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De dónde viene la marcha…: homenaje a Ennio Morricone

Siempre me gusta pensar en los paralelismos entre nuestra música cofrade y la música para el cine, en las muchas cosas que tienen en común.

Ambas especialidades musicales son un complemento a una puesta en escena, complemento importante pues una buena Banda Sonora puede elevar y reforzar lo que se está viendo y en cambio una mala elección puede cambiar drásticamente su sentido (si no, prueben a ver una película de terror sin sonido o directamente poniendo música en tono de humor de fondo). También ambas tienen su origen y primeros referentes en la música programática e incidental del Romanticismo e Impresionismo. Igualmente, podemos ver que autores cofrades han recurrido a «citas» (por no hablar prácticamente de plagios) de músicas de bandas sonoras para sus propias marchas, mientras que el cine (y la televisión) también han recurrido a marchas de Semana Santa para sus propias producciones, siendo célebre el ejemplo de la marcha La Madrugá de Abel Moreno en la BSO de la película Alatriste.

Incluso tenemos el caso de algún reconocido compositor de cine probando en el campo de la marcha procesional, caso de Roque Baños y su magnífica marcha fúnebre «El Sepulcro», y viceversa, compositores que quizás conoceremos más por sus marchas que también han realizado bandas sonoras, como Francisco Javier Torres Simón.
Por no mencionar que las actuales corrientes de la música cofrade, especialmente para «paso de Cristo» cada vez se ven más influenciada por un tipo de música bastante cercana a la de la gran pantalla en lo que algunos puristas tratan de devaluar llamándolas despectivamente «bandas sonoras» (pobres ignorantes, porque qué si no es una marcha procesional sino la banda sonora de la Pasión, Muerte y Resurrección).

Y por último, en ese paralelismo, a un servidor le gusta pensar que, si los compositores del cine puede que sean los grandes compositores de la música actual y los únicos que quizás se puedan equiparar a los grandes compositores de la Historia de la Música (en la que perfectamente podrían entrar, por sus obras, nombres como John Willians, Howard Shore, Hans Zimmer, Joe Hisaishi, etc.), nuestros mejores compositores de música cofrade prácticamente podrían serlo, si la música cofrade tuviera una consideración más «culta», de la Música española. Y es que nada tiene que envidiar a nivel musical y de creatividad (a veces incluso todo lo contrario) la música de autores como Hurtado, López Gándara, Torres Simón, Moreno Pozo, Barbero, González Ríos, etc. al resto de música que hoy día se hace en este país. El por qué de esta introducción se debe a que el pasado 6 de julio nos dejaba uno de los grandes compositores, del ámbito cinematográfico pero fácilmente se le podría considerar a la altura de muchos grandes genios en la Historia de la Música, pues sus Bandas Sonoras marcaron una forma de entender la música del cine, crearon escuela y, en algunos casos, supusieron grandes obras de arte que llevaron a los filmes a los que acompañaron a otra categoría, haciéndolos pasar a la posteridad. Como bien
sabrán, estamos hablando del italiano Ennio Morricone que nos dejaba a la edad de 91 años (para los genios siempre será temprana edad), un compositor cuya música
trascendió los límites de la gran pantalla, siendo su obra reconocible por casi cualquiera, y su música, también, una de las que también cruzó ese puente que une la música del cine con nuestra música cofrade, y no solo por las posibles influencias en
nuestros compositores, sino porque música del propio Ennio ha sonado, y sigue sonando, tras algunos de nuestros pasos.

El público cofrade «conoció» a Ennio Morricone allá por 1988. En ese año, la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras de Sevilla grababa en uno de sus célebres discos, el titulado La saeta, el tema Ave María. Y por entonces decir Ave María no implicaba que fuera inmediatamente acompañado de las palabras «de Caccini» porque este Ave María, aunque también era una adaptación
(una más de las muchas históricas adaptaciones que completaban ese disco junto a títulos como la propia La saeta, La Oración del Huerto o Nazareno y gitano, todas hoy grandes clásicos de la música cofrade) pero en este caso de la Banda Sonora de la película La misión, película de 1986 dirigida por Roland Joffé, protagonizada por Jeremy Irons y Robert de Niro y encuadrada en las misiones jesuítas en la Sudamérica del siglo XVIII y el conflicto político-religioso entre los misioneros de la Compañía y las monarquías absolutistas europeas.

