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Espero que me perdonen

Decía Woody Allen en el guion de Café Society que la vida es una comedia escrita por un comediógrafo sádico. Viendo lo que llevamos de 2020 es así. Jamás pensaba que iba a pedir perdón porque me gusten los pasos y porque quiera una Semana Santa digna, en esta humilde columna de opinión, pero este año lo más surrealista se convierte en realidad.

Recuerdo como en los últimos años se ha intentado imponer diferentes corrientes de opinión sin mucha lógica, pues la Semana Santa es un todo, indivisible. Recuerdo aquellos años en los que se intentaba ridiculizar al folklore negroresumido en ese grupo de personas alrededor del paso de Madre de Dios de La Palma mientras se escuchaba a Tejera. Había más casos, claro, pero ese era quizá el más representativo. El alter ego, es decir, los pasos pegando cambios e izquierdos a sones de solos de corneta o trompeta también fueron criticados. También estuvieron los años que las hermandades que no salían a causa de la lluvia aunque no lloviera, recibían un premio, o algo así, a la hermandad del selecto club de los rancios, mientras que las hermandades que intentaban apurar por salir y arriesgaban eran tachadas de alegres, porque claro otro término sería muy feo. Al final aquel trienio lluvioso que tienen el honor de ser los años con menos pasos en la calle acabó con la tontería, tuvo que venir el Gran Poder a decir una frase tan cursi y propensa al meme como real, Sevilla necesita los pasos en la calle, se mojó un pelín y no pasó nada. Todavía quedaba otra pista más, hay exceso de procesiones extraordinarias. Afirmación que se puso de moda tanto que hasta la Macarena la compró y renunció a la salida que le correspondería este año porque no era serio, claro, lo serio era realizar unas novilladas en la Maestranza, cosa copiada luego por otros, porque sacar pasos a la calle cuesta dinero y con los toros lo ganas. Tuvo que llegar, de nuevo, el Gran Poder para inventarse una megaextraordinaria con destino a los barrios más pobres, para acabar con el debate. Un mal pensado diría que ya se vislumbraba lo que está saliendo abiertamente estos días a la palestra. Los pasos no son importantes, pueden esperar otro año más o los que hagan falta. Sin anestesia. Con el presidente del Consejo a la cabeza, no obstante, tranquilizaros, el pregón y el cartel no corren peligro, ni las copitas y las comilonas que llenarás su gaznate y el de otros visionarios, mientras todavía quede algo en las maltrechas arcas cofrades.

Foto de José Luis Montero
Foto de José Luis Montero (El Correo)

Y es que me sorprendió mucho la respuesta del señor presidente: es mejor esperar a 2022 que crear una cabalgata en 2021. Tremendo. Miren que yo tenía la idea que agolpar a casi 40. 000 personas en espacios minúsculos en la Carrera Oficial para ver pasar a nazarenos agolpados, en ocasiones hasta de tres en tres y cuatro en cuatro, pasos corriendo para cumplir horarios y sillas con menos visión que el que pensó que la mayoría de abonados donarían el dinero, todo retransmitido por la tele con imágenes producidas por el propio Consejo, era lo más parecido a un sanbódromo. También pensé cuando veía tantas vallas y calles aforadas que parecía más digno de una cabalgata que de procesiones de Semana Santa. Desde luego, el tema organizativo con guerras de egos, conflictos de unas hermandades con otras, incluso conflicto entre diferentes jornadas entre ellas, sin faltar el decretazo por una vez que se ponían todas de acuerdo de una jornada, ha sido hasta ahora más propio de alfombras rojas que de procesiones.  El hecho de permitir salir cualquier cosa a la calle rebajando los cánones de un nivel patrimonial importante no hacía pensar que el respeto hacía la imagen de nuestro Señor y su bendita Madre fuera lo más importante. Aplaudir la proliferación de cultos externos hasta límites insospechados parecía las cabalgatas de los Reyes Magos y luego la de los barrios, aquí tenemos el vía crucis del Consejo y luego cada uno el suyo. Y claro, se va rebajando el nivel hasta vender el pregón al que tenga más amigos en la alta sociedad sevillana, muy entrecomillado, aunque le tenga que escribir el pregón otra persona. Pero ahí tienes pregón y múltiples comilonas aseguradas junto a entrevistas mil.

