Me estoy acordando de mi querido Grego (QEPD) del extinto Bar San Fernando. Hasta te canturreaba "el agua no deja dinero" cuando pedías un vasito de agua.
Es una cosa muy típica y tradicional y yo hago bromas por quitarle hierro porque no me queda otra. Pero la realidad es que es sumamente desagradable. A no ser que estés a tope en lo que son relaciones tóxicas y te vaya el sado maso, o más bien el maso. Quien ha estado en una relación tóxica sabe el bienestar extático que se experimenta cuando un auténtico cabronazo o una bruja manipuladora te sonríe o te dedica un gesto amable. Y de esto va la cosa, de sentirte bien, importante, querido, ALGUIEN en ese bar. Y como somos unos yonkis emocionales, pues algunos van regularmente. Yo personalmente me estoy quitando y cada vez tengo menos tolerancia al maltrato. Será la edad y el autocuidado. Y además que por mi profesión no me queda más remedio que ir a algunos de estos antros por muy instituciones que sean y patrimonio blablabla. Pero ni en broma me acerco yo en mi tiempo libre. Mención especial a Las Teresas que no sabes si se van a apuñalar entre ellos o te van a poner a tí las banderillas. y añado el matiz de que quizá lo peor sea la mezcla de malaje hardcore+tutistificación de mierda. Porque oye, también son malajes en Morales y la gestión no tiene nada que ver.
A mí me encantaba y daría lo que fuera por volver a ser cliente. Pero hacer cola para entrar en un bar no entra entre mis planes. Bastante cola hago ya en los besamanos.
Por cierto que El Rinconcillo lo uso para hacer pis cuando voy por la zona. Pido permiso al camarero, y jamás ninguno me ha negado el acceso.
Dejé de ir al Rinconcillo hace mucho tiempo, creo que incluso antes del Covid; entre sus camareros de entonces recuerdo a Fernando, un tipo entrañable. Nada como tener un bar de confianza donde te conocen por tu nombre y nada más entrar ya tienes puesta la cerveza en la barra.
También los hay que son muy "salaos", sin llegar a la pedantería, como en la Trastienda: "¿qué te pongo? Tengo de to menos aparcamiento". Eso es pa comérselo.
Estoy en Zafra y me abruma lo buenísima gente que son los camareros, de verdad. Y ya si hablamos de comida y de precios, es para flipar