Actualidad Opinión

No hay ganas…

Por Miguel Castillo

Pasan los meses desde que nos vimos sumergidos en esto de la pandemia y sigue la preocupación, el desasosiego, la incertidumbre. Curvas, picos y repuntes forman parte ya de nuestro vocabulario cotidiano… pero la vida sigue: sigue el trabajo, sigue el deporte, sigue el colegio, siguen, mal que bien, los bares, siguen los comercios, sigue todo, porque como no siga nos vamos (más) a pique.

Y en medio de esto, la cosa cofrade, que es lo que nos atañe. Tras la que en la inmensa mayoría de casos fue peor Semana Santa de nuestras vidas, (algunos quisieron “aliviarnos” ya desde el mismo Lunes de Pascua diciendo desde sus webs y diarios que en 2021 tampoco), pasa el tiempo y empieza a otearse en el horizonte un nuevo tiempo de semana mayor y pascua.

Y ante ese horizonte, como todos sabemos, emerge una nueva perspectiva, un nuevo término, un nuevo concepto con el que familiarizarnos, como ya lo estamos con “nueva normalidad”, “distancia social” o, en su perverso contexto, “relajación ciudadana” (que por lo visto nos relajamos mucho todos y al final va a resultar que toda la culpa es nuestra y solo nuestra, para regocijo de algunos tuiteros): el “plan B” de la Semana Santa.

Las circunstancias son las que son, sería de Perogrullo ignorarlas o ahondar en su explicación, pero saltó la liebre, se produjo el chispazo, y llegó la noticia desde Málaga de que la Agrupación, que así se llama allí, se ponía a trabajar en eso de organizar una Semana Santa alternativa con una propuesta concreta. Hay ganas en Jerez también, como ha manifestado recientemente su presidente, que adelanta posibles escenarios y plazos para su aprobación, y en alguna otra parte. Lo que eran tuits, mensajes de Facebook, rumores en general, tomaron forma el domingo en Antequera en una reunión de trabajo, formal y presencial, donde los principales presidentes se pusieron manos a la obra. La opción que más se baraja, con toda su casuística, la salida en andas con el cuerpo de nazarenos.

Ante eso han surgido inmediatamente las reacciones desde distintos ámbitos: político, cofrade de a pie y cofrade oficial.

No se han hecho esperar los políticos, con argumentos de sobra conocidos: es muy bueno para el turismo, la hostelería… el interés puramente económico, en definitiva, que es por lo único que se mueven las cosas. Las cofradías saldrán o no, pero no van a hacerlo para reflotar turismo u hostelería como fin. Dejen los políticos de pregonarlo tanto y dejemos nosotros de utilizar ese argumento para justificarnos. Alguno está más guapo haciendo torrijas.

En el ámbito cofrade, tanto de a pie como oficial, tenemos que examinarnos a nosotros mismos. Somos en Sevilla de asaetearnos tópicos, sentencias, argumentos con carácter de ley universal que emanan de donde ya los lectores están imaginando, y ahora también desde los particulares en las redes. Estamos en la ciudad, trágica, barroca y obsesionada por la forma, donde el “las cosas en su tiempo” se convierte en ley, y el “los experimentos, con gaseosa” en ultima ratio. En resumidas cuentas, en el “Eso es así”, que con brillantez caricaturizaron, pero no tanto como parece, los compadres Rafi y Fali de Mundoficción. Argumentos tan válidos, por otra parte, como “pues eso no es así”.

Ya hace meses ante las posibles procesiones en septiembre saltaron los guardianes hispalenses al quite, como no podía ser de otro modo, pero, imposibles estas, ya va tocando mirar a otro sitio, y ahí me sorprendía (oh, alma cándida), el silencio del Consejo. Del silencio se pasó al “lo veo difícil”, “hasta que no haya vacuna o tratamiento”… en fin, qué les voy a contar. Lógico, por otra parte, aunque empezaba a pensar que, por la razón que fuera, parecía que no había ganas de pasos. Pero bueno, piensa uno que estando la cosa como está, habrá muchas percepciones y formas de sentir y afrontar este revés y, por otro lado, al que se expresa en esos términos se le espeta sin demora el “¡con la que está cayendo pensar en pasos!” desde los censores de las sevillanas maneras tanto en prensa como en redes.

Y he aquí que aparece de nuevo una nueva ultima ratio Hispalensis, que no deja de sorprender a uno. Aparece en las redes y en televisión o radio, en boca y teclado de cofrades no tan de a pie: pasamos del “Va a estar difícil” del Consejo y algunos cofrades al… ¡“Eso es jugar a los pasitos”! (¡En una Semana Santa en la que no habría pasos precisamente!). Desde luego, pocos argumentos más socorridos que este, que valen para una magna, una extraordinaria… y ahora para Semana Santa incluso, por lo que se ve.

¿Jugó a los pasitos la hermandad de Pasión en el 41? ¿O Santa Marta en el 76? ¿O la Vera+Cruz en 2012? Vean las fotos que ilustran esta opinión. Busquen el juego, el divertimento, la frivolidad… Seré obtuso, pero ni veo el debate aquí.

Y surge otra argumentación, tengamos cuidado con esa, cuya base es que si no hay pasos (pasos, como siempre, con costaleros), las imágenes están todo el año en la iglesia y basta. No tiremos piedras a nuestro tejado, que algún día podrá venir uno a decirnos que entonces tampoco hace falta salir a la calle y colapsar la ciudad si con las imágenes en la iglesia nos damos por satisfechos…mucho cuidado.

