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A César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Análisis de una controversia

La polémica está servida y hasta el pelícano del Amor y el gallo del Carmen Doloroso se han apuntado a la bandada que revolotea sobre la sede de San Gregorio a raíz del colosal quebradero de cabeza al que se enfrenta el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla en estos días.

Por Ángel Jesús Acuña Soto, Eduardo Jaime Dolado Busto y José Carlos Martínez Valero

Como todos los años, esta institución abrió el plazo para la renovación de los abonos de sillas y palcos en la Carrera Oficial de cara a la Semana Santa de 2020. Hasta primeros de marzo, todo sucedió tal y como estaba previsto, y los abonados pagaron los importes correspondientes. Pero, contra todo pronóstico, el castillo de naipes izado por el Consejo para preparar la Carrera Oficial de este año se desplomó en cuestión de días a causa de la crisis del Covid19.

La pandemia ha dejado entrever múltiples cabos sueltos que parecían atados en el mundo de las cofradías y que se han disuelto como la sal lo hace en el agua. Sin saber aún qué ocurrirá con los emolumentos de floristas, cereros, bandas, seguridad y otros gastos derivados de las salidas procesionales, queremos abordar la candente controversia que preocupa a la sociedad sevillana con respecto a la devolución del dinero de las sillas, y de paso, desgranar otros asuntos polémicos que se han traído a colación.

Según hemos podido leer en varios portales webs, diversos profesionales del ámbito jurídico han expuesto opiniones contrapuestas con respecto a las cuestiones que han ido deviniendo de esta atípica situación en la que nos encontramos. Nos gustaría realizar una serie de puntualizaciones que consideramos indispensables para entender el quid de la cuestión que se aborda, y sobre las que algunos sujetos mediáticos se han atrevido a pronunciarse.

En primer lugar, queremos hacer referencia al batiburrillo conceptual que algunos han abanderado para defender su tesis, con respecto a la devolución de los importes por las sillas y el Impuesto sobre el Valor Añadido (de ahora en adelante, I.V.A.), y que, tal y como les recordamos, Hacienda ordenó su pago por el uso de las sillas y palcos para contemplar las procesiones de Semana Santa.

La exigencia del I.V.A. viene fundamentada por la ocupación o reserva que el Consejo hace de un espacio público de la ciudad por un periodo de tiempo determinado para uso privado, por lo que este impuesto grava ese “alquiler” que hace el Consejo, el cual ha dejado caer el peso de dicho gravamen sobre los abonados, convirtiéndolos en los afectados por esta lógica y justificada exigencia desde el punto de vista legal. Esto nada tiene que ver, en el ámbito jurídico, con el espinoso asunto de la devolución del importe de las sillas, y han de separarse ambos temas, el uno del otro, para no caer en confusiones torticeras.

Como era de esperar, ese nexo que se ha establecido entre el I.V.A y las hermandades, ha desembocado en la consideración pública de que los desfiles procesionales son un espectáculo, para así poderlos vincular a textos normativos que regulan la devolución del importe íntegro en caso de suspensión de las actuaciones culturales que sí tienen la consideración de espectáculos. Y es que esta vinculación es completamente errónea, puesto que la Semana Santa no puede considerarse sujeta a estos cuerpos legales ya que la misma queda expresamente excluida por la Junta de Andalucía en el Anexo, apartado II, punto 7 del Decreto 155/2018, de 31 de julio, por el que se aprueba el Catálogo de Espectáculos Públicos, Actividades Recreativas y Establecimientos Públicos de Andalucía. Dicho apartado señala que se entenderán por actividades festivas populares o tradicionales “aquellas que consistan en la celebración de fiestas locales oficiales y otras fiestas y eventos de carácter tradicional o de interés cultural o social previstos por el municipio, que impliquen la concentración de personas en establecimientos públicos habilitados legalmente para ello o en espacios abiertos de vías públicas y de otras zonas de dominio público, con exclusión de aquellas concentraciones de personas que supongan el ejercicio de derechos fundamentales de carácter político, laboral, religioso o docente”.

