El ministerio del tiempo

Sebastian Guerrero nos trae este pequeño “diálogo” entre una niña y su tío un Viernes Santo cualquiera en el tiempo…

Era ya de madrugada, después de tomar unos churros con chocolate, Carmen iba feliz de la mano de su tío, recuerda un día de Semana Santa que había salido con él y de ver tantos pasos, correr tanto y tanta bulla apenas se acordaba de nada, y eso que solo había pasado un año. Esta vez era diferente, iban mucho mas relajados, no se habían metido en aglomeraciones de gente, ni habían tenido que esperar tediosos cortejos interminables de nazarenos. Se posicionaron en unos soportales blancos con rejas, había solo apenas una fila de personas a cada lado de la estrecha calle que, pese a no haber llegado todavía la cruz de guía, guardaba silencio que solo se rompía por pequeños murmullos de gente hablando bajo y unas carcajadas de un grupo de chavales mirando un smartphone. – ¿Qué nos toca ver ahora tito?Pues el entierro del Señor, venimos a ver como llevan a Jesús al sepulcro.- ¿Eso representa el paso? – Eso representa la cofradía Carmen. De repente, se apagaron las luces y el silencio se hizo dueño de la fría noche. A lo lejos se escuchaba lo que parecía ser una campanilla, – ¿qué es eso que suena? – Es el muñidor, respondía cuando la pequeña cruz de guía de la hermandad llegaba a su altura escoltada por el muñidor y dos libreas con faroles. – ¿Toca la campana cuándo anda? – No, la toca cuando cree conveniente, según le parece, no lleva ritmo. – ¿De abajo a arriba y de arriba a abajo? – No, a veces solo hacia arriba, y luego al rato hacía abajo, calla y escucha. – ¿Escuchar?¿El qué? Si es de silencio. – Escucha y luego me dices. Efectivamente, una vez se fue su repentina curiosidad por la figura del muñidor se dio cuenta del sonido perfecto de unos zapatos al unísono andar, pararse, volver andar, y así una y otra vez hasta que unas voces celestiales se abrían hueco en el viento que llegaba desde el final de la calle. – ¡Ya están los ciriales! ¿Cómo? ¿Cuántos vienen? – Son 18 Carmen, – ¿y eso? – Pues uno por cada uno de los que asistieron al entierro del Señor. Así le respondió su tío a sabiendas de que es una de las leyendas que guarda la ciudad pero que a ciencia cierta no hay prueba documental que diga que por eso los llevan. No salía de su asombro cuando el magnífico paso apenas había terminado de pasar tal como había venido, sin esperar a nadie. – Tito, ¿así eran los entierros cuándo Jesús? – Pues no sé, lo que sí, Carmen, es que hemos viajado unos siglos atrás. Debe ser el entierro de Jesús según Miguel Mañara los organizaba en su Hermandad de la Santa Caridad. – ¿Miguel Mañara? – Si, ¿te acuerdas el lugar dónde vimos La Carretería?… – Tito, el Viernes Santo es como la serie de la tele, vas viajando por el tiempo conociendo la Sevilla eterna que me contaste de los cielos azules de los atardeceres en Sevilla. 

Unas horas antes, en pleno atardecer, en la calle Temprado cuando el azul del cielo se confundía con los iris del majestuoso paso del misterio de las Tres Necesidades estaban intentando comprender como el romanticismo decimonónico y el barroco podrían ser la conjugación perfecta para viajar atrás en el tiempo hasta la época de la alta burguesía sevillana. Lo armónico, lo perfecto, lo medido, lo estético con el expresionismo del barroco, con el sufrimiento mostrado sin cortapisas, con naturalidad, y a los lados unos candelabros de hojalasca con campanitas. Pero eso se explica en el canasto de caoba barroco y abrupto pero atado por una cuerda con un lazo en el frontal que logra unir a dos estilos contrapuestos y hacerlos que conjuguen con la Casa de la Moneda de fondo, la Torre de Plata, San Jorge y los jardines de atrás del Maestranza. – Pero tito, si la Carretería lleva tres cruces y también es alta burguesía ¿por qué no se parece en nada a Montserrat? – Pues porque uno representa a Cristo muerto el Viernes Santo tarde y la otra está todavía el señor vivo. Es más alegre. Son las dos caras de la misma moneda. Lo oscuro de túnicas y canasto en una, a la viveza y el dorado de la otra. Los sones solemnes de Cigarreras a los de Triana tocando clásico. Como viajar a la Sevilla del XIX un día de invierno y frio y luego otro de primavera de sol y brisa. – Pero Montserrat no es alegre como otras mas populares. – Es que hay muchos tipos de alegría. Por cierto, ¿sabes cuál fue la primera hermandad de Triana que se atrevió a cruzar el puente y venir hasta Sevilla? – Ni idea, ¿hace mucho de eso? – Uff ¡el puente de Triana estaba hecho de barcas!

