¡A las periferias, sevillanos!

Asistí, sin quererlo, a un interesante debate en Twitter sobre la clasificación de las hermandades sevillanas atendiendo a su ubicación. Se tiraba del manido cleavage «centro-periferia».

Por Daniel Marín

 

Isidoro Moreno en «Cofradías y Hermandades Andaluzas. Estructura, Simbolismo e Identidad» (1985) ya abordaba el asunto de la clasificación de las hermandades y cofradías sevillanas y proponía la taxonomía de grupales, semicomunales, comunales y supracomunales. Además, proponía un sistema de hermandades. Quien se atreva a desacreditar al doctor Moreno Navarro es idiota o ignorante, especialmente cuando no se han realizado trabajos empíricos sobre el tema, más allá de los presentados por él mismo. Si bien, algunos aspectos que ya pusiera sobre la mesa el doctor Moreno Navarro necesitan una obligada revisión. No porque lo diga yo sino porque es el método de las Ciencias Sociales y, por más que le pese a la Iglesia católica, las hermandades constituyen un objeto de la realidad social más próxima.

 

Las nuevas tecnologías, los medios de transporte, las migraciones, las dinámicas laborales de hogaño o la relajación en los procesos de admisión en las hermandades sevillanas han favorecido lo que podría conocerse como la «deslocalización» de las hermandades. A pesar de conservar importantes rasgos de unión a la ubicación geográfica en la que se encuentran incardinadas, la realidad social de las hermandades ha traspasado las barreras de sus barrios para llegar a lugares insospechados. Algunos ejemplos: la Hermandad de Santa Marta lleva a cabo una obra social en un país del Tercer Mundo, la Hermandad de la Macarena y el Gran Poder tienen repartidos a sus miembros por todo el globo terráqueo y las campañas electorales han llevado a los candidatos a pueblos de la provincia. Tiene más sentido aludir a una de las funciones latentes o profundas de las hermandades, como es la identificación simbólica, donde la cofradía o hermandad representa al barrio. Ese, como tal, sí sería un debate real: ¿constituyen actualmente las hermandades una representación simbólica de los espacios geográficos en los que se ubican? Dicho de otro modo, ¿es la cofradía del Cerro el barrio mismo del Cerro del Águila? ¿Qué hermandad es más Triana: la Estrella, la Esperanza o San Gonzalo? Sin olvidar a La O y al Cachorro. ¿Se puede decir que la Hermandad de la Sed representa al barrio de Nervión? Sin olvidar el caso de San Bernardo, un barrio que solo existe un día al año.

 

La «deslocalización» geográfica ha propiciado una ruptura total del cleavage «centro-periferia», más si cabe, cuando el imaginario social sevillano considera periferia todo aquello que se ubica más allá de la ronda histórica y cuando el casco histórico se ha erigido como un escenario para la legitimación y la exhibición del poder. Ahí están los ejemplos de las hermandades de vísperas que aspiran a ir a la catedral o las hermandades de barrio que organizan todos sus actos en el centro de la ciudad, en lugar de mantenerse en sus ubicaciones geográficas. Ante este proceso, quizá no sea descabellado aplicar otro tipo de cleavages al estudio social de las hermandades, relacionados más con las variables de eclesialidad o de clase social, que aborden el asunto desde el individuo y no desde la colectividad.

 

A pesar de que las hermandades, actualmente, son muy heterogéneas, podría describirse un hermano tipo que atendiese a la realidad social de cada hermandad, superando el modelo estereotipado que, probablemente, no se corresponde con una representación real de los miembros de cada corporación. Esta aproximación a las hermandades desde el individuo, y no desde los colectivos, permitiría conocer mejor a cada hermandad y proceder a una clasificación que partiese desde la unidad hacia el conjunto de sus miembros, y no al contrario como se hace ahora.

 

Nazareno de San Esteban camina “desafiante” entre el público que espera a El Cerro en su barrio

 

El resultado de esos estudios permitiría, no solo conocer mejor a las propias hermandades, sino que sería una gran herramienta para las juntas de gobierno en los procesos de toma de decisiones. Por ejemplo: si una hermandad tiene trescientos hermanos en Montequinto, no sería mala idea organizar algún acto en aquella zona; si una hermandad detecta que hay un elevado grado de anticlericalismo en su seno, trabajar para mejorar la imagen que sus hermanos tienen de la Iglesia institucional, por ejemplo. Y es que, la eficiencia y el buen gobierno solo parten desde el conocimiento. Desde lo desconocido jamás se podrán tomar buenas decisiones. Desde la arrogancia de creer que se sabe todo, menos.

 

 

 

*Fotografía de portada, obra de Carlos Márquez, El Mundo

By | 2018-01-11T09:36:17+00:00 11 enero, 2018|Categories: Actualidad, Opinión|Tags: , , , , , |0 Comments

About the Author:

Daniel Marín
Daniel Marín (1986). Periodista e investigador en Ciencias Sociales. Me interesa el periodismo local y la empresa informativa. También me interesan el comportamiento social: qué piensan las personas, cómo se comportan y cómo toman decisiones. A veces me siento extraño en Sevilla.

This Is A Custom Widget

This Sliding Bar can be switched on or off in theme options, and can take any widget you throw at it or even fill it with your custom HTML Code. Its perfect for grabbing the attention of your viewers. Choose between 1, 2, 3 or 4 columns, set the background color, widget divider color, activate transparency, a top border or fully disable it on desktop and mobile.