No sé. Yo por un lado leí de Al cielo que iría con un repertorio como el Corazón de Jesús, y por otro he hilado que un amigo me comentó que llevó ese estilo de marchas el Corazón de Jesús. Ya si tocaron los galileos y demás ni idea. Vamos, que por lo que sea, de Al cielo en cuanto a infos de Virgen de los Reyes me fío. Lo otro si es cosecha mía.
Sí, a lo mejor no sonó "El Galileo" ni las más flamencas, pero fue un repertorio bastante standard. Vamos el del Sábado Santo 2027 creo que está hasta puesto.
Yo el argumento este de que cigarreras no pega al decreto porque lo que pega son himnos eucarísticos no acabo de entenderlo, igual que con la Cena. Me parece que Cigarreras y su estilo se complementaban perfectamente con el decreto, independientemente de que le pegue o no VR en estilo clásico.
No me va nada el misterio con ninguna música. Pero desde luego que no es el único que le ocurre el llevar un estilo que no le va.
Exacto. Para tocar clásico te traes a los verdaderos Reyes de eso, a Arahal. De hecho yo pensandolo en frío, si el repertorio está muy cuidado y no meten tonterías, puede gustarme VR en el decreto, pero hubiese preferido traerme a Arahal o Pasión de Linares. Además, lo que está claro es que el hecho de cambiar la banda no ha sido el cambio de estilo, esa es la cortina de humo...
A ver, vamos a intentar no hacernos trampas al solitario, por favor. Que el misterio del Sagrado Decreto sea incomprensible, tal y como está planteado, no tiene nada que ver con que el misterio de la Santísima Trinidad no sea completamente accesible a nivel cognoscitivo. El problema de interpretación del Decreto se debe, fundamentalmente, a su composición escultórica, que dificulta enormemente su lectura, hasta el punto de que hasta en hermanos doctísimos se produce cierta confusión. Para analizarlo, vamos a partir de la base de qué representa el misterio y cómo lo representa. El qué es relativamente sencillo: Dios Padre decide que Dios Hijo se encarnará como hombre y redimirá a la humanidad del pecado a través de su Pasión, Muerte y Resurrección. Hasta ahí, todo bien; el problema viene con el cómo se traslada esta idea al plano iconográfico y estético: la representación de la decisión es evidente: Dios Padre, Dios Hijo, que anticipa su labor redentora mostrando las llagas y portando la cruz, y, junto a ellos, la Tercera Persona de la Trinidad en forma de Paloma en un resplandor triforme. Se podría alegar que la actitud hierática de Dios Padre dificulta la lectura, pero el mensaje de las tres imágenes principales es considerablemente legible. El problema es el resto del misterio, cuya lectura o inclusión resulta compleja desde el punto de vista del mensaje que se desea transmitir. Empezamos por el final, la figura de la Fe, situada tras el trono de la Trinidad que, aunque iconográficamente es indiscutible, aquí queda totalmente descontextualizada, inconexa del resto del misterio y sin más mensaje que el de su presencia. Junto a la imagen de Cristo aparece la Antigua Iglesia, o la Sinagoga, en forma de matrona dormida, que despertará cuando se consume la Redención como Iglesia Triunfante; de nuevo, su lectura en el contexto del mensaje es difusa y no termina de estar integrada en la escena. En el plano medio está el que, quizás, sea el mayor problema del misterio: los cuatro Padres de la Iglesia Latina. Aquí, en mi opinión, el problema es doble: por qué están en la escena y cómo están en ella. El motivo, sinceramente, es algo peregrino: si el Decreto es una decisión primordial del plan divino y, por tanto, previa a la Encarnación y, por su puesto, a los Padres de la Iglesia, ¿qué hacen junto a la Santísima Trinidad? ¿Por qué comparten plano con alegorías puras? La explicación de que son quienes «ilustraron acerca de los