Un puñado de hombres buenos

He tenido el gusto de conocer a un hombre inteligente. Felipe, así se llama, es un hombre de visión. Tras veinte minutos de conversación y algunos datos, puedo construir un perfil aproximado –con riesgo a equivocarme- y aseguraría que pertenece a ese escogido grupo que realmente toma decisiones en las cofradías, que es capaz de influir en el devenir de los acontecimientos.

Por Daniel Marín

Saben a lo que me refiero: principalmente, hombres bien relacionados entre sí que se mueven como pez en el agua a lo largo y ancho de las instituciones tradicionales de Sevilla. Son las elites del poder, tal como las denominaría Charles Wright Mills. Esas instituciones son determinadas hermandades, empresas, reales instituciones, bancos, fundaciones, órdenes religiosas, partidos políticos, centros educativos, etc. Realmente pienso que Felipe es consciente de su posición. Pero Felipe, un hombre de leyes y de tradiciones, no es idiota. Como tampoco lo era Alexis de Tocqueville, salvando las distancias, un noble galo que tras conocer la democracia en América supo que, después de la Revolución Francesa, nada sería lo mismo. Por eso Felipe, y algunos como él, han dado un paso al frente y han agarrado al toro por los cuernos. Si algo tienen muchos de estos hombres que pertenecen a la élite del poder son dos cualidades: visión, como ya decía, y flexibilidad. Con eso, y un poco de conocimiento en materias relevantes –Derecho, Economía, Comunicación-, pueden adelantarse a la jugada. Esbozar un escenario futuro y preparar una estrategia para cuando realmente llegue ese momento. Por eso no es casual que Felipe estudiara la protección de datos en las hermandades antes de que otros lo hicieran, porque sabía lo que estaba a punto de ocurrir; como tampoco es extraño que Ignacio Valduérteles, doctor en Economía y estudioso de la empresa familiar, lidere un movimiento de estudio y profesionalización de las hermandades, centrándose en la posibilidad que ofrecen las diputaciones de Caridad como instrumentos para la canalización de las responsabilidad social corporativa de las empresas.

Frente al manido y denunciado «frikismo cofradiero» –lo que aparentemente se refleja-, existe un puñado de hombres buenos que, por encima de todo, aman a las hermandades más que a sus cofradías. Por eso, ellos ya están trabajando en la manera en que pueden mejorar las hermandades como asociaciones de personas. Cada uno con su carácter, con sus matices, con sus reservas y con sus arrestos. Pero están haciendo camino al andar aunque sea todavía en una fase exploratoria, con pocos recursos y menor repercusión. Son personas comprometidas y formadas, capaces de asumir cualquier tipo de análisis sin negar la realidad, para actuar sobre situaciones complicadas. Son ellos los que están preparando a nuestras hermandades para el presente inevitable y para el futuro más próximo. Lo hacen, por ejemplo, desde programas formativos para la gestión de las hermandades donde lo religioso, sin dejar de estar presente, se tamiza para profundizar en otros asuntos: régimen jurídico, patrimonio, impuestos, contabilidad, protección de datos, gestión económica y financiera o comunicación. Esos son los temas realmente importantes que, desgraciadamente, terminan convirtiéndose en noticias de las páginas de sucesos y tribunales cuando no se gestionan con la profesionalidad suficiente. Son los asuntos que harán mejores a nuestras hermandades y no el sentido de la carrera oficial, el vestidor o la banda.

Cuando ya terminábamos nuestro encuentro, Felipe me deslizó su preocupación sobre el papel de la prensa cofradiera. Sugería que si los medios estuviesen más vigilantes en los asuntos realmente importantes, quizá las hermandades se vieran obligadas a mejorar determinados aspectos de su gestión. No estaba diciendo ninguna barbaridad aunque algunos se lleven las manos a la cabeza. Hacen falta más hombres como Felipe en las hermandades, con todos sus defectos y sus virtudes, pero que tienen la capacidad de visionar el futuro de un ámbito fundamental para nuestra sociedad local.

 

 

* La magnifica viñeta que adorna el articulo es obra de Daniel Rossell para Diario de Sevilla.

2017-11-13T16:14:02+00:00 11 noviembre, 2017|Actualidad, Opinión|

About the Author:

Daniel Marín
Daniel Marín (1986). Periodista e investigador en Ciencias Sociales. Me interesa el periodismo local y la empresa informativa. También me interesan el comportamiento social: qué piensan las personas, cómo se comportan y cómo toman decisiones. A veces me siento extraño en Sevilla.

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