Creo este tema por que se ha hablado de ello en varios temas, el cual me parece muy interesante para aprender. Alguna vez me he metido en este foro http://liturgia.mforos.com no se si sera el mismo que @Buckbeak dice.
Sí que era el mismo. Hoy he estado leyendo algo y es francamente interesante. Enviado desde mi iPhone utilizando Tapatalk
Es un vídeo de YouTube? No me permite verlo, para buscarlo. Un cordial saludo Enviado desde mi iPhone utilizando Tapatalk
La verdad es que aunque desde los tiempos en que era monaguillo, hace más de medio siglo, recuerdo perfectamente toda la Santa Misa en latin (desde el "Introibo ad altare Dei" hasta el "Benedictio Dei omnipotenti..."), de lo que es la LITURGIA en sí siempre he estado más perdido que..... con lo que me parece m,uy bien que tengamos en el Foro un post dedicado a los ritos eclesiásticos y cofrades y a su "por qué", dado que todo ello tiene que ser muy interesante.... ¡Espero que todos aprendamos mucho por acá!! Saludos cofrades. .
Bueno, pues vamos a ir dándole vida a esto que si no se termina perdiendo en el infierno de los temas que están de la 2a página hacía abajo. Las hermandades han sabido mantener ciertas tradiciones litúrgicas pero también suelen incurrir en excesos. No entiendo por ejemplo que en algunos cultos de ciertas hermandades salgan dos acólitos turiferarios. Enviado desde mi LG-K430 mediante Tapatalk
Como neófito en la metería me pregunto: en las hermandades debe primar la liturgia o la estética y la moda? Enviado desde mi iPhone utilizando Tapatalk
Yo he escuchado de D. Luis Rueda (maestro de ceremonias de la catedral) que hay que tener en cuenta los usos y costumbres del lugar. Por ejemplo los acólitos no deberíamos llevar dalmaticas pero se permite al ser costumbre.
Desde el Concilio lo que prima es la estetica y la moda, en mi opinion, deberia ser la liturgia. En los ultimos 50 años aproximadamente la Iglesia ha olvidado sus raices y ha permitido muchas incongruencias, lo que la esta llevando, en mi opinion, a una decadencia de la que dificilmente va a salir, simplemente por contentar a unos pocos.
Completamente de acuerdo. Y es una pena porque la Liturgia no está reñida con la estética. Y en un momento como el actual las Hermandades podrían recuperar esa función doctrinal y de enseñanza q tenían en origen. Un cordial saludo. Enviado desde mi iPhone utilizando Tapatalk
El respeto a la Liturgia debería ser fundamental en todo acto litúrgico (que no son todos los que celebramos, ojo). Pero claro, si los primeros que ponen trabas a que se hagan las cosas según lo que mandan los papeles son muchos sacerdotes, mal vamos.
Confundir la dalmática litúrgica con la dalmática o tabardo de los maceros es una burrada gorda. No tienen nada que ver ni en origen ni en uso, y la única semejanza son las mangas perdidas, que ni siquiera todas las dalmáticas las tienen así. Lo digo por el artículo de Luengo. Y la tunicela no es que prácticamente desapareciera, es que su forma quedó asimilada a la de la dalmática, identificándose tanto con ella que llega a asumir su nombre. De hecho los acólitos no van vestidos de diácono (no llevan la estola debajo como los diáconos), sino de subdiácono, cuyas funciones quedan además asimiladas a las del acólito con la supresión de este orden tras el Concilio Vaticano II. En textos antiguos se ve que es frecuente, sobretodo en las catedrales españolas, la figura del "acólito vestido de subdiácono". En las cofradías sevillanas, donde como ya dije en otro hilo buena parte de los elementos ceremoniales y litúrgicos están inspirados en los del cabildo catedral, se asume por mayor solemnidad esta figura del acólito vestido de subdiácono, igual que el uso de cuatro ciriales, los dos incensarios, el pertiguero (otra figura exclusivamente catedralicia). Lo que no tiene ninguna justificación y va en contra de las propias cofradías es el uso indiscriminado de colores, no ya por su adaptación al acto litúrgico que se celebra (blanco un miércoles santo, negro en una procesión de gloria), sino incluso por la introducción de colores que no existen en liturgia como el azul marino que sacan la Estrella, las Aguas o Montserrat. Del mismo modo la aberración que supone vestir a féminas con una vestimenta exclusivamente masculina, pues si bien es cierto que las mujeres pueden desempeñar las funciones del acólito con aprobación del ordinario del lugar, eso no justifica que puedan vestir un ornamento sagrado de hombre como es la tunicela o dalmática.
Y digo yo, si los acólitos que participan en las procesiones no son acólitos en sí mismos (puesto que éstos deben ser designados por el obispo), sino más bien una figura inventada por la propia Semana Santa, que ha creado su propia costumbre y estética, ¿qué problema hay en que los acólitos procesionales sean mujeres o que la dalmática sea azul, negra, verde...?
Existiendo antes el orden menor del acolitado, y ahora la institución sagrada del acólito, eso nunca impidió que personas que no estaban ordenadas (antes) o instituidas (ahora), desempeñen tales funciones. Antes bien al contrario, son inmensa mayoría los acólitos de las misas que no están instituidos como tales, igual que antes tampoco los monaguillos estaban ordenados como acólitos y fungían como tales en las celebraciones. Por tanto, el acólito no ordenado o instituido no es en absoluto una figura inventada en las cofradías ni en la semana santa. Y tampoco la Semana Santa ha creado una "propia costumbre y estética", pues la parte litúrgica de una procesión es eso, liturgia de la Iglesia. Y a sus normas y tradiciones debe ceñirse.
Fragmentos de la misa "in coena Domini" en la forma tradicional. Disfrútenlos porque son una absoluta delicia. Se aprecian algunos detalles muy característicos, hoy día fuera de uso, como la cruz velada, en este caso de blanco (excepción que tan solo se daba en esta misa y, no estoy seguro de ello al 100%, en el sermón del mandato puesto que el resto del tiempo aparecía velada de morado), el toque de la matraca durante la consagración, en lugar de las campanillas, que desde el canto del gloria enmudecían hasta el gloria de la vigilia pascual, o la ausencia absoluta de la música del órgano, que al igual que las campanillas enmudecía desde el canto del gloria. Solemnidad en estado puro.