misterios de la Redención», sinceramente me parece cogida con alfileres y el principal problema de la escena. Además, no se trata solamente de si su presencia es comprensible o no y si hace accesible o no el mensaje que pretende trasladar la alegoría, es que su presentación estética hace aún más difícil su identificación y su lectura en la escena: el hábito coral de San Jerónimo y la férula de San Gregorio permitirían, hasta cierto punto, identificarlos pese a carecer de otros elementos iconográficos como el libro y la pluma o la tiara y la paloma, respectivamente. Sin embargo, a San Ambrosio y San Agustín sólo podemos identificarlos a posteriori, es decir, sabiendo qué deben ser ellos dos, podemos asociar al segundo con la pluvial negra y al primero con la imagen representada con mayor edad, pero nada permite identificarlos a priori, a partir de sus elementos propios, pues se encuentran completamente ausentes. Por último, en la delantera, aparece San Miguel venciendo a un demonio, de nuevo con una explicación un tanto peregrina de exclusión de todo lo maligno de la presencia divina y, de nuevo, dificultando la lectura, pues si es el sacrificio decretado de Cristo quien definitivamente vence a la muerte y al pecado, redimiendo así a la humanidad, no tiene mucho sentido que se presente al arcángel venciendo al demonio en la misma escena. En resumen, el Sagrado Decreto tiene problemas escenográficos e iconográficos tremendos que complican la expresión del mensaje y su transmisión al espectador, no porque se trate de un mensaje excesivamente complejo ni porque exista una profundidad intelectual subyacente enorme, sino porque las herramientas empleadas para plasmar a nivel plástico dicho mensaje son profundamente ineficaces y, en mi opinión, erróneas, con lo que es imposible realizar una lectura de la escena a priori, lo que hace que la misma pierda su sentido. Entiendo que en la hermandad de la Trinidad se aferren a la composición histórica por una cuestión de tradición o, incluso, su vertiente emocional, pero creo sinceramente que la reconfiguración del misterio planteada hace un año debería haber sido más profunda y haber puesto sobre la mesa una propuesta, meditada y reflexionada, que permitiera que el misterio lograra su función catequética y transmitiera el mensaje que pretende, en vez de seguir con una configuración que, no por histórica, es la más idónea para dicho fin. Y si yo, que soy lego en la materia, tengo una composición totalmente distinta y que, creo, podría funcionar mejor, no quiero imaginarme lo que podría haberse logrado con un estudio valiente, serio y riguroso por parte de una comisión de especialistas.
Igual lo desconoce pero precisamente la hermandad el año pasado reunió a una comisión de expertos en teología e historia del arte y presentaron un estudio extenso sobre los cambios que el misterio debería introducir.
Creo que lo fundamental de mi idea es lo de valiente, porque la comisión de expertos básicamente mantuvo lo que había prácticamente igual sin plantearse una reforma integral. Y en cuanto a sus miembros... pues hombre, experto, experto, Roda Peña, que sí es catedrático e investigador, porque el resto son, esencialmente, amateurs en el asunto y la única investigadora, que es Amparo Rodríguez Babío, lo es en historiografía y fuentes documentales. En cuanto a teólogos, lo más cercano que hubo en dicha comisión fue Antonio Rodríguez Babío, que pese a ser sacerdote, no tiene estudios reglados de Teología, sino de Arquitectura y conservación patrimonial.
Lo que cambia es la calidad de las imágenes secundarias, la inclusión de un trono de nubes, una palmera plateada, una ráfaga dorada que envuelve a la Santísima Trinidad. En el plano teológico o representativo no se mueve ni una coma.
