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Orgullo

Nada que decir, nada que esconder. Estas palabras parecen haberse convertido en el lema de reconocidos cofrades que no están dispuestos a posicionarse abiertamente sobre su orientación sexual. Un capirote impuesto por la elite cofradiera. Puedes ser lo que quieras, pero no se note y que nadie se entere. Y es que ya se sabe, el marco de la clase dominante termina convirtiéndose en el marco de la clase dominada.

Muchos de ellos son pintores, bordadores, vestidores, priostes, escritores, productores audiovisuales, pero también son hermanos mayores, periodistas, portavoces políticos, historiadores, costaleros o músicos que en algunos casos viven en una doble vida para evitar el juicio moral de la ortodoxia capillita. Socialités de las cofradías y personajes de relevancia pública que, a la inversa de Pablo Alborán, no estarían dispuestos a dar una chicotá de frente para confirmar lo que ya se sabe: que les gustan y aman a personas de su mismo sexo. A muchos de ellos se les ha acusado de conformar una especie de lobby gay que influye de manera significativa sobre la Semana Santa y que habrían «convertido todo esto en un espectáculo digno de una pasarela sin calcetines». En general, afirman que no tienen por qué confirmar lo que ya se conoce a vox populi. Sin embargo, otros prefieren guardar discreción por miedo al rechazo y al escarnio. El mismo que acorraló en varias ocasiones a Rodríguez Ojeada, genio de las artes y el diseño de la Semana Santa.

Gracias a Dios, la policía no se va a personar en ningún local para hacer una redada, como ocurrió en New York en 1969. Sin embargo, la homofobia y la desigualdad están muy presentes entre las hermandades y cofradías. Se ha intervenido en algunas elecciones por la condición sexual de alguno de los candidatos y se ha señalado a personas como poco adecuadas para determinados encargos por tener gustos heterodoxos. También se ha aludido a la orientación sexual de una persona para atacar su trabajo o su obra. Esta desigualdad también alcanza, por ejemplo, a los costaleros que se alejan del estereotipo masculino de forzudo de barraca e impregna a las mujeres que sueñan con portar sobre sus costales a la devoción de sus amores. Isidoro Moreno llegó a describir a las hermandades como «clubes de varones», con todo los rasgos estereotípicos que implica.

Lo cierto es que la homosexualidad está en la Semana Santa, forma parte de ella y cohabita con la sensualidad que desprenden las celebraciones rituales. Habrá un día en que nada sea excepcional.

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Un comentario

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Miguel Angel 06/28/2020 at 15:43

Creo que eso de lo que habla usted, era mas propio de la primera mitad del siglo XX, incluso podríamos decir que hasta los años 80, pero todo ello esta ya superado y muy bien superado. Por lo menos en Córdoba. Aquí, las hermandades tienen en su mayoría, personas Gay en juntas de gobierno y ni son criticadas, ni son maltratadas. Creo en mi humilde opinión que, todo eso ya esta superado y se ve con total normalidad y ni por eso se les quiere criminalizar, ni se habla mal de las hermandades por tener a esas personas en las juntas. Creo que seguir haciendo que la busqueda de la normalidad sea excepcionalidad es lo que hace que a muchas personas os siga pareciendo «raro»

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