Congreso de bandas. Teoría y realidad

Una vez finalizado el Congreso Nacional de Bandas toca hacer balance y reflexión.

Este año el Congreso nos ha presentado un formato distinto, desarrollándose los distintos actos en un total de 10 días. Durante el primer fin de semana se llevaron a cabo los desfiles. En esta edición han ocupado tres jornadas, es cierto que ha perdido ese colorido que daban al cortejo todos los banderines juntos y la diversidad de ver a todas las bandas consecutivamente.

Aunque bien es cierto que el acto en si se ha hecho más liviano para el espectador.

 

 

Durante la semana se desarrollaron conferencias y mesas redondas en distintos lugares como el Círculo Mercantil y la Facultad de Comunicación.

 

En el segundo fin de semana se desarrolló la exposición y las actuaciones de las bandas participantes. Las posibilidades que da Fibes son bastante ventajosas respecto a lo que habíamos visto anteriormente a la hora de desarrollar una feria, si bien el lugar no es el más idóneo para apreciar la música, como tampoco lo es tocar junto al río o en la Plaza de España. Es uno de los mayores problemas de esta ciudad,  no disponer de ningún teatro ni auditorio cubierto, con capacidad suficiente en el que se pueda hacer este tipo de eventos.

 

Se ha producido una mejoría a nivel organizativo. A penas hubo retrasos en la programación de conciertos. Quizás a este que escribe sí le parece que cobrar la entrada a cinco euros pueda ser un handicap a la hora de querer acercarse a pasar un rato por el recinto. Una cantidad simbólica inferior podría ser más apetecible. Destacar que incluso los músicos participantes tenían que salir una vez terminada su actuación y pagar la entrada si querían ver la exposición, asunto que era gestionado directamente por Fibes. Afortunadamente esto, que había levantado mucha controversia, se solventó en la mañana del sábado.

 

El backstage.

La caída de las clases no se debió a mala organización, más bien a falta de público interesado en las mismas.

La escasa aceptación de estos actos ha sido una constante desde el Primer Congreso. Quizás habría que plantearse por qué a nuestros músicos estas cosas no les resultan interesantes, a pesar de su afición y “enganche” a las bandas. La formación queda relegada a un segundo plano.

También habría que ver por qué el Ayuntamiento de Sevilla tiene mermada su capacidad organizativa, sea del color político que sea. Sorprende que tras un año de planificación y organización se desmantelen los planes o aparezca un tiovivo gigante en medio de una plaza. Pero esta intrahistoria difícilmente saldrá a la luz, por ahora.

 

Fibes está lejos.

La distancia es un concepto relativo, en tanto que necesitamos de dos puntos para determinarla. Lejos ¿de quién? y ¿de dónde? Imaginamos que de la sacrosanta Campana.

El sevillano, y muy especialmente el cofrade, tiene unas fronteras establecidas. Barreras mentales, que no físicas. Sevilla Este siempre estará lejos, incluso para alguien de Pino Montano. En la ciudad de Sevilla alguno de los eventos que mayor impacto socioeconómicos tienen, como pueden ser el SICAB o el SIMOF, se desarrollan en el Palacio de Congresos, o incluso el multitudinario Mangafest con el que ha compartido recinto y fecha. Si bien es cierto que la ciudad tendrá algún día que mejorar sus servicios de transportes y comunicar mejor el extrarradio, por donde crecen las ciudades, para ello habrá que romper esa muralla.

 

 

 

Pocas bandas

Hasta una quincena de bandas de fuera de Sevilla han participado. Las que han querido hacerlo. Resulta complicado atraer bandas de fuera cuando los propios oriundos damos tan mala publicidad al acto.

 

Querer y creer.

Para que un evento de esta categoría salga adelante hay que trabajar mucho. Se ha hecho, pero ¿todos? La implicación es fundamental, la coordinación y cooperación de todos los directores que forman el pleno del Consejo de Bandas tiene que ser el alma de éste. Los componentes tienen que darle a este Congreso su valor. La política y las confrontaciones habría que dejarlas a un lado. Solo entre todos se podrá hacer. Queriendo y creyendo en lo nuestro, nuestras tradiciones y cultura, que es de lo que se trata. Vender a nivel nacional lo que hacemos en nuestra tierra, de lo que estamos tan orgullosos o eso decimos. Que se nos llena a la boca de sevillanía,  pero falta bastante compromiso real  con nuestra ciudad. En Sevilla nos gustaría hacer muchas cosas, Juegos Olímpicos inclusive, pero a la hora de la verdad ni queremos implicarnos y ni mucho menos creer que podemos y debemos hacerlas. Ya ocurrió en el 92.

Solo asumiendo entre todos estas premisas podremos salvar el Congreso, si es que queremos hacerlo.

 

Ahora toca hacer balance y autocrítica, querer y creer.

 

2017-12-09T12:42:51+00:00 5 diciembre, 2017|Actualidad, Opinión, Sin categoría|

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Iván Núñez Simón

Sólo conozco los pasos por detrás.

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