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De dónde viene la marcha…: Ione (o mejor dicho, Jone)

En el capítulo anterior, mencionaba como el maestro Sanlúcar y los adaptadores de sus temas nos habían recordado en el ámbito de la música cofrade una lección magistral sobre la capacidad de adaptación, el poder, de una buena música. Y digo bien recordar, porque hoy nos iremos a prácticamente los inicios de la música procesional como tal.

Como bien conocerá cualquier aficionado a la música cofrade, a mediados del siglo XIX, metidos de lleno en las formas musicales del Romanticismo e Impresionismo, tomando del primero el modelo patético (como adjetivo de patetismo, algo doloroso, angustioso, grave,…) de la marcha fúnebre que tan bien se presta a acompañar las escenas de la Pasión y Muerte y de ambos, especialmente del segundo, su descriptivismo y, más adelante, la introducción en música «culta» de formas del folclore (lo que se han venido a llamar nacionalismos musicales), y unido a la proliferación de fundaciones de Bandas de Música, digamos civiles, es cuando surge lo que hoy conocemos como música cofrade, o mejor dicho, surge la marcha procesional.

Y como es común en cualquier principio, nada surge de la nada y los primeros creadores de marchas procesionales y esas bandas tuvieron que tirar de lo que les pillaba a mano. Y lo que les pillaba a mano era la música conocida, lo que sería el equivalente a nuestros actuales grandes éxitos del momento, que en el siglo XIX, sin apenas medios de comunicación, grandes discográficas y campañas de marketing pues eran los que eran: los compositores reconocidos del momento y su música, especialmente la música vinculada a obras musicales. Es decir: la ópera

Y en una ópera, dato que seguramente todo el mundo conocerá (aunque quizás no en toda su profundidad) está el origen de la marcha que hoy nos ocupa, una marcha muy conocida y, a pesar del paso del tiempo y de tener ya más de siglo y medio, aún muy usada: Ione

…O mejor deberíamos decir Jone (o si queremos concretar más, Marcha fúnebre en la ópera Jone) que es su nombre original. Y es que en el nombre con el que ha sido popularmente conocida «desde siempre» ya radica el primer «error» que se ha perpetuado entre los cofrades (salvando las diferencias, algo así como lo que está pasando con el ya mencionado Caccini o con otras adaptaciones de las que espero hablar en futuras entradas). Y es que aunque Ione es el nombre original del personaje, habida cuenta de que en latín original no existía la letra J (y eso que existe por ahí una marcha que se llama Alea Jacta Est), el nombre original de la ópera es su «italianización», Jone. Es por eso que, a mi parecer, llamar Ione a Jone sería como llamar «Don Juan» así a secas a la ópera «Don Giovanni» de Mozart.

File:Karl Briullov, The Last Day of Pompeii (1827–1833).jpg ...
El último día de Pompeya (1830-33)

por Karl Briulov

 

¿Y quién era Jone/Ione? Ione era el personaje femenino principal de la novela llamada «The last days of Pompeii» (Los últimos días de Pompeya), una novela histórica escrita en 1834 por el inglés Edward George Earle Bulwer-Lytton, quien a su vez se inspiró en un cuadro del pintor ruso Karl Pavlovich Bryullov, estando ambientada en la Antigua Roma, concretamente en la famosa erupción del Vesubio en el año 79 d.C. que destruyó dicha ciudad y que narra una especie de triángulo amoroso puesto que Ione es el objetivo amoroso de Glaucus (un joven ateniense y protagonista de la novela) y Arbaces (un hechicero egipcio, tutor de Ione).

 

¿Y la Jone musical, la ópera? Basándose en dicha novela, el 26 de enero de 1858 se presenta por primera vez en el Teatro de La Scala de Milán la ópera de nombre «Jone ovvero L’ultimo giorno di Pompei» (Jone o El último día de Pompeya) cuyo libreto (que pueden consultar aquí) fue escrito por el poeta Giovanni Peruzzini, siendo la partitura de Errico Petrella (que también pueden consultar en este otro enlace),  y es en este punto en el que encontramos la que posiblemente sea la mayor curiosidad que rodea a esta marcha.

Errico Petrella - Wikipedia, la enciclopedia libre
Retrato de Errico Petrella

 

Prácticamente desconocido en la actualidad, el compositor Errico Petrella (1813-1877) fue uno de los compositores italianos más populares y mejor considerados de su momento, solo superado por Giuseppe Verdi. De hecho puede que esta consideración fuera lo que llevó a Verdi a criticar en diversas ocasiones al autor que nos ocupa y quizás ese trato que Verdi le brindaba, unido a que Petrella obviamente no era tan talentoso como él y que su música era más «anticuada», influyó en ese olvido en el que se ha sumido su obra.

Y es aquí donde viene un dato que llama poderosamente la atención: Jone, que quizás fue su ópera más exitosa y es la que nos ocupa, se dejó de representar en los años 20 del pasado siglo XX y no volvió a ser representada hasta el 20 de enero de 1981 en el Teatro Municipal de Caracas, siendo ésta la última vez que se hizo y no por nada especial ni en honor a Petrella, sino porque se celebraba el centenario de dicha institución y Jone fue la ópera que figuró en su temporada inaugural en 1881. Es de dicha representación, además, la única grabación fonográfica que se conserva de Jone, editada inicialmente en vinilo (1981) y posteriormente en CD (2005), pudiéndose disfrutar, quien quiera escucharla, en Youtube.

