Actualidad Opinión

El Boom ya se ha acabado

Las hermandades ya se encuentran inmersas en una profunda crisis que pocos se atreven a nombrar en voz alta. Hay quienes intentan hacer como que no ocurre nada. Crisis significa cambio. Los signos de esta situación de ruptura o reforma -eso se verá con el tiempo- están ahí y son evidentes: el arzobispo de Sevilla ya ha advertido que las hermandades no son instrumentos para la acción social en exclusiva, en el Consejo se han echado las manos a la cabeza al constatar el alto porcentaje de devoluciones de abonos y más de una hermandad ha lanzado el SOS pidiendo ayuda a sus propios hermanos. Hermandades, como la Esperanza de Triana, han advertido un asunto peliagudo: sin procesiones, el número de bajas puede ser considerable, ante lo cual, han propuesto reducir el coste de las cuotas. Por último, los artesanos ya no saben a dónde acudir para que alguien haga algo.

Un análisis urgente y estrecho de la cuestión apunta en dos direcciones: la fragilidad de las economías de las hermandades, las cuales pasaron del mecenazgo a la subvención; y la falta de información/formación sobre el funcionamiento de las mismas. En su afán por mantenerse a los mandos, las juntas de gobiernos han creado a hermanos tontos, deslocalizados, con un sentido de pertenencia a la hermandad muy superficial. Recuerdo en cierta ocasión que un mayordomo me dijo: «lo mejor que nos ha pasado es el hermano capirotero: paga la cuota, no viene a nada, no se implica en nada, no molesta y sostiene económicamente a la hermandad». Si ese es el modelo de hermanos que las hermandades han fomentado, ahora que las pintan bastos, no pueden esperar que los hermanos vayan al rescate de nada. Tristemente, las hermandades y el Consejo están recibiendo lo que han dado: si tratan a los abonados como consumidores de un espectáculo, ¿de verdad creían que podían pedirles algo? Igual pasa en las hermandades: si la pertenencia a la hermandad solo es un mero requisito para poder participar de la estación de penitencia y ese vínculo no se alimenta, más allá que el de transferir una identidad superflua, ¿ahora quieren que los hermanos se impliquen en sostener la hermandad más allá de la obligación contraída?

Lo cierto es que la fragilidad de la economía de las hermandades reside en no haber generado ningún servicio o valor por el que merezca la pena pagar. Excepto el de las procesiones. Sin ellas, las hermandades ven sus ingresos absolutamente reducidos. Se hace necesario trabajar sobre la identidad, sobre el sentido de pertenencia como valor añadido. Eso se consigue trabajando sobre el hermano, haciendo que se sienta querido, integrado y mimado, recordándole que forma parte de una institución reconocida y fundamental dentro de la sociedad.

Ante la crisis que ya ha comenzado, las hermandades deberían actuar con inteligencia y aprender de otras organizaciones del tercer sector. Recomponerse desde dentro hacia afuera. ¿Qué quiere decir esto? Las hermandades deberían entrar en un profundo proceso de restructuración, que pasa por remodelar las juntas de gobierno, orientándolas hacia la gestión de personas y hacia la gestión de los recursos materiales. Hay que trabajar con las familias, hay que conocer a los hermanos, sus datos sociodemográficos -edad, lugar de residencia, nivel de estudios, intereses personales- y sus realidades socioeconómicas. El hermano debería ser la pieza clave para reorientar a la hermandad hacia nuevos horizontes.

Por otro lado, la gestión de recursos debería modernizarse y profesionalizarse. Hay que tener un plan de recursos económicos estables y un plan de inversiones con visión temporal. Los ingresos afectan a la vida de todas las hermandades: sin ellos, los cultos son deslucidos, la actividad se reduce y la acción social se verá limitada más pronto que tarde. Hasta ahora, las hermandades no han sabido transmitir el «ayúdanos a ayudar». Se repite con frecuencia lo mucho que hacen en sus entornos de proximidad, pero no existe una memoria detallada de qué se hace, cómo se hace y qué impacto tiene. Por otro lado, las hermandades deberían concurrir a convocatorias públicas de ayudas, como las del IRPF, y deberían crear una base sólida y extensa de voluntarios que, anclados en el amor a Cristo, salgan al encuentro de las periferias.

Es muy probable que todo esto caiga en saco roto. Las hermandades, hoy, a pesar de ser entidades religiosas, se han visto superadas por su realidad cívico-cultural. Procesiones y caridad. Sin lo primero, lo segundo desaparece lentamente. ¿Y qué quedará después? Nada. A las hermandades les urge recuperar su verdadera identidad: asociaciones religiosas, fraternidades de personas unidas por el amor a Dios y la ayuda mutua. Toca mirar hacia atrás para seguir hacia delante. Hermandades más pequeñas, pero más sólidas. El boom, definitivamente, ha terminado.

Foto de portada: COPE

Related posts

El Pajarito de San Pedro……¿Aguas de Triana, del Arenal o del Realejo?

Redacción El Foro Cofrade

Las 13 mentiras de la música cofrade

Jorge Quesada Borja

La razón de la Esperanza

Juan José García del Valle

2 Comentarios

Avatar
Pablo Guzmán 09/19/2020 at 19:36

Es cierto que el hermano es un bien Importante, quizás el segundo, sin embargo, además de pedirle “ayudar a ayudarnos”, el hermano debería de venir con el convencimiento de venir a “servir y no a servirse” y la Hermandad tiene la obligación de formar al hermano en este sentido, ya el Bien más importante de la Hermandad, es el Amor a Dios y al Prójimo

Respuesta
Avatar
Antonio López 09/20/2020 at 09:06

Magnifica reflexión. Describe lo que a día de hoy es una realidad palpable, aunque nadie reconoce nada ….. la culpa es siempre de otro. Pero la realidad es la que es. Durante muchos años la elección de los miembros de Juntas de Gobierno (en la mayoría de los casos, aunque haya excepciones), no se ha basado en criterios de capacidad precisamente. Y ese es uno de los motivos

Respuesta

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar leer más