La composición iconografíca del Sagrado Decreto está más que estudiada y apoyada, por ejemplo, por distintos Arzobispos a lo largo de la historia, como por ejemplo en 1927, donde la Esperanza tuvo que volver al paso de Calvario para que, por mandato del Arzobispo, saliera el Sagrado Decreto. La misma, con todos sus personajes, busca como dije en un mensaje anterior, mostrar la grandeza de la Santísima Trinidad, sobre todo para un público que en su día podía a llegar a ser analfabeto. El paso no representa un tiempo en concreto, de ahí que este San Miguel matando al pecado y tras de el florece una palmera como señal del triunfo. Los Padres de la Iglesia que figuran en el mismo lo hacen porque son 4 Santos que se acercaron bastante a comprender el misterio de la Santísima Trinidad. Nada está ahí por casualidad. Me sorprende que tras muchos argumentos de que el paso no tiene que dejar de salir, de qué nadie lo entiende, e insultos varios, (en general no aquí en concreto), el siguiente argumento es que está mal representado. Un Saludo.
Me gustaría saber cuál es tu idea, a mí me cuesta imaginar un misterio distinto, supongo que es porque tengo muy interiorizado el misterio actual.
Aqui va la mia de paso. No hace falta decir que no pasará, pero al menos en mi caso pasaría por una nueva Trinidad. Y si la idea es representar la decisión de la Trinidad de redimir al genero humano mediante la Pasión del Hijo, no se me ocurre algo mejor y más sencillo que Dios Padre acompañado del Espiritu Santo haciendo entrega a Cristo como Varón de Dolores, de su Pasión, representada en una Cruz adornada con los atributos de su Pasión. La iconografía del Cristo continuaría la usual de los llamados Cristos del Perdón, apoyandose sobre una bola terraquea que represente el mundo, y en cuya decoración incluiria a Adan y Eva como maximos y claros ejemplos del genero humano que recibe de Cristo su sacrificio salvador. Siendo esta la escena central, no vería necesario ni siquiera positivo tener que incluir más en la escena vaya, quitando los usuales angeles de escenas así de esotericas.
Totalmente de acuerdo. Ya lo he comentado alguna vez: el misterio debería reducirse a la Santísima Trinidad, quizás manteniendo solo las alegorías de la Iglesia y la fe. Pero mejor borrico grande, ande o no ande...
Como buen misterio contrarreformista, el concepto de fondo es asentar iconográficamente los principios del catolicismo en torno a una máxima, la de la Santísima Trinidad, y la defensa de su doctrina tradicional (que la diferencia del resto de escisiones), de ahí la presencia de los padres de la Iglesia. El problema es que en el plano escultórico es difícil de representar, sobre todo en una composición tan alargada como la actual; en un plano pictórico es mucho más fácil, pudiendo jugar con las alturas y las relaciones: los padres de la Iglesia, principales exponentes de las bases espirituales y doctrinales, contemplan el Decreto de la Trinidad y lo trasladan al hombre. Es un misterio que pretende mostrar tanto el misterio divino como el papel de los santos en su traducción a la humanidad. Pero como ya he dicho, con la composición y las características actuales del misterio, parece que están todos reunidos en el mismo espacio y tiempo.
Te pongas como te pongas el sentido del misterio no es la glorificación de la Trinidad, sino representar la decisión de que Cristo se encarne en hombre para redimir a la humanidad mediante su Pasión, Muerte y Resurrección. No lo digo yo, lo dice, textualmente, la web de tu hermandad en el apartado dedicado a sus titulares y la propia Archidiócesis, sin contar que vuestra denominación habla del Sagrado Decreto y no de la Trinidad en abstracto. En cuanto a los Padres de la Iglesia, de nuevo ni tu hermandad ni la Archidiócesis te dan la razón: no son quienes se acercaron al misterio de la Trinidad, sino quienes se acercaron mediante la razón y el estudio al misterio de la Redención. Por último, en cuanto a la idoneidad de la representación, en la que no das más argumentos que la carga simbólica aislada o el plácet por omisión de diversos arzobispos, quizás deberías poner el foco en que si tú, que eres hermano, devoto e ilustrado, eres incapaz de llegar a un punto de acuerdo con su significado con la interpretación de la propia hermandad y la Archidiócesis, igual sí que hay un problema grave de representación.