Aparece también la “gracia” (no siempre graciosa ni ocurrente) sevillana de etiquetar como “sambódromo” que se ponga aforo en la calle, que se coloquen vallas en buena parte de los recorridos. Imagino que al verlas se le irán los pies a los nazarenos… No merece ni comentario al respecto.

Escuchar al presidente del Consejo tampoco lleva al optimismo (ojo, sin pecar de ilusos, que tenemos los pies en el suelo). Por lo visto “queda mucho”, “habrá que estudiarlo” (imprescindible en el repertorio argumental del organismo desde hace años, da igual quien lo presida) y “preferible es no salir que hacerlo en cabalgata”… porque por lo visto, si no se va a la Catedral, la procesión se convierte automáticamente en eso, en cabalgata carnavalesca o navideña. El paso de nazarenos hacinados por una carrera oficial completamente anticuada, corriendo para cumplir horarios a veces ridículos, es más digno por lo que se ve. De acuerdo en que esto no es un espectáculo por el espectáculo, pero si no se puede ir a la Catedral, sospecho, es que no se podrá ir a ningún sitio, empecemos por ahí, y si en vez de la Catedral se busca otro punto, o se reza el viacrucis, o se hace simplemente pública protestación de fe, por un año no pasa nada, digo yo.

Pero, dejando de lado estos exabruptos, el problema principal, a mi juicio, está en los antecedentes organizativos de la celebración. El Consejo es un organismo imprescindible y debe ser modélico (escuchaba mientras estaba encerrado en marzo una tertulia malagueña que demandaba la existencia de una figura tan familiar para nosotros como es el delegado de día, por ejemplo, para que vean lo que es la perspectiva). Pero ese Consejo tiene que tirar del carro, tiene que dar un paso más al frente, olvidarse del “hay que estudiarlo”, como también muchas hermandades, ojo. Un Consejo con distintos componentes y hermandades que llevan años sin ser capaces de ponerse de acuerdo en dos calles y una hora para organizar una jornada es lo último que ahora se necesita. Con un Consejo y hermandades que llevan años dando largas a la Madrugá hasta rozar el esperpento, mareando y ridiculizando el Martes Santo (con la inestimable colaboración de cierto sector de la prensa), apurando un Domingo de Ramos en el que bastaría (ojalá que no) que el misterio de la Cena tuviese un contratiempo de cerca de una hora en la calle Francos para poner patas arriba la tarde, qué quieren que les diga, no soy muy optimista.

¿Cuál es entonces el problema del plan B? Que podría llegar a ser tremendamente complejo: tal vez habría que diseñar una carrera oficial distinta (sin tener que irse al Paseo Colón, no se vengan arriba los detractores) y regular el paso por la Catedral, coordinarse más que nunca con el CECOP para, por ejemplo, tener en cuenta una lista de calles vetadas por su estrechez o accesos (experiencia hay de sobra), fijar nuevos horarios, itinerarios y orden de paso, o incluso algún cambio de día… en resumidas cuentas, un trabajo de gran magnitud, un “currazo”, para que nos entendamos. Un trabajo que debería estar ya al menos esbozado, para que desde ya hubiese reuniones periódicas, pero oficiales (nada de barras de bar), de los delegados de día con sus hermanos mayores, presentación de propuestas, alternativas… Pero no es así. A día de hoy lo que hay, lo que tenemos es “queda mucho”, “hay que estudiarlo”, “no hay que hacer un sambódromo”, “no hay que jugar a los pasitos”, “los experimentos con gaseosa”… entre otras peregrinas excusas, que no razones.

Parece que había una situación de comodidad, de despreocupación, que se ha roto al ver que en otros lugares se ponen manos a la obra y por tanto se genera expectación. Después de eso, sólo queda echar balones fuera y dejar que pase el tiempo hasta que se pase del “quedan meses, hay que estudiarlo” al “es muy precipitadocon total naturalidad, que ya nos conocemos. Y así queda el panorama, que comparado con Málaga o Jerez deja al descubierto todas las costuras del engranaje semanasantero.

El “plan B” puede resultar heterodoxo, no gustar, no invitar a ver procesiones por desnaturalizado con respecto a la costumbre, y, por supuesto, puede no sostenerse por ser incontrolable el factor del público llegada la hora (los pies en el suelo, insisto), pero de ahí a atacarlo desde un peligroso y absurdo cóctel formado por desidia, balones fuera y sentencias que se creen ocurrentes media un abismo.

En resumidas cuentas, creo que las cofradías, si pueden y quieren, saldrán, ni más ni menos, porque tienen derecho a hacerlo (artículo 18 de la Solemne Declaración de Derechos Humanos y 16.1 de la Constitución) dentro de unas condiciones de seguridad y orden. Y punto. Si ello trae consigo un beneficio a otros sectores, como así sucede de hecho, bienvenido sea, pero no es esa su razón de ser. Y si no salen, que sea porque el problema de la concentración de público pueda resultar insalvable, pero nunca porque se impongan como razones de peso máximas ridículas sin fundamento que arrojan piedras sobre nuestro propio tejado.

Será lo que tenga que ser. Ojalá una Semana Santa como las de siempre, pero si no, tampoco se hundirá el mundo, ni Sevilla dejará de ser Sevilla porque un año se celebre de forma diferente. Llámenme loco, y ojalá me equivoque, pero, ataques gratuitos y vacíos de peso argumental al margen, al final va a ser verdad que no hay ganas… pero de trabajar.

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