Tito, impresionante la O por las murallas del Alcázar, parecía que era 1830 como cuando vino por primera vez, con esa cruz tan peculiar y esa postura, y ese paso… pero como no corramos no vamos a poder ver San Isidoro, está muy poco tiempo en la calle. – Claro es que la Virgen de Loreto es la patrona de los aviadores y van como un avión, ¿sabes que es la única que sigue escrupulosamente el recorrido mas corto? Por cierto, recuerdame Carmen que nos tenemos que poner en el lado que mira el Cirineo, verás que parece que es un hombre de verdad. Está considerada la mejor imagen secundaria entre todas las que procesionan en Sevilla. – ¿Y quién la hizo? – Carmen, ¿cuál Cristo te parece el mas realista? – ¡El Cachorro! – Pues a ambos los hizo el mismo imaginero, Don Francisco Antonio Ruíz Gijón. – Pues tito, le falta el mejor paso de Cristo para haberlo bordado ya del todo. – Sobrina, lo tiene y salió esta madrugada llevando al Gran Poder. – Ni queriendo tito, parece que en Semana Santa todo está hilado. – Como la primera que vimos, la Soledad de San Buenaventura con la última que vamos a ver, el Cachorro, que visten casi iguales. – Tito esa Virgen sola en el paso mirando con esa posición de los brazos y la mirada arriba llorando me recuerda a mamá cuando papá tuvo el accidente de moto. Pero con el paso de la tarde me he dado cuenta que es bonito ese dolor y esa música, que es puro Viernes Santo. Que es triste porque es el día en el que murió Jesús pero que es alegre porque gracias a eso nos salvó a nosotros, ese contraste que hay en todo aquí en Sevilla. – Pues ahora lo vas a ver mucho mas claro, porque nos vamos a Triana, allí se celebra la resurrección en el mismo instante que Jesús está dando el último suspiro. Aquí la calle también está a oscuras pero no tiene nada que ver con la Mortaja, aquí la gente está contenta, hay cornetas, un bonito palio de malla y está todo el barrio en la calle. Carmen, el final del camino es la Sevilla eterna, la de la cofradía del barrio y sus gentes, la de su Cristo y su alegría, la de la elegancia y mesura, la de la oscuridad iluminada por tantas miradas y necesidades, la del llanto porque algo se acaba sin todavía haberse agotado. El Cristo que da esperanzas en el momento de su muerte. La Virgen que como una madre no hace ruído pero siempre va elegante, contenida, alegre, dispuesta a recoger todo lo que su hijo le va dejando. Las hermandades del silencio llevan mas música que cualquiera y las mas alegres reciben mas rezos desvelados de la gente que van a su encuentro sin saber que creen y entre tanto alboroto se encuentran en silencio ante el Señor y su madre. Los que creen que tras la madrugada el tiempo se ha cumplido y parten de viaje hacía fuera de Sevilla se pierden el viaje mas bonito, el de Sevilla hacía dentro de sus tiempos.

Foto de Juan López http://juanlopezfoto.com/

Foto de portada: blogs.grupojoly.com/munidor
By |2018-03-13T08:51:00+00:00 13 marzo, 2018|Categories: Actualidad, Opinión|0 Comments

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Sebastián Guerrero
Jurista. Cofrade del barrio la Feria. Antes opinaba del Sevilla FC en Orgullo de Nervion.

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