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¿Dónde están las hermandades?…

Por si alguien estaba despistado y ha necesitado una pandemia para darse cuenta, las hermandades forman parte del ecosistema asociativo de las ciudades y pueblos en los que se ubican. A priori, lo que más se ve y lo que más se conoce es su vocación asistencial: dar de comer el hambriento, acoger al peregrino, visitar al enfermo y el resto de las obras de misericordia. Sin embargo, las hermandades también llevan a cabo otras acciones que intervienen directamente sobre sus entornos. Actividades que, sin duda, influyen sobre las corrientes de pensamiento y la opinión de la ciudadanía.

Por ejemplo, cuando la Hermandad de la O promueve la ayuda a mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad, está combatiendo el aborto. Pero también se toma partido, por ejemplo, contra la prostitución cuando algunas hermandades colaboran con las Adoratrices en esta tarea. Muchas personas desconocen que las hermandades a las que pertenecen promueven, entre otras, la lucha contra la pobreza energética y la brecha digital, el derecho a una vivienda digna, los programas de alfabetización, los programas e itinerarios de reinserción social para exreclusos, la protección a inmigrantes o la cobertura sanitaria universal más allá del sistema público de salud. Estos ejemplos necesitan una mejor explicación.

Alegoría de la Caridad, Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad. Sevilla

Cuando se paga una factura de la luz o se compra una tablet para que un menor reciba enseñanza a distancia, se pone de manifiesto la necesidad de la corriente eléctrica para todos y la tecnología como bien de primera necesidad. Cuando una hermandad paga el alquiler de una familia, evita un desahucio. Cuando la Hermandad de la Macarena pone en marcha un programa de refuerzo escolar en el Distrito Norte -donde se ubican las mayores tasas de inmigración-, combate el analfabetismo. Cuando se apoya económicamente a Proyecto Hombre y otras organizaciones contra la drogodependencia, el alcoholismo y la ludopatía, las hermandades están gritando que eso no es bueno para la sociedad. ¿Sabían que hay hermandades que gestionan viviendas para personas que salen de prisión y que también gestionan la regularización de inmigrantes, ofreciéndoles enseñanza de español, buscándoles trabajo y arreglando sus papeles? ¿Alguna vez se habían planteado que el Centro de Estimulación Precoz o que la residencia de la Fundación del Rocío de Triana, además del servicio que ofrecen, están evidenciando las carencias de la sanidad pública?

Es cierto que los eventos festivos religiosos constituyen un sector económico importante, que afecta al turismo, a la hostelería, a las artesanías y al mercado del arte, por poner algunos ejemplos. Los eventos festivos religiosos implican a dos sectores: al económico y al escatológico, pues afectan a las cosas del alma. Sin embargo, la actividad social de las hermandades, que ellas mismas siguen llamando caridad, afecta a la economía de lo público, al estado del bienestar y a la cultura como conjunto de ideas, opiniones y costumbres.

Por algunas informaciones, se sabe que las hermandades establecen acuerdos de colaboración con empresas, entidades bancarias, administraciones públicas y organizaciones sin ánimo de lucro, como fundaciones y oenegés. Sin embargo, poco o nada se sabe sobre las relaciones que las hermandades mantienen con los movimientos sociales. Si bien, con muchas de sus iniciativas corrigen las desigualdades generadas por la economía de mercado, las hermandades no han sido capaces, todavía, de posicionarse en asuntos como los derechos laborales, la violencia de género, el consumo responsable, la ecología o la igualdad de género. Tampoco trasciende si colaboran con organizaciones informales en las luchas del movimiento urbano, junto a las asociaciones vecinales, por la seguridad de los barrios marginados o en la petición de equipamientos públicos.

Por último, las hermandades también intervienen en la agenda pública. Que se sepa, no forman parte de las juntas de distrito ni participan en protestas o manifestaciones de forma corporativa. Sin embargo, sí es conocido por todos que sus excelentes relaciones con los partidos y representantes políticos, así como con la administración pública, facilita la tramitación de propuestas.

En resumen, si se preguntase dónde están las hermandades, las respuesta sería evidente: en mitad de la sociedad. Tienen su propia agenda, aunque desconocida para la mayoría. Prefieren las instituciones a las organizaciones informales, los despachos a la calle. Y fomentan las relaciones públicas como instrumento para la consecución de muchos de sus objetivos. La única pregunta que queda por responder es si los dirigentes de las hermandades son conscientes de la capacidad transformadora que poseen las organizaciones que lideran.

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