Pero no amigos, eso no es hacer de la Semana Santa una cabalgata. Querer hacer de la Semana Mayor de nuestra ciudad una cabalgata es pensar que los representantes de ellas trabajen buscando posibilidades para no tener que quedarnos otro año sin la misma. Y nadie nos puede dar clases de moralidad con el contexto social en el que nos encontramos con una pandemia que parece no tener fin. Si miramos a la izquierda y a la derecha, de frente y para atrás, presenciamos desde manifestaciones sin sentido hasta botellonas diarias pasando por multitud de concentraciones más o menos necesarias como las que ocurren en transportes, playas, cines, toros, celebraciones, bares… El comportamiento de los cofrades está siendo bastante digno en ese sentido, al menos hasta el momento. Eso no quita que tengamos el derecho a no perder la esperanza en que si no ver pasos, si andas o algún tipo de actos que pudieran organizarse. Si está bastante claro que con vacuna o sin ella, con o sin milagro, las sillas no podrán reportar el dinero que ha dado hasta ahora ni mucho menos, no será posible tal magnitud de personas tan juntas. Quizá ese sea un motivo, no dinero no party. Quizá falte valentía para hacer una selección de pasos, organizar unos recorridos alternativos, lidiar con alguna hermandad que no pueda costear una salida procesional. Y claro, si uno se pone de perfil ante las instituciones, cuando es incapaz de exigir una investigación seria para los incidentes periódicos en la madrugada, y se conforma con la versión de que salen corriendo alrededor del paso de la Esperanza Macarena en Trajano, porque un tipo le ha dicho algo a la novia de otro en un bar de Arfe, se complica el tema de que te tengan por alguien serio para batallear por organizar en estos tiempos algo en Semana Santa, máxime cuando te entra el tembleque nada más pensar que te pueden decir algo por la concesión de las sillas. Mejor dejar en evidencia a los cofrades, a los que no cuesta nada dejar por tontos, mejor no se sale, que se vayan a ver las imágenes a los templos, claro, porque para el virus no es bueno tanta gente concentrada y pasando por lugares cerrados. Nada de jugar a los pasitos, cofrades. Pues perdonen, pero a mi me gustan los pasos, los buenos. Y pido que se pongan a trabajar en varios posibles escenarios para la próxima Semana Santa, luego, dentro de seis meses, cuando llegue el momento, ya se verá si se puede y que se puede. Mientras tanto, la Semana Santa del Youtube que la compre otro. Espero me perdonen porque me gusten los pasos y la Semana Santa, más incluso que el pregón, el cartel y el Martes Santo al derecho. 

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Un comentario

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Daniel Marín 09/18/2020 at 11:02

Este artículo es tremendamente oportuno. Podría resumirse en cinco razones por las que deben salir las cofradías: por su dimensión religiosa, porque los pasos en la calle acercan a Dios a los que están lejos de la Iglesia; por su dimensión social, porque la celebración de la Semana Santa y de las procesiones facilita la socialización en un ambiente festivo; por su dimensión cultural, porque la Semana Santa y las procesiones constituyen la continuidad de los ritos y la historicidad en el tiempo; por su dimensión económica, porque la Semana Santa y las procesiones favorecen la dinamización de la economía local y de los propios ingresos de las hermandades; y por su dimensión reproductiva, porque el principal vínculo de los cofrades con sus hermandades son las procesiones, y en la medida que éstas se diluyen, los cofrades tienden a desaparecer. Frente a la ortodoxia mal entendida, hay que poner un sí grande a los pasos en la calle. Quien no entienda esto es que no ha entendido el hecho de la religiosidad popular en nuestros días.

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