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De dónde viene la marcha…: La Oración del Huerto

Siguiendo de alguna forma la costumbre de enlazar artículos, mencionaba en el escrito de Jone -y se pudo ver también que está sucediendo con el Ave María- como la historiografía tradicional de la música cofrade, escrita desde un prisma claramente sevillano, había venido difundiendo, e incluso seguía haciéndolo, gran cantidad de datos erróneos que, hoy día, muchos cofrades siguen tomando como ciertos y siguen creyendo incluso cuando alguien trata de contar la verdad. Autorías de marchas, nombres de compositores, dedicatorias, fechas,… cualquier cosa ha sido susceptible de ignorarse, modificarse o magnificarse, inconscientemente unas veces pero conscientemente otras, según interesara o no, de modo que incluso Hermandades presumen en sus redes y portales de marchas que ni de lejos están dedicadas a ellas y algunos llamados «periodistas» siguen repitiendo esos errores en sus programas, artículos y retransmisiones como si vinieran escritos en el Evangelio (y cuídate de corregirlos que si no…), por no decir de libros y escritos todavía considerados obras de referencia para el estudio de la música procesional que siguen perpetuándolos cada vez que alguien intenta buscar información seria sobre el estudio de nuestra música.

Que la música procesional en general necesita todavía de un gran estudio que afronte su historia con plena objetividad y seriedad y la aleje de orígenes mitificados y de esa narración pseudo-poética tan pretenciosa y a veces hasta pedante, es una realidad. Y que son los géneros de bandas para «pasos de Cristo» los que más atrasados están en ese aspecto, más aún.

La marcha de hoy, junto con el resto de co-protagonistas (autor, Hermandad, ciudad, banda de origen), quizás sea de entre las más famosas que podamos encontrar dentro de ese olvido selectivo, si bien en este caso no intencionado, pues el origen de esta marcha no ha sido nunca un misterio oculto. Pero por ello, precisamente, se pone de manifiesto ese «hispalocentrismo» que sufre la historia de la música procesional y lo injusto que se es con algunas de sus obras y autores.

 

Agripino Lozano Perea

Foto: Diario de Cádiz

Hablamos de la marcha La Oración del Huerto, marcha que la historia ha acabado perpetuando como uno de los grandes clásicos de las Agrupaciones Musicales, y concretamente, de los grandes clásicos legados en los años 80 y 90 por la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, hoy Virgen de los Reyes, de Sevilla… Pero no, la marcha, que ha quedado en la memoria además con el erróneo título de «La Oración en el Huerto», objetivamente hablando no podría figurar en esa lista junto a grandes clásicos sí originales de esta banda como Jesús Despojado, Pregonero, Sagradas Vestiduras (que bien podría merecer otro artículo), etc.

Y es que la marcha de la que hablamos tiene un origen distinto y bastantes años anterior. Y para hablar de ese origen, primero deberíamos hablar de su autor, Agripino Lozano Perea. Nacido en una pequeña localidad toledana,Villanueva de Alcardete, en 1928, este manchego músico militar llega a Andalucía, concretamente a San Fernando (Cádiz), en 1948 como integrante de la Banda de Infantería de Marina del Tercio Sur, y en la localidad isleña acabaría asentándose durante su trayectoria musical, prácticamente toda su vida. Aquí, en 1962 funda, junto a José Vacas otro compañero músico de dicho Tercio, la Banda de Música de la Cruz Roja, hoy rebautizada con su nombre ya que ejercería como director de dicha institución isleña entre 1965 y 1982. Esta banda pronto comenzaría a acompañar a diversas cofradías isleñas, estando entre ellas las de la Misericordia y la Oración en el Huerto, ambas con sede en la Parroquia de la Divina Pastora. Para la de la Misericordia compondría el maestro su primera marcha en 1970 y, como explicó él mismo en 1990, fruto de las buenas relaciones con ambas cofradías en 1972 nace la marcha que nos ocupa. Hablamos, pues, de una marcha compuesta para Banda de Música de plantilla completa (vulgo «Banda de palio») y dedicada a una Hermandad de San Fernando, marcha de estructura bastante clásica con su introducción, su tema principal que se repite con la variación de unas llamadas de los metales y su trío final que modula a modo mayor, siendo un tema de corte elegante pero no excesivamente sobrio ni complejo, muy en la línea al tipo de marcha que se venía componiendo en este periodo post-conciliar y de los últimos año de la dictadura e inicio de la Transición.

