Reportajes

Cuentas Fake

Este primer post iba a ser una presentación de la sección y su temática, que no es otra que una analítica de la relación que las Hermandades de nuestra ciudad tienen con las nuevas tecnologías y formas de comunicarse con sus hermanos desde su vertiente más técnica y profesional, siempre desde el más profundo respeto y sin afán de que este se convierta en un rincón de crítica no constructiva.

Por Beatriz Vélez.

Sin embargo, la actualidad manda y lo vivido el pasado fin de semana nos ha llevado a cambiar la idea inicial y entrar de lleno en materia.

 

Todos sabemos que son muchas las Hermandades que podemos encontrar en las redes sociales. Unas lo hacen muy bien, otras bien, otras simplemente están y las hay que no tienen claro el por qué ni el para qué, tan sólo saben que hay que estar. Y junto a estas que ya tienen presencia digital, sigue existiendo un pequeño reducto de resistencia (que algunos calificarán de rancio) que ni están ni se les espera y que optan por una relación con sus hermanos y con el resto de la ciudad por los canales tradicionales.

 

No seré yo quién diga que las Hermandades deben estar en redes sociales sí o sí. Si no se tiene una idea clara de a quién se quiere llegar, por qué y para qué, quizás sea mejor no estar. Pero está claro que, a día de hoy, los medios digitales y las redes influyen (tanto para bien como para mal) en la imagen pública de las Corporaciones.

 

A nadie se nos escapa que crear cuentas en las diferentes redes es muy sencillo, cualquier persona con un correo electrónico puede acceder a ellas con tan sólo rellenar un pequeño formulario con un nombre de usuario, una foto, una breve descripción y una contraseña. Esta sencillez es una de sus ventajas cuando se trata de usuarios “de a pie”. Sin embargo, cuando se trata de Hermandades (o cualquier otro tipo de entidad más o menos pública) supone un grave riesgo: cualquiera con su correo puede crear una cuenta de apariencia 100% oficial. Si tecleamos el nombre de algunas de nuestras Hermandades en las diferentes redes, no tardaremos en encontrar numerosas cuentas no oficiales dedicadas a las mismas (muchas de ellas dedicadas al uso fraudulento de imágenes, tema que trataremos en otra ocasión) y que conviven con una relativa calma con las cuentas oficiales.

 

Aunque no han sido los únicos (ni serán), este pasado fin de semana hemos vivido la creación de dos cuentas fakes que, en un primer vistazo, podían parecer oficiales: una en la Hermandad del Santo Entierro y otra en la Hermandad de la Quinta Angustia. Aunque en una ciudad como la nuestra, donde todos conocen a todos, no costó mucho trabajo desmontar a los usurpadores que habían dado algunas pistas que extrañaron hasta al menos entendido en estas materias (¿desde cuándo una Hermandad anunciaba su llegada a una red con un ¡Ya estamos en Twitter!?) y apenas 72 horas después no queda rastro de las citadas cuentas, el daño pudo ser real y grande.

 

La suplantación no es un fenómeno nuevo, el registro de marcas muy conocidas primero o de dominios web después debería habernos llevado a comprender que proteger la propia imagen corporativa es necesario en un mundo donde, con más o menos maldad, siempre hay “aventajados” que creen que si no existen esas marcas/webs/usuarios de redes, están en su legítimo derecho de crearlas. Queda más que demostrado que si tu no velas por tu imagen, otros vendrán a hacerlo por ti.

 

Sin entrar en todo el entramado legal que puede existir detrás (en el caso de las personas físicas está tipificado en el artículo 401 del Código Penal aunque para las personas jurídicas no encontramos figura similar porque una entidad no puede hacerse pasar por otra y, por el momento, los delitos penales por ilícitos en la red no están muy desarrollados), está claro que es una situación relativamente fácil de atajar por parte de las Hermandades. No sólo se trata de perseguir a aquellos que las creen llevando al resto de usuarios al equivoco, este debería ser el último paso a dar dentro de la protección a la imagen digital.

 

La primera medida que toda Hermandad debería tomar, quieran o no quieran tener presencia digital, es la creación de sus propios usuarios en las diferentes redes o, por lo menos, en las principales: Twitter, Facebook e Instagram.

 

Aunque podáis pensar que se trata de una contradicción, el hecho de crear el usuario y mantenerlo como privado, no es incompatible con no querer participar de las redes sociales. Se trata de protegerse frente a la intervención de terceros y, en las redes sociales, sin contenido no eres nadie, por tanto, nada impide crear las cuentas por seguridad para después dejarlas allí, latentes, para que, si algún día se cambia de idea y se decide iniciar la andadura digital, no haya sorpresas desagradables.

 

¿Y qué se puede hacer cuando otros han creado cuentas “oficiales” fraudulentas? Sin duda alguna, lo primero que debe hacer la Hermandad que se vea en esta situación es contactar con la citada cuenta y solicitar amistosamente el cese de la actividad lo cual implica el cierre de la cuenta y el cese en el uso del nombre y, en algunos casos, escudos u otras formas de identificación propiedad de la Hermandad. Otra medida importante es informar a través de los medios que considere oportuno, especialmente, comunicados a los principales medios cofrades de la situación para que todos los usuarios sepan que se trata de un perfil que nada tiene que ver con la Hermandad. Además, este comunicado nos puede ayudar para que los usuarios denuncien al perfil falso dentro de las diversas redes sociales (no olvidemos que una sola denuncia no llevará a la suspensión).

 

Por el momento parece ser que hablando se entiende la gente pero si se diera el caso de que esta persona continuara en su postura, lo más recomendable es, a la mayor brevedad posible, ponerlo en manos de los servicios jurídicos con los que acostumbre a trabajar la Hermandad para que estudie el caso e inicie las reclamaciones judiciales o extrajudiciales que se consideren oportunas (y que, por qué no, pueden llevar aparejada no sólo la petición de cese en la actividad de la cuenta falsa sino una posible indemnización por los daños que esto pueda haber causado a la Hermandad). Pero, de todas formas, más vale prevenir.

Beatriz Vélez

 

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