Actualidad Opinión

Pilato en el Patio de la Montería

El pasado martes se celebró la reunión de hermanos mayores que decidía qué hacer con el dinero de los abonados de la carrera oficial. La decisión final ha sido devolver el dinero a la persona que lo solicite. Quien decida no pedir la devolución podrá declararlo como donación, con la lógica deducción fiscal, y además el año que viene tendrá un 25 % de descuento en el abono. En realidad, el abonado que opte por esta opción recuperaría gran parte del dinero y no pondría en peligro ni al Consejo ni el tejido socioeconómico del mundo cofrade y por ende de Sevilla.

Si la gran mayoría de abonados pide esa devolución, el Consejo tendrá que pedir un crédito bancario. Un crédito que a día de hoy no saben cómo podrían liquidarlo, porque nadie garantiza que el año que viene pueda haber Semana Santa. Además, lo que parece seguro, es que al igual que las medidas de seguridad llegaron para quedarse después de lo ocurrido en 2000 y 2017, ahora se van a implantar – para siempre – otras medidas de seguridad vinculadas a la seguridad sanitaria. La carrera oficial, como la conocimos hasta 2019, es evidente que ha muerto en todos los escenarios que el futuro nos pueda plantear. ¿De dónde va a sacar el dinero el Consejo para pagar el crédito y los intereses, si su fuente de financiación se va a ver mermada o incluso cortada de raíz?

La situación, si no fuera por el peligro real que conlleva para el futuro del mundo cofrade, sería cómica. Una junta superior que pide una valoración jurídica a un importante bufete de abogados de la ciudad. Imagino que informe pagado, como es lógico. Este bufete le da la razón y argumentos legales para no devolver el dinero. Sin embargo, el presidente decide echarse en brazos del que dos días antes le llamaba «rata». Así, literalmente, sin un poco de poesía, moral o ética periodística. Lo hace con la complacencia de los hermanos mayores, algunos de los cuales estoy convencido veían la locura de esa decisión, pero prefirieron callar y esconderse en la masa de la aclamación que levantarse y defender lo que pensaban. Para terminar la tragicomedia, anunciaba el presidente, Francisco Velez, que iba a realizar una reforma de los estatutos para que esto no volviera a ocurrir. Pero ¿de qué reforma está hablando?, si ya hay un artículo más que explícito:

«Artículo 7. La suspensión de alguna o de todas las estaciones de penitencia por causa meteorológica o por cualquier otro motivo, no dará derecho a devolución alguna de dicha aportación».

Sólo es una artimaña más para dejar pasar el tiempo sin hacer nada. Como en el Martes Santo, la Madrugá, Domingo de Ramos, Miércoles Santo, la transparencia económica del Consejo… siempre es la misma historia, en mayo decir que lo van a trabajar y en noviembre o diciembre decir que ya no se puede hacer nada. El problema en esta ocasión es que el impago de un crédito no entiende de esas patrañas.

Todo el mundo, desde el último de los cofrades hasta el alcalde de la ciudad, parece que sólo mira por sus intereses personales. Nadie analiza en global la Semana Santa y la manera de fortalecerla. Ante nuestros ojos se puede caer todo, pero parece dar igual. El «yo» siempre por delante del «nosotros». No hay nada más sevillano que decir que defiendes la ciudad, pero en realidad defender tus egos, fobias y filias. El problema es que no se dan cuenta que sin el «nosotros» no hay el «yo». Al abonado sólo le importa su dinero y que sea ya, el hermano mayor su dinero ahora, la junta superior marear la perdiz estos dos años y dejar el pufo al que venga detrás, si es que detrás viene alguien o queda algo en pie del Consejo. El alcalde y su concejal de Fiestas Mayores callados, no vaya a ser que pierdan algún voto. A nadie le importa la verdadera base de la fiesta. Si ésta cae, luego todos sobreactuarán con las lágrimas de cocodrilo, eso sí se nos da muy bien por aquí.

Las hermandades van a tener que seguir pagando locales, luz, agua, mantenimiento de templos, obras sociales (ahora más que nunca)… se olvidarán de los artesanos por un tiempo ¿De qué van a comer estos? Tampoco habrá para bandas, que están destinadas a desaparecer en un buen número. ¿A quién le importa esto? Ni habrá demanda alta para negocios típicos de aquí, como la cerería. O los floristas, tiendas cofrades, costureros/as… El martes pasado Pilato fue al Palacio de Montería. En vez de llevar una palangana, llevaba un televisor y un decisión ya tomada. No había alternativas posibles. Se lavó las manos delante del sanedrín de hermanos mayores. Ninguno de ellos intentó jugar el papel sensato de Claudia Prócula. No digo que pudiera frenar tanto desastre, pero al menos alguien que lo intentase. Todos salieron contentos y aplaudiéndose así mismos. Luego vendrán los tiempos duros, las decisiones trágicas y los llantos por lo perdido. Ya habrá tiempo de echar la culpa a alguien. Siempre a un tercero, nunca mirarnos a nosotros mismos y ver la repercusión que tienen nuestros actos, claro.

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