 

Pero, ¿cómo llega una marcha de Banda de Música y desde una Semana Santa relativamente lejana a Sevilla y al estilo de Agrupación Musical, máxime cuando la adaptación se realiza y graba algunos años antes de la primera grabación conocida en su género original en 1994? Primeramente, habría que ponernos en contexto: en gran parte de los años 80 y principios de los 90, denostadas y acribilladas por la prensa, las Agrupaciones Musicales parece que como si quisieran paliar esas críticas y justificarse, comenzaron a mirar más hacia un género con mejor prensa como el de las Bandas de Música. En estos años se pudieron escuchar y se grabaron numerosas adaptaciones de marchas como Esperanza Macarena, Hermanos Costaleros, Lloran los Clarines, Cristo de la Presentación,… además de prestarse algunos reconocidos autores a intentar dar lecciones de composición para la música de «pasos de Cristo», entre otros Abel Moreno, Juan Velázquez o Pedro Morales.

En la mayoría de casos, y afortunadamente para nosotros, esos experimentos no funcionaron ni tuvieron mayor recorrido pues, siendo sinceros, eran peces fuera del agua. Pero hubo una banda que se fijó en esta marcha concreta. Como todo el mundo sabe, fue la por entonces llamada Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras la que realiza y graba en 1988 dicha adaptación, y el por qué lo explicaba Antonio Amodeo hará algunos años en el foro del portal Patrimonio Musical. Según cuenta, Juan Ramírez Tellez, director desde siempre de dicha banda, realizó el servicio militar en San Fernando al mando de Agripino Lozano, a quien habría visto dirigir algunas de sus marchas en la banda del cuartel, siendo a través de un compañero músico de la Banda de las Nieves de Olivares que también sirvió en San Fernando de quien recibirían las partituras para completar el que sería el segundo disco de la Agrupación (La saeta, 1988). Ambos responsables musicales de la banda se fijaron en La Oración del Huerto ya que, por su corte, era una marcha que bien podría parecer hecha expresamente para el género y, de este modo, prácticamente adaptaron la marcha tal cual a la instrumentación de Agrupación, incorporando la voz de corneta y solo suprimiendo el trío que era lo que más sonaba «a palio». El resto es historia.

 

Portada original manuscrita de la marcha

Foto: Mateo Olaya

Pero, como introducía este texto, dicha historia no ha sido del todo justa con Agripino, con su Banda, con la Hermandad del Huerto y con la Semana Santa isleña en general. Y es que la adaptación funcionó, y acabó funcionando de tal manera que, como mencionábamos, incluso hoy es más reconocida que su versión original, cometiéndose junto a éste otros errores a veces no corregidos.

El primero de todos en su título: la marcha en Agrupación Musical es conocida con el nombre erróneo de «La Oración en el Huerto» y no La Oración del Huerto que es el que figura en la portada de la partitura manuscrita original de 1972 de manos del maestro quien, además, solía firmar éstas adornándolas con un acertado dibujo que él mismo realizaba. Este error que se ha perpetuado tanto que en cualquier repertorio que figure la marcha aparece el título mal escrito (como se puede ver por ejemplo en las webs de dos Agrupaciones sevillanas como Los Gitanos o incluso de la propia Virgen de los Reyes) bien podría deberse a una de las innumerables erratas discográficas que han acabado calando en el imaginario colectivo de la música cofrade (erratas que, por cierto, darían para escribir un libro), ya que en la mencionada primera grabación de Jesús Despojado en el disco «La saeta» (1988) y en grabaciones inmediatamente posteriores (como el disco «Marchas de Semana Santa»de 1990 de la A.M. Remedios de Castilleja de la Cuesta) la marcha sí aparecía con el título correcto, siendo en posteriores grabaciones cuando se modificaría sin criterio alguno, en ocasiones hasta el punto de mutilarlo como es el caso del disco «Gran Poder» (1996) de la Agrupación María Inmaculada de Castilleja de la Cuesta en cuya carátula trasera aparece como «Oración en el Huerto» a secas, sin el artículo determinado inicial.

