquella ocasión eran lágrimas de dolor por una estación de penitencia que se frustraba, hoy era esperanza. Porque muchos cofrades nos agarramos a cualquier cosa. Como un día lluvioso que nos permita pensar “bueno, hoy no hubieran salido las procesiones de todos modos”: Pero no. Hasta eso se tornó en espejismo.

Hoy es Lunes Santo, y no podré recorrer las calles de mi ciudad. Sonó mi despertador. Y con ese sonido se esfumaban todos mis sueños de un día como hoy… o no. Porque a mí me enseñaron a amar a nuestras Hermandades, a nuestra Semana Santa. Sonó mi despertador y, despierto, hoy te sueño de nuevo. Y como sé que volverás, volverás más fuerte. Hoy nadie me quitará el poder disfrutarte, aunque sea a través de las redes sociales, la televisión o, sobre todas las cosas, en mi corazón. Hoy es Lunes Santo en Sevilla.

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