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¿Deben las hermandades apoyar la monarquía?

Las últimas noticias relacionadas con el Rey Juan Carlos I han levantado alguna polvareda alrededor de las hermandades. ¿Deben las cofradías emitir posicionamientos públicos sobre su adhesión a la persona del monarca emérito o la monarquía parlamentaria? Algunos periodistas y otras personalidades han reclamado que así se haga, achacando cierta cobardía ante la falta de iniciativa. Algunas hermandades, a nivel individual, han mostrado su apoyo a la institución monárquica, mientras que otros apuntan a que se realizará una muestra de apoyo colectivo a inicios de septiembre. Sea como fuere, un gesto de este tipo supondría intervenir sobre la opinión política y social de la ciudadanía.

La relación entre las hermandades y la política es un asunto recurrente a lo largo de toda la historia. La peor de las experiencias se produjo durante la II República y la dictadura franquista. Fueron numerosas las hermandades que maniobraron para boicotear a las autoridades republicanas y muchas las que mostraron una adhesión cerrada al régimen en todas sus etapas. Incluso muchas de ellas apoyaron el golpe de Estado de 1936: en algunas sedes canónicas todavía se encuentran placas memoriales por «los caídos por Dios y por España». Dicho de otro modo, lo de Queipo de Llano en la Macarena no es más que una gota de agua en el mar. Y es que, por más que algunos quieran negarlo o asignar a las hermandades un rol políticamente equidistante respecto a las autoridades públicas, éstas forman parte de la sociedad civil, canalizan la participación social e intervienen sobre la opinión pública. De una u otra manera, las hermandades también participan del debate público.

Sin embargo, en las juntas de gobierno hay cofrades con una visión aguileña. Si bien pareciera que existe entre los cofrades una opinión mayoritaria inclinada hacia posiciones conservadoras, muchos saben que la realidad es bien diversa. De ahí que, en muchos casos, las juntas de gobierno se abstengan de realizar declaraciones institucionales que pongan en entredicho su representatividad. ¿Nunca se han fijado que las hermandades nunca se pronuncian claramente sobre el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, el consumo de drogas o el juego, el matrimonio homosexual, la transexualidad, el feminismo, la prostitución, los vientres de alquiler, la inmigración, el modelo de Estado? Por no hablar, las hermandades ni siquiera abordan asuntos trascendentales o escatológicos, como el pecado, el Cielo o el infierno, el alma o las virtudes. Temen enfadar a una buena parte de sus hermanos, esos que de cuota mantienen las ensoñaciones onanísticas del grupito que controla la hermandad durante todo el año.

La pregunta cierta, y que nadie quiere hacerse, es cómo piensan los cofrades. ¿Es aceptable que los divorciados que han rehecho sus vidas estén en las juntas de gobierno? ¿O que hagan lo propio dos personas homosexuales casadas por lo civil? ¿Son partidarios los cofrades de la ley del aborto, de la eutanasia o de la gestación subrogada? ¿Debería legalizarse la prostitución? ¿Sería oportuno un referéndum monarquía o república? Conocer es el punto de partida para intervenir. Quizá no fuese tan descabellado preguntar, solo por conocer. ¿Imaginan que, de repente, los cofrades no vieran con malos ojos un referéndum sobre el modelo de Estado? Lo mismo las cosas no son como pudiera parecer.

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Un comentario

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Sergio 08/17/2020 at 23:45

O sea si hay que apoyar al que nos roba? O lo que es lo mismo si hay que ser tonto? Porque si alguien nos roba y lo apoyo o soy cómplice o tonto no hay otra.

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