Detalles de dos guiones de la marcha con

errores en el nombre del autor.

Fotos: Archivo personal

El segundo gran error (errores en plural en este caso) que se ha difundido es respecto al nombre de su autor. Mencionado por las evidentes cuestiones de espacio frecuentemente como A. Lozano en las carátulas de las diferentes grabaciones, no sabemos si es que hay a quien no les gustase o no les sonase comercial el nombre de Agripino pues esa «A.» en ocasiones ha mutado a «Antonio Lozano», por no hablar de otras variantes como el «A. Perea» (sin Lozano) con el que figura en el mencionado disco «Gran Poder» de 1996 o el «Agripino Lozano García» de este arreglo de una Agrupación granadina (hasta donde llegan los arreglos que hasta le arreglan el nombre al autor). Y eso cuando a nuestro pobre Agripino Lozano no le han arrebatado la autoría de la marcha para dársela a Antonio Velasco (autor que, según Antonio Amodeo, no participó de esta adaptación en concreto), como se ve en alguna partitura que circula por internet.

Y, finalmente, el típico error cuando una marcha se populariza en Sevilla: la dedicatoria. Y es que, como sucediera (y sigue sucediendo) con marchas como las de Escámez, que la marcha tenga un título tan genérico dedicado a una escena de la Pasión que está representada en una Hermandad de Sevilla, el pensamiento del cofrade medio ha acabado en ocasiones por deducir que, si la marcha «es» de una banda de Sevilla, estará entonces dedicada a una Hermandad de Sevilla, en este caso, la Hermandad de Monte-sión. De hecho, aunque felizmente la Hermandad acabara corrigiendo el error, pero en su propia web oficial llegó a figurar esta marcha en su apartado «Patrimonio musical».

 

Un viernes, el 28 de diciembre de 2007, fue cuando el maestro Agripino Lozano fallecía. Este andaluz de adopción que se empapó de nuestras costumbres y de nuestra Semana Santa hasta el punto que dejó varias marchas a las cofradías isleñas y que, sin pretenderlo, una de ellas ha perdurado considerada un clásico casi indispensable de otro género, puede que se fuera sin el reconocimiento de esa historiografía de la música procesional que ha tendido a reconocer a sus figuras según su procedencia o el destino de su obra. Pero tal vez ni lo necesitó: nombrado Hijo Adoptivo de San Fernando en 2002, habiendo recibido numerosos reconocimientos y condecoraciones, y habiendo sido despedido con honores tanto en su ciudad adoptiva como en su pueblo natal, teniendo esculturas y nomenclaturas del callejero en su honor y, por supuesto, quedando su nombre para la posteridad de la Semana Santa no solo en sus marchas sino en el nombre de la Banda que ayudó a fundar y dirigió, Agripino recibió el cariño y reconocimiento de los suyos.

No obstante, sirvan estas humildes líneas para intentar reparar, si se pudiera, esta pequeña muesca en su memoria.

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Un comentario

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Alejandro 05/13/2020 at 08:34

Me gustaría recalcar un apunte que no aparece, la adaptación para agrupación musical fue realizada por el propio Agripino Lozano y cedida por él mismo hacia la Agrupación Musical «Virgen de las Lágrimas», hoy «Lágrimas de Dolores» de San Fernando, siendo incluida en un casette de marchas procesionales en el año 1994. Un saludo.

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