Tanto monta. Monta tanto. Santo Martes que Martes Santo

 

Pasó el día más esperado de la Semana Santa de 2018. Aunque a nivel personal cada uno le este lugar al día en el que su propia corporación hace Estación de Penitencia, toda la Sevilla cofrade (y, me atrevo a decir que la institucional, más que nadie) tenía su foco puesto sobre la tercera jornada que realizaba Carrera oficial.

Esos hermanos mayores valientes que habían tomado una decisión histórica, ahora tenían que demostrar su teoría del todo sevillano. Porque no nos equivoquemos, esa “jornada histórica” no lo era por la inversión del sentido de la carrera oficial sino por sus protagonistas y la rotundidad del planteamiento. Habían sido todos los hermanos mayores como lo fue el pueblo de Fuenteovejuna.

Lo siento por los que invocaron al dios de la lluvia. En Sevilla no hay más Dios que uno, en sus diferentes representaciones, y la lluvia no estaba ni se le esperaba. Perdónalos, Padre, no saben lo que tuitean.

El día se abrió en los barrios. Los kilómetros nos permiten que, a pesar de todo, el Cerro del Águila siga siendo el protagonista absoluto de la mañana del martes. Con sus abuelas, sus madres, sus niños…y si, hasta sus globos, porque en los barrios nadie está fuera de lugar.

Las Hermandades cuadraron sus relojes y los horarios previstos en Catedral se cumplieron. La primera batalla, estaba ganada. Cuando el Cerro solicitó la venia en la SEO Metropolitana, los defensores de lo rancio habían recibido el primer envite. Las estampas cambiaron. El azul del palio de la Candelaria deslumbró a la luz del día por unos Jardines de Murillo familiares, ajenos al botellodromo de antaño. El recorrido de Los Estudiantes por el Arenal ya anochecido. O la singularidad de tener, a cada lado de la fuente de Puerta Jerez un palio: la Virgen de los Dolores del Cerro avanzaba por el palacio de los Guardiola mientras la Candelaria hacía lo propio por San Fernando.

Pocos puntos calientes en los recorridos, salvando el punto conflictivo de la C/ Laraña al regreso de San Esteban, que se comprimió por completo para intentar dejar paso al Dulce Nombre mientras los Javieres discurrían por San Pedro. El cambio permitió, no sólo que el Dulce Nombre adelantara su entrada a horas más dignas, sino que adelantó de manera improvisada las entradas en varias corporaciones más. Sin duda, se puede limar el proyecto.

El público es otro cantar. Somos seres de costumbres y el desconcierto se apoderó de muchos que creyeron imposible cuadrar los horarios y trasladaron las bullas de un sitio a otro. Parece que nadie puede controlar las acampadas en espacios más o menos amplios, como la Alfalfa o en los “palcos” de las Setas. La Semana Santa es del pueblo, para bien y para mal.

Habrá que esperar la decisión definitiva que, el Presidente del Consejo, anunciaba que llegará antes de 2019. Mientras tanto, quedémonos con un Santo Martes que salió bien y con un Martes Santo de plenitud.

 

2018-03-28T09:24:44+00:00 28 marzo, 2018|Actualidad, Opinión|

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Beatriz Velez

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