Considerada una de las mejores Bandas Sonoras de la Historia del Cine, y eso que, como confesaba el propio Ennio en un principio quiso rechazar el proyecto, la música de La misión es una música que complementa y completa a la película pues la música en parte es elemento importante de la trama (pues es usada y representa la aceptación de los indígenas a las prédicas del padre Gabriel, interpretado por Irons) y acompaña tanto los paisajes y encuadres que podemos ver como la propia historia realizando una perfecta mezcla entre la música religiosa europea del momento y los propios sonidos y músicas indígenas. 

Este Ave María representa sin duda esa fusión, pues llamado originalmente Ave María Guaraní, en esta pieza coral realizada como para ser interpretada por los indígenas, Ennio Morricone realiza una música para coro siguiendo las formas de la música barroca pero, como dice su título, es guaraní, tiene esa parte de indígena, siendo un fragmento sobrecogedor y no por ello carente de unción, sino todo lo contrario.


La adaptación, como muchas de las mencionadas y de las realizadas por la Agrupación Jesús Despojado, fue idea de los dos «Antonios», Amodeo y Velasco, una adaptación que toma el tema suprimiendo la introducción, siendo destacable el hecho de empezar sin percusión, algo poco frecuente en el género por entonces. En versiones posteriores, como las de Jesús Gómez y Rafael Vázquez grabadas a finales de los 90 por la Agrupación de los Gitanos sí podemos encontrar incluida esa introducción, estando esta versión en una tonalidad de Fa menor, siendo esta tonalidad cambiada a un Do menor en la última versión popularizada, realizada por Antonio Amodeo y que la ya Agrupación Virgen de los Reyes grabó en su mítico
disco
«Llegó como llega siempre…» de 1998, siendo ésta una versión digamos más cofrade.

Esta marcha, a pesar de la calidad de su música, desgraciadamente fue cayendo en desuso (un servidor la tocó por última vez allá por 2009 o 2010), y la puntilla, como mencionábamos antes, se la vino a dar la aparición de la moda de esa marcha homónima, el archiconocido (No)Caccini, que hace que hoy día, cuando se habla de Ave María en música cofrade ya casi nadie recuerde esta marcha. Pero no por ello la música de Ennio Morricone dejó de sonar en nuestra Semana Santa. Y, sin salirnos de la misma película, de La misión, su tema principal, que incluye una introducción con la pieza «Falls» y el archiconocido «Gabriel’s oboe«, también ha sido objeto de diversas adaptaciones en estos últimos años, siendo tal vez la primera en popularizarlo la Agrupación Santa María Magdalena de Arahal (la cual creo recordar que incluso lo ha llegado a hacer sonar en Campana tras el Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta) y habiendo sido grabado en su último disco, titulado «El sueño de unos niños«, por la Estrella de Dos Hermanas.

Como curiosidad final para este pequenísimo homenaje a este gran compositor, si por algo ha sido reconocido Ennio Morricone es por ser, si no el «padre», uno de los máximos creadores de la música para el cine del Oeste, formando esa dupla junto al director Sergio Leone, siendo esta música la perfecta ambientación para el género. Y es que, ¿quién no ha silbado alguna vez el tema principal de «El bueno, el feo y el malo» o el de «Por un puñado de dólares? Pues bien ya escribía al principio que había autores que insertaban «guiños» de músicas del cine en sus marchas procesionales, siendo el caso de esta última película en la marcha «Soberano de la Salud» obra de los compositores Manuel Jesús Guerrero Marín y José María Sánchez Martín para la Agrupación Musical del Despojado de Jaén y cuyo principio se «inspira» claramente en el famoso tema de trompeta de dicho film. En su día uno de los autores mencionó que este fragmento lo habían utilizado como homenaje a Ennio Morricone y, al ser consultado sobre el por qué elegir un tema de un western como este lo justificaba diciendo que «a Cristo también lo vendieron por un puñado de dólares». Sin duda pirueta con doble tirabuzón comparar a Nuestro Señor con el forastero «sin nombre» interpretado por el tipo duro del cine, Clint Eastwood como justificación de la introducción de solos espectaculares de trompeta… En fin, para gusto los colores que dirían algunos, que criticar es de «hater».


Sin más dejo aquí esta breve mención a la obra «cofrade» del gran Ennio Morricone, un genio de la música que nos ha dejado, pero no así sus obras que perdurarán en la memoria colectiva, cofrade y no cofrade. Como decía en mis propias redes, el Oeste sonará menos a Oeste y el cine tendrá un poquito menos de «Paradiso» (otra espectacular Banda Sonora… y también conocida por algunos cofrades).


Q.E.P.D. Ennio Morricone (Roma, 1928-2020)

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