Una vez esclarecida la fundamentación del IVA, y señaladas ciertas consideraciones en relación a los desfiles procesionales, hay que explicar que las cantidades que se abonan al Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla son por la adquisición de un derecho preferente, esto es, por el privilegio de conservar, año tras año, la facultad de usar las mismas sillas o palcos de la Carrera Oficial, sin dar opción a terceros de solicitar la adjudicación del uso de tales sillas o palcos. Es importante hacer esta puntualización de cara a las comparaciones con un festival de música o una entrada de cine que hemos visto durante estos días en las redes sociales, para que quede manifiestamente claro que, la compraventa de una localidad para una actuación concreta con principio y final, y la extinción de los efectos de esa compra sobre actuaciones posteriores, NO EQUIVALE a la renovación de un derecho de uso y adjudicación preferente para conservar un privilegio que impide a terceros acceder al uso de esas localidades. Porque, eso es justo lo que el abonado renueva, año tras año, y no el alquiler de su silla o palco para contemplar las procesiones, como ocurre en otras Carreras Oficiales de Andalucía. El abonado paga por la renovación de su derecho de uso y adjudicación preferente de su silla o palco erga omnes, es decir, frente a la intromisión de terceros.

Ahora sí, abordando el objetivo final de este artículo, podemos aseverar, casi con toda rotundidad, que el Consejo (o las Hermandades, como ha dejado claro el presidente de la institución en alguna que otra ocasión) no tendría ninguna obligación legal o jurídica de devolver el canon que, previamente, han abonado los usuarios de la Carrera Oficial.

No habría que recurrir a ninguna ley ni norma de rango estatal, simplemente, remitirnos al clausulado que firman y, por tanto, aceptan, todos los abonados interesados. Concretamente, traemos a colación el artículo 6 del Reglamento de las sillas y palcos:

Artículo 6.- La aportación económica, en contraprestación por la cesión de uso de sillas y palcos en las distintas modalidades y zonas, será establecida anualmente por la Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías, a propuesta de su Tesorero.

La suspensión de alguna o de todas las estaciones de penitencia por causa meteorológica o por cualquier otro motivo, no dará derecho a devolución alguna de dicha aportación.”

Resaltamos el párrafo clave que nos hace decantarnos por la no obligatoriedad de devolver las cantidades abonadas por los usuarios. En él, no solo se detallan los motivos meteorológicos como causas eximentes para dicha devolución, sino que se acepta por todos los firmantes que “ningún otro motivo” pueda ser el origen de ninguna reclamación a la entidad. Asunto distinto sería considerar esta cláusula abusiva y querer encauzar su determinación como tal por la vía judicial, pero eso es harina de otro costal. Además, no debemos olvidar que el artículo 1255 de nuestro Código Civil permite la libertad de pacto inter partes para establecer las cláusulas que regirán el contrato. Por lo tanto, al ser aceptada dicha cláusula por todos los abonados en cumplimiento de dicho pacto entre partes, la no devolución del importe entraría dentro de la legalidad, puesto que los abonados han aceptado libremente el pago por la renovación del derecho preferente asumiendo el riesgo, remoto pero posible, de que las procesiones puedan no celebrarse.

Otro de los mayores entresijos de esta polémica es: ¿A quién se le devuelve el dinero? ¿A todos o solo a aquellos que lo soliciten?

Si el tándem Consejo-Hermandades decidiese proceder a devolver el importe a todos los abonados, sería en un claro gesto de deferencia hacia ellos, acabando así con la controversia y el descontento popular. En caso de que la decisión fuese la contraria… Que paren el paso, que yo aquí me salgo.

Como solución intermedia con la que dejar satisfechos a reclamantes y reclamados, contemplamos la posibilidad de la devolución de aquellos importes que sí hayan sido solicitados. Aunque, tal y como hemos señalado anteriormente, y teniendo en cuenta que estamos ante la renovación del derecho de uso y adjudicación preferente y no ante una compraventa/arrendamiento de sillas y palcos, lo más lógico sería que la entidad que gestiona las sillas retirara dicho “privilegio” a las personas que solicitasen la devolución del importe.

Probablemente sea una medida incomprendida, criticada e, incluso, mal vista por aquellos usuarios que siempre luchan por la noble hermandad del “Ancho del Embudo”, pero no hay que olvidar que el importe que se abona es por el ejercicio de ese derecho de uso y adjudicación preferente, y no porque los pasos procesionen por delante de nadie.

Por hacer un símil futbolístico, cuando un aficionado futbolero decide sacar un abono del equipo de sus amores, lo que adquiere es el derecho de sentarse en un asiento determinado dentro del estadio que podrá conservar hasta que, por la razón que sea, decida no volver a renovar. En ese caso, si quiere al año siguiente volver a obtener el abono, deberá hacerlo, probablemente, en el hueco que quede y con una antigüedad nueva. Este ejemplo es extrapolable a las propias cuotas de hermandades, cuyo símil sería mucho más esclarecedor puesto que si un hermano decide darse de baja y dejar de pagar la cuota, perdería su número de antigüedad, y en caso de volver a darse de alta en la hermandad al año siguiente, no recuperaría su puesto privilegiado en la estación de penitencia, sino que el contador partiría de cero.

