El Gatopardo

La conocida frase que Lampedusa, pone en boca de Don Tancredo Falconeri en la obra El Gatopardo, podría ser tomada en en una modesta traducción, por algo tan rotundo como que si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie.

Por Manolo Ruíz Leal

Hay días de la Semana Santa que necesitan una urgente adecuación de horarios, quizás la adaptación actual al tiempo que vivimos con un nuevo orden de paso -como se está encargando de demostrar el Martes Santo- cuestión ésta que no debe permanecer sufriendo el parón de la falta de criterio y decisión, arriados en el vacuo argumento de la tradición o la antigüedad, y peor aún, en el egoísmo de aferrarse al miedo imperativo del NO, bajo mi mandato. El problema de la Madrugada del que ya cansa y aburre leer o escribir sobre el mismo, eclipsa una serie de problemas conocidos en otras jornadas que no terminan de acometerse. Un año más, tiritas a la hemorragia de la noche grande con terroríficas propuestas para decretar el estado de sitio en el centro.

Pero hay vida más allá desde que se recogen los pasopalios del Valle, La Merced o el Rosario de la calle Feria. Hay vida de barrios y ruanes en el resto de las jornadas festivas y laborales de la Semana Santa. Hay cruces complicados, retrasos consabidos, horarios intempestivos, parones innecesarios, que se tapan con el antifaz del hábito de la (reciente) costumbre. Pocas son las soluciones adoptadas y cuando lo han sido de forma impositiva, no ha sido del agrado de los afectados, como la vuelta de la Hiniesta en su día por El Postigo, o los episodios protagonizados por Las Siete Palabras, con protesta a dos velas y notario en su discurrir por la Carrera Oficial.

Algo debe cambiar y no sólo en el Martes Santo, para que todo siga igual, y ésto no es más que continuar con una Semana Santa que ha sido evolutiva a través de los tiempos. Una Semana Santa que supo crecer al ritmo que la ciudad crecía. Una Semana Santa adaptada a la nueva trama urbana y a la búsqueda de nuevos espacios o a la recuperación de los mismos. Una Semana Santa llena de contenido pero infectada de un continente tóxico, con personajillos ávidos de reinventar “su cofradía” y lo más peligroso, mentes auto convencidas de su clarividencia, para decirle a las autoridades y a sus aplaudidores, cómo ha de ser nuestra Semana Santa.

Decía Luis Aragonés cuando España no era más allá de que el recuerdo de un 12 a 1 sobre Malta, y el gran cuarto finalista de las competiciones internacionales, que se necesitaba una gran sentada de todos los implicados para que todo cambiase. Y a fe que lo consiguió el sabio de Hortaleza.

Quizás nuestra Semana Santa necesite un Luis Aragonés al frente del Consejo, porque a fecha de hoy, la declaración de intenciones de Joaquín Sáinz de la Maza, ha quedado en entredicho. Se necesita un seleccionador cofradiero, que sea capaz de poner a todos en una mesa , donde Iglesia, Cofradías, autoridades y medios,pongan las bases del trabajo, trabajo que algo debe cambiar para que todo siga igual.

2017-11-15T14:21:37+00:00 15 noviembre, 2017|Actualidad, Opinión|

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