A buenas horas

A veces creo, convencido, que las hermandades nacieron para el entretenimiento de unos pocos, sin más objeto que el de servir como laboratorio para jerarcas sin régimen. Laureados que no mandan ni en su casa a la hora de comer.

Por Daniel Marín

Digo esto ante el aumento del IOC: el Índice de Ocurrencias Cofradieras, que últimamente está por las nubes. Para que nos situemos bien, una ocurrencia es una «idea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre a la imaginación» (DRAE). Estas ideas imaginativas, a veces con un punto onírico, nacen al calor de una barra de bar o fermentan en las cabezas bienpensantes de los dirigentes cofradieros –toma título- en activo o en la reserva. La idea, por muy ocurrente que sea, obtendrá mayor legitimidad y reconocimiento si es presentada por algún docto en la cosa cofradiera, alegando sexenios debidamente acreditados en Casa Ricardo, porque en otro lugar no se me ocurre. El tema tiene su punto friki.

 

La última ocurrencia, sin darle más voz al todavía no-pregonero –llegará, seguro que llegará-, es limitar la participación en la estación de penitencia a aquellos hermanos con más de tres años de antigüedad. Se expone esta medida como un posible freno a la masificación (sic). Sin detenerme demasiado en desmontar esta ocurrencia, sí pueden citarse tres motivos por los cuales esta medida carece de fundamento: perjudica a las hermandades que se encuentran actualmente en expansión –vísperas y barrios, principalmente-; consecuencia de la anterior, las hermandades dejarían de actuar como «dique a la secularización» (Asenjo dixit) porque, siendo honestos, nadie ingresa en una hermandad si no es para procesionar (sin capirotes no hay paraíso); y, como consecuencia de esta última, las arcas de muchas hermandades se verían menguadas ante la recesión de ingresos. Horror para muchas mayordomías y, por extensión, para el nicho económico.

A estas alturas de la película, aduciendo problemas de seguridad y de conflictos en vía pública, los sénecas de nuestras cofradías se han dado cuenta de que hay un problema de masificación frita en el Postigo, a pesar de que la calentería condecorada del Arenal echó el cierre hace años. Me pregunto cuándo y en qué se habrán percatado de los contratiempos que supone el exceso de personas alrededor de la Semana Santa. ¿Sería por el incremento inesperado del número de corporaciones, promovido por la autoridad religiosa? Más de una veintena de corporaciones son del siglo XX, sin contar las vísperas. ¿Sería por el aumento en los números de hermanos y de nazarenos, siempre promovido por las juntas de gobierno? Desde hace cuarenta años se vienen realizando campañas de captación de hermanos, más o menos explícitas, generando una extraña competencia en este ámbito, al igual que en el número de nazarenos, movidos por la lógica del número (Della Porta y Diani) en lo que no deja de ser una manifestación…religiosa. ¿Sería por la cosificación de la fiesta como bien económico, promovido por la autoridad civil? La Semana Santa de Sevilla es Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1980 (hace treinta y un años) y desde hace unos años todos nos jactamos de que la Semana Santa sea un nicho empresarial que genera empleo y riqueza. De verdad, en serio, no sé en qué habrán percibido nuestros mandamases que la Semana Santa de hoy se encuentra sobredimensionada. Quizá, habrán sido las bullas de los noventa o la transformación de las corporaciones, pasando de grupos de autoayuda en organizaciones de servicios (de movimientos religiosos a clubes sociales); quizá haya sido en la escalada incesante de las cuentas y presupuestos o la eternización de los tiempos de paso de un cortejo completo; o, mejor aún, en la importante relevancia para la opinión pública de los acontecimientos sucedidos en determinadas hermandades, verbigracia, las elecciones en la Hermandad de la Macarena, con presencia política incluida.

 

Hay mucho, demasiado, frikismo alrededor de nuestras hermandades, provenga la ocurrencia de Agamenón o de su porquero. Si a ustedes de verdad les preocupa la cosa cofradiera, pongan las hermandades en manos de profesionales: técnicos especializados en las diferentes áreas que actualmente precisan de un buen análisis y de medidas acordes a la realidad estudiada –tampoco hay que ser catastrofistas- porque, a buenas horas, proponer soluciones del siglo pasado para los problemas de hogaño solo deja al descubierto nuestras propias vergüenzas.

 

 

Fotografía de portada: Pierre Verger (1935)
2017-11-16T14:25:27+00:00 16 noviembre, 2017|Actualidad, Opinión|

About the Author:

Daniel Marín

Daniel Marín (1986). Periodista e investigador en Ciencias Sociales. Me interesa el periodismo local y la empresa informativa. También me interesan el comportamiento social: qué piensan las personas, cómo se comportan y cómo toman decisiones. A veces me siento extraño en Sevilla.

This Is A Custom Widget

This Sliding Bar can be switched on or off in theme options, and can take any widget you throw at it or even fill it with your custom HTML Code. Its perfect for grabbing the attention of your viewers. Choose between 1, 2, 3 or 4 columns, set the background color, widget divider color, activate transparency, a top border or fully disable it on desktop and mobile.