A modo de conclusión sobre lo expuesto en los párrafos precedentes y al margen de las argumentaciones jurídicas que hemos realizado, este artículo no deja de mostrar los posibles escenarios que pueden llegar a plantearse cuando las Hermandades se reúnan y, junto al Consejo, tomen una decisión definitiva acerca de la devolución o no del dinero de las sillas. Nuestra única pretensión es arrojar algo de luz y veracidad para las partes afectadas, tratando de no confundir a nadie creando unas expectativas más propias de una utopía de ojana y claveles, que de la simple realidad legal de la controversia.

El auténtico virus que asola Sevilla es su corta memoria siempre unidireccional. Se exige a las hermandades que paguen a sus proveedores: músicos, floristas, cereros, seguridad etc. Se exige, a su vez, que devuelvan el dinero a los abonados. Una vez superada la crisis sanitaria por el Coronavirus y se instaure la económica, se les exigirá que sean caritativas y solidarias, que cumplan con su origen cristiano y ayuden a quienes menos tienen, volcando toda su existencia en el necesitado. Y, el sevillano, olvidadizo por naturaleza, exigirá, llegada la próxima Semana Santa, que no solo haya las mejores bandas, los mejores exornos florales y los mejores pasos, sino también los estrenos imposibles. Exigirá, a costa de todo. Y a cambio de nada.

Ni las Hermandades ni las Junta de Gobierno son ajenas a la realidad social, y estamos convencidos de que, tomen la decisión que tomen, lo harán pensando en el bien común, en sus bolsas de caridad y, en último lugar, en su propia supervivencia. Pero, quizás, es el momento de dejar de exigir y de empezar a valorar la labor desinteresada de las hermandades que, año tras año, dan de comer a tantísimas familias, directa e indirectamente, sin alzar la voz, y sin que sea ese el fundamento de su creación. Quizás ha llegado el momento de que las hermandades den un golpe sobre la mesa y empiecen a ser egoístas. Quizás ha llegado el momento de aplicarnos aquello de ‘Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios’.

*La fotografía de portada es extraída de Laicismo.org

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8 Comentarios

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Charly 04/21/2020 at 16:05

Seria el único sitio que cuando se suspende algo y nose célebre sepierda el sitio si se reclama su dinero pues en la real maestranza de caballería ningún abonado pierde su sitio si se suspende una corrida o cambian un torero setedevuelve la entrada y santa pascuas porque en la carrera oficial seva a perder con mi dinero yo decido donde ago las obra de caridad no donde diga el consejo

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Antonio gomez 04/21/2020 at 18:40

Ateniéndonos a la lectura de la letra pequeña no ha lugar a reclamar con. Quie es las solicité y sé le conceda es lógico o pierdan la antiguedad guste o no es así.

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Jacinto garcía prieto 04/21/2020 at 19:23

No comprendo cómo unas veces estais a favor de la devolución y otras en contra…
Que sea la justicia quien finalmente decida y no se tome una decicion dependiendo de los comentarios….y eso mismo digo yo: al cesar lo que es del cesar (abonados) y a Dios lo que es de Dios ( hermandades) a cada cual lo suyo…en este caso no hay nada de Dios…

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Angel Jesus 04/21/2020 at 21:48

Si hay una decisión judicial al respecto, sería una mala noticia para la ciudad. Querría decir que o los abonados exigían un 100% y que las hdades se lo quedan al 100%. Hay que llegar al punto intermedio. Entiendo que el artículo solo pretende quitar esa soga del cuello que se había puesto a Consejo y Hdades, situándoles en el centro de todas las críticas para presionarlas a su devolución.

Ni es obligatorio devolver el dinero como se está encargando los medios que adoran las visitas a sus periódicos/webs, ni los abonados habrían de perder el 100%. Lo que no se debe caer es en la destrucción pública y coacción mediática para alcanzar un fin

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ANA DAMAS MARQUEZ 04/24/2020 at 21:06

Consideró injusto q no lo devuelvan

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Maria Reyes Martinez 04/25/2020 at 21:11

Conforme a lo anterior, si el Ayuntamiento está devolviendo las tasas abonadas por las casetas f de Feria el año próximo nadie tendría caseta propia ya que el dinero pagado para conservarla se ha devuelto

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FACUA Sevilla denuncia al Consejo de Hermandades - Portal - El Foro Cofrade 04/30/2020 at 12:55

[…] A César lo que es del César, y… […]

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