 

Volvamos a la pieza que nos ocupa. Considerada una de las más destacadas de la ópera, hasta el punto de ser de lo poco que ha pervivido de Petrella siendo interpretada no solo en España sino en la propia Italia o Hispanoamérica, lo que suena tras nuestros pasos en Semana Santa no es sino la música de una marcha fúnebre que, además de aparecer en la obertura de la ópera, suena completa en el final de la primera escena del IV acto (acto final). En esta escena, Glauco, que ha sido capturado y acusado de sacrilegio por intentar sacar a Jone del templo de Isis (Jone se había consagrado a la diosa tras caer en un engaño de Arbaces) y es condenado a morir en el anfiteatro. La marcha, en la que podemos escuchar originalmente un tempo más ligero que con el que se interpreta adaptada a nuestros pasos, refleja claramente el andar de la comitiva (el «funesto cortejo» como lo llama uno de los personajes de la obra) de Glauco como gladiador que va a enfrentarse a su muerte, tal y como aparece expresado en el libreto:

 

«(Al suono di funebre marcia, preceduto e seguito da soldati, da guardie, ecc., e circondato da littori, Glauco attraversa la scena dirigendosi verso l’Anfiteatro. Giunto u pochi passi da esso, si arresta. Burbo e i popolani insieme ad altri sopraggiunti, si tengono in disparte)»

Como dijimos con Medea, la pieza, la música por sí sola consigue funcionar bastante bien: ese tempo de marcha bien marcado, esa sensación lúgubre, ese dramatismo pero a la vez no demasiado pasional, su pesadumbrez, su gravedad,… consiguen representar bastante bien a ese inocente condenado que camina resignado lentamente hacia su muerte. ¿Cómo no iba a funcionar igual para poner música a la Pasión y Muerte de Cristo? Quizás por ésto, y por la popularidad de la ópera en su momento, se explica perfectamente su adaptación a marcha procesional. Y posiblemente, en algún lugar de Italia fuera el primero donde Jone se adaptara a Banda de Música para acompañar procesiones religiosas, de donde seguramente fuera tomada la idea por algún compositor español, pero en este caso estamos hablando de la música procesional aquí.

En España, aunque la historiografía de la música procesional -tradicionalmente escrita desde, por y para Sevilla hasta el punto de seguir difundiendo datos que ya han quedado más que demostrados como erróneos pero que todavía mucha gente se sigue creyendo porque, por ejemplo, la prensa sigue usando sin contrastar (como eso de decir que marchas de Escámez o algunas de Manuel Rodríguez se dedican a Hermandades de Sevilla o que José Font Marimont, en Sevilla, fue el padre de la música procesional y que «La Quinta Angustia» es la marcha más antigua de la Semana Santa)- siempre ha adjudicado a Manuel Font Fernández de la Herranz en 1899 la primera adaptación (tal es así que hasta la célebre Wikipedia incide en este error, al menos cuando estoy escribiendo ésto), lo cierto es que 32 años antes de esa fecha, en 1867, aparece una primera adaptación, concretamente en el número 263 de la revista «Eco de Marte», una revista especializada en música para bandas militares. Esta partitura, que puede ser consultada online en el Catálogo de la Biblioteca Digital Hispánica (gestionado por la Biblioteca Nacional), aparecía firmada por el músico militar José Gabaldá Bel (uno de los pioneros de la marcha procesional en España) a quien también se atribuyó la adaptación, autoría que, finalmente quedó resuelta tras descubrirse en el Boletín Bibliográfico Español de enero de 1868 (se puede consultar también aquí) que se mencionaba al también músico militar Álvaro Milpager Díaz como «traductor» de la obra, siendo la firma de Gabaldá debido a su condición como editor de la revista. De hecho, ¿cabe la posibilidad de que Milpager conociera hubiera conocido esta marcha in situ en Italia y hubiera traído a España una transcripción de la misma? Muchos entendidos dan como buena dicha posibilidad.

Resueltas gran parte de las incógnitas, es fácil imaginar la trayectoria de la marcha hasta su versión «andaluza» actual: la Marcha Fúnebre de Jone se adaptaría en Italia, Milpager traería a España una transcripción de la misma editada en la revista por Gabaldá. Font Fernández lo que sí haría sería adaptar la marcha a la instrumentación y se podría decir que a la «sensibilidad» sevillana (la Jone editada en Eco de Marte parece estar escrita para ser tocada a «doble tiempo» de la versión «cofrade» que todos conocemos), siendo la versión definitiva una revisión de Pedro Braña en sus años al frente de la Banda Municipal de Sevilla, al menos según aparece en el libreto del disco «Versión original» editado en 2006 por dicha institución.

Y así hasta la actualidad en la que la marcha permanece, aunque quizás ya no sea tan frecuente escucharla, en los repertorios de muchas bandas y hasta ha sido adaptada al género de Agrupación Musical de manos de Antonio Miguel García Bernáldez para la Estrella de Dos Hermanas.

En esta ocasión, no me gustaría cerrar este artículo sin dar créditos a quienes realmente han descubierto la historia de esta marcha y cuyas obras y escritos me han servido de fuente para él, especialmente a los compañeros de Patrimonio Musical y no dejando de recomendar este artículo de Juan Carlos Galiano-Díaz disponible para su consulta online que contiene una información más detallada y completa.

Concluiremos mencionando otra curiosidad respeto a Jone: aunque posteriormente la ópera gozó de cierto éxito, al parecer su estreno en Milán fue un auténtico fiasco debido a una interpretación no muy inspirada. Sirva de ejemplo de cómo en música, tanto la calidad del interprete y la de la propia música, son decisivas en un resultado final, y es que una desafortunada interpretación puede convertir en mala cualquier obra, por buena que sea, pero un buen intérprete difícilmente hará mejor